Hada, portal de mis errores, floreces en la noche
fría calma y soledad, vacía como mi cama,
Surges fulminante, me agravias, insultas y golpeas.
Hada, eres el borrador de delirantes versos
que se perdieron en una noche de descuido
y no volverán a ser declamados por tu voz ardiente,
que musicaliza el contorno de tus húmedas pupilas
que descansan detrás de un jarrón de cerveza.
Hada, el mejor de mis poemas se perdió
peor que la juventud en el horror de las miserias bélicas.
La intimidad se desvanece implacable,
exageración de nuestros cuerpos entregados,
de aquella liberadora lujuria que desapareció
quizás queda una porción de culpa y deseo
suficiente para pedir otro whisky al mesero,
y soñar como adolescente que te penetro de nuevo
una y otra vez hasta que me pierdo en el tiempo
sumergiéndome en el dramático misterio
de trasmutar mi alma, rozar el amor
y escribir un verso bello.
sábado, febrero 28, 2009
viernes, febrero 20, 2009
El regreso de un aspirante a Rock Star
He sido un verdadero traidor, me alejé de muchas cosas que me gustaban, el motivo fue optar por un objetivo que creía que era superior, como el amor. Resultado, una elegante ruptura con platos voladores, insulto, lágrimas y recriminaciones. Además fui tentado por marcianos y la CIA disfrazada de PDI (policía de investigaciones de Chile) para unirme al miserable pero egocéntricamente atractivo mundo del facebook, pero como me salió una panza quemé todas mis fotos. Pero después de esa travesía he decidido volver.
Motivo… En el lugar donde trabajo no cuento con la simpatía de la mayoría, causado por mi comportamiento artístico (entiéndase sexo, drogas y rock and roll) y desconcertante. Por mi comentarios crípticos y una que otro punzante sarcasmo que ha sacado lágrimas en la mañosas niñitas de mamá. El cuestionamiento se transformó en parte de mi rutina y la llevaré con orgullo por este año.
Segundo realicé un viaje a la Patagonia argentina y chilena, que generaron ideas delirantes y que espero plasmar prontamente en una crónica de viajes a lo gonzo.
Tercero porque la soltería me sienta bien y no estaría mal conocer a unas chicas de treinta.
Cuarto tengo ganas de volver a molestar y a intentar revolver ciertos gallineros.
Quinto y último extrañaba este formato de comunicación. Espero reencontrar a viejos compañeros de rutas virtuales.
Así que la próxima semana comenzamos con el chamullo cronista del viejo y gastado Rob Carvallo.
Se despide un hastiado de predicar.
Motivo… En el lugar donde trabajo no cuento con la simpatía de la mayoría, causado por mi comportamiento artístico (entiéndase sexo, drogas y rock and roll) y desconcertante. Por mi comentarios crípticos y una que otro punzante sarcasmo que ha sacado lágrimas en la mañosas niñitas de mamá. El cuestionamiento se transformó en parte de mi rutina y la llevaré con orgullo por este año.
Segundo realicé un viaje a la Patagonia argentina y chilena, que generaron ideas delirantes y que espero plasmar prontamente en una crónica de viajes a lo gonzo.
Tercero porque la soltería me sienta bien y no estaría mal conocer a unas chicas de treinta.
Cuarto tengo ganas de volver a molestar y a intentar revolver ciertos gallineros.
Quinto y último extrañaba este formato de comunicación. Espero reencontrar a viejos compañeros de rutas virtuales.
Así que la próxima semana comenzamos con el chamullo cronista del viejo y gastado Rob Carvallo.
Se despide un hastiado de predicar.
viernes, agosto 01, 2008
Trasnoche- "El Hombre que amaba a las mujeres"

TRASNOCHE.
Su pieza estaba completamente desordenada, libros en el velador, arriba del televisor, a los costados de los parlantes del equipo de música y los infaltables suplementos del Mercurio del domingo desparramados en el suelo, junto a los calcetines sucios.
Alejandro descansaba sobre la cama sin hacer, observaba las noticias del canal público sin ponerle demasiada atención. A pesar que su situación se estaba volviendo insostenible, el no se consideraba un patán, sabía con certeza que esto era parte de la vida y que en estos momentos él no era un producto apetecido por el mercado laboral. Estaba preso y como buen reo debía cumplir su sentencia, para tales efectos, había desarrollado una rutina que cumplía fielmente durante toda la semana, en ella se contemplaban las siguientes actividades: salir a trotar después de cagarse de risa con los Simpsons, visitar el supermercado todas las veces posibles, leer especialmente textos de historia, pensar en su articulo sobre el movimiento obrero anarquista en Chile, ver películas, y sagradamente masturbarse al menos una vez por día.
A pesar que eran las nueve de la noche del domingo, él estaba resignado a la rutina que el día lunes le deparaba. Para cumplir los desafíos de la exigente jornada debía acostarse relativamente temprano. Una vez que sonara el reloj despertador, saltaría de la cama directo a la ducha, se asearía minuciosamente y se ensamblaría en su mejor traje, terminada esa ceremonia se sentiría seguros para salir a recorrer las calles en busca de empleo. Terminado el periplo de captación laboral, a eso del medio día y con los pies hechos polvos regresaría a casa para almorzar con su madre, leer el suplemento deportivo, ver alguna teleserie brasileña, mexicana, colombiana o venezolana, bueno, en realidad eso no le importaba demasiado porque las veía todas un poco, esos dramones solo eran la excusa para dejar transcurrir los minutos hasta que el reloj marcara las cuatro y media, pues a esa hora salía el pan caliente del supermercado. Cuando cogía el dinero de la cocina en dirección al “San Francisco”su rostro cambiaba, eran los momentos que más disfrutaba del día, y jornadas tras otra se preparaba para esa compra, en realidad le encantaba recorrer los pasillos pulcros y abarrotados de productos en busca de imágenes de guapas compradoras ocasionales, mujeres comunes y corrientes, de belleza cotidiana y alcanzable arrastrando sus vidas en un carro metálico. Él atesoraba esos paseos, pero el clímax lo alcanzaba cuando le correspondía cancelar su compra en la caja, Alejandro sacaba el billete de su bolsillo de manera descuidada como si en sus pantalones tuviera muchos de aquellos, al momento de entregarle el dinero le acariciaba suavemente su mano, esta triquiñuela no la realizaba con todas las cajeras sólo con sus favoritas.
Él tenía planificada la ruta para visitar los posibles puestos de trabajo reduciendo al mínimo la perdida de tiempo y optimizando al máximo los recursos para pasajes. Fue a buscar unas tostadas con té y se sentó a la orilla de la cama, mientras veía el FutGol, en esos momentos suena el teléfono, él sintió un suave temor, tomó el auricular y contestó:
- ¿Aló quién es?
- Hola hueón soy el Santiago.
- ¿Que huea pasó?, Me mandé alguna cagada ayer cuando fuimos a la casa de tu novia - preguntó Alejandro- asustado por alguna culpa que desconocía.
- no hueón, vos las cagadas te las mandáis siempre, pero ayer no fue así.
- ¿y que hueá pasó?
- Es que ahora van a dar una película increíble en el 13, “el hombre que amaba a las Mujeres”, esa que te había contado hace un tiempo cuando estábamos tomando en la Casa Rodante con El Negro.
Él tenía comentarios superiores de esa película, sabía que si la dejaba pasar tal vez nunca más la vería. Además no sería la primera vez que asistiría trasnochado a buscar pega.
Cuando comenzaron los créditos, Alejandro se percató que la película estaba dirigida por Francois Truffaut. Solamente había leído comentarios de ese cineasta y de los maravillosos filmes que había rodado en su carrera, como “Los cuatrocientos golpes”. Eran pasadas las dos de la madrugada, el televisor prendido y ahí estaba él observando como un hombre amaba a las mujeres y las dejaba compulsivamente hasta el momento de su muerte. Pero el hombre a pesar de sus tintes machistas no fue tan malo, en el fondo ese cara dura veía la vida como un gran poema, y todas las mujeres querían ser un verso de algo bello, eso queda demostrado por el sequito de amantes agradecidas, dolidas, afligidas, apesadumbradas, y entristecidas que asistieron al cementerio a depositar su cuerpo en la tierra viva.
A pesar que él protagonista de la película estaba obsesionado con las mujeres y justificaba sus momentáneas posesiones carnales con argumentos inverosímiles pero llenos de candor y encanto, pues dentro de sus excusas el sólo complacía esa necesidad femenina del goce y el dolor. Alejandro pensaba distinto, él creía que las mujeres eran como un océano, incomprensible, a veces benévolas y otras furiosas como una tempestad y dentro de ese orden los hombres éramos embarcaciones que flotábamos en ese gran devenir de sentimientos.
En esos momentos Alejandro quiso ser como ese excéntrico casanova de cara tosca y llena de cicatrices. Soñó en la posibilidad de amar a todas sus cajeras y no conformarse con tocarle delicadamente la mano cuando estas le entregaban el vuelto. Y pensó que en la mujer estaba su salvación, que sólo ellas lo podían redimir. Pero la ilusión le duró poco, pues inevitablemente la historia de su última ruptura lo golpeaba con el cemento de la realidad. Él estaba dispuesto a tener encuentros ocasionales, pero una relación en estas condiciones no, sin dinero otra vez no.
El filme había cumplido tal como se lo había comentado su amigo. Alejandro había logrado escapar de su rutina, pensó en su pasado, se cuestionó su futuro, en él nacieron nuevas dudas que lo revitalizaron, se sintió con energías, pensó en fumarse un cigarrillo, pero eso lo desvelaría, así que se recluyó en el baño y reflexionó en como transformarse en “un hombre que amaba a las mujeres”.
Su pieza estaba completamente desordenada, libros en el velador, arriba del televisor, a los costados de los parlantes del equipo de música y los infaltables suplementos del Mercurio del domingo desparramados en el suelo, junto a los calcetines sucios.
Alejandro descansaba sobre la cama sin hacer, observaba las noticias del canal público sin ponerle demasiada atención. A pesar que su situación se estaba volviendo insostenible, el no se consideraba un patán, sabía con certeza que esto era parte de la vida y que en estos momentos él no era un producto apetecido por el mercado laboral. Estaba preso y como buen reo debía cumplir su sentencia, para tales efectos, había desarrollado una rutina que cumplía fielmente durante toda la semana, en ella se contemplaban las siguientes actividades: salir a trotar después de cagarse de risa con los Simpsons, visitar el supermercado todas las veces posibles, leer especialmente textos de historia, pensar en su articulo sobre el movimiento obrero anarquista en Chile, ver películas, y sagradamente masturbarse al menos una vez por día.
A pesar que eran las nueve de la noche del domingo, él estaba resignado a la rutina que el día lunes le deparaba. Para cumplir los desafíos de la exigente jornada debía acostarse relativamente temprano. Una vez que sonara el reloj despertador, saltaría de la cama directo a la ducha, se asearía minuciosamente y se ensamblaría en su mejor traje, terminada esa ceremonia se sentiría seguros para salir a recorrer las calles en busca de empleo. Terminado el periplo de captación laboral, a eso del medio día y con los pies hechos polvos regresaría a casa para almorzar con su madre, leer el suplemento deportivo, ver alguna teleserie brasileña, mexicana, colombiana o venezolana, bueno, en realidad eso no le importaba demasiado porque las veía todas un poco, esos dramones solo eran la excusa para dejar transcurrir los minutos hasta que el reloj marcara las cuatro y media, pues a esa hora salía el pan caliente del supermercado. Cuando cogía el dinero de la cocina en dirección al “San Francisco”su rostro cambiaba, eran los momentos que más disfrutaba del día, y jornadas tras otra se preparaba para esa compra, en realidad le encantaba recorrer los pasillos pulcros y abarrotados de productos en busca de imágenes de guapas compradoras ocasionales, mujeres comunes y corrientes, de belleza cotidiana y alcanzable arrastrando sus vidas en un carro metálico. Él atesoraba esos paseos, pero el clímax lo alcanzaba cuando le correspondía cancelar su compra en la caja, Alejandro sacaba el billete de su bolsillo de manera descuidada como si en sus pantalones tuviera muchos de aquellos, al momento de entregarle el dinero le acariciaba suavemente su mano, esta triquiñuela no la realizaba con todas las cajeras sólo con sus favoritas.
Él tenía planificada la ruta para visitar los posibles puestos de trabajo reduciendo al mínimo la perdida de tiempo y optimizando al máximo los recursos para pasajes. Fue a buscar unas tostadas con té y se sentó a la orilla de la cama, mientras veía el FutGol, en esos momentos suena el teléfono, él sintió un suave temor, tomó el auricular y contestó:
- ¿Aló quién es?
- Hola hueón soy el Santiago.
- ¿Que huea pasó?, Me mandé alguna cagada ayer cuando fuimos a la casa de tu novia - preguntó Alejandro- asustado por alguna culpa que desconocía.
- no hueón, vos las cagadas te las mandáis siempre, pero ayer no fue así.
- ¿y que hueá pasó?
- Es que ahora van a dar una película increíble en el 13, “el hombre que amaba a las Mujeres”, esa que te había contado hace un tiempo cuando estábamos tomando en la Casa Rodante con El Negro.
Él tenía comentarios superiores de esa película, sabía que si la dejaba pasar tal vez nunca más la vería. Además no sería la primera vez que asistiría trasnochado a buscar pega.
Cuando comenzaron los créditos, Alejandro se percató que la película estaba dirigida por Francois Truffaut. Solamente había leído comentarios de ese cineasta y de los maravillosos filmes que había rodado en su carrera, como “Los cuatrocientos golpes”. Eran pasadas las dos de la madrugada, el televisor prendido y ahí estaba él observando como un hombre amaba a las mujeres y las dejaba compulsivamente hasta el momento de su muerte. Pero el hombre a pesar de sus tintes machistas no fue tan malo, en el fondo ese cara dura veía la vida como un gran poema, y todas las mujeres querían ser un verso de algo bello, eso queda demostrado por el sequito de amantes agradecidas, dolidas, afligidas, apesadumbradas, y entristecidas que asistieron al cementerio a depositar su cuerpo en la tierra viva.
A pesar que él protagonista de la película estaba obsesionado con las mujeres y justificaba sus momentáneas posesiones carnales con argumentos inverosímiles pero llenos de candor y encanto, pues dentro de sus excusas el sólo complacía esa necesidad femenina del goce y el dolor. Alejandro pensaba distinto, él creía que las mujeres eran como un océano, incomprensible, a veces benévolas y otras furiosas como una tempestad y dentro de ese orden los hombres éramos embarcaciones que flotábamos en ese gran devenir de sentimientos.
En esos momentos Alejandro quiso ser como ese excéntrico casanova de cara tosca y llena de cicatrices. Soñó en la posibilidad de amar a todas sus cajeras y no conformarse con tocarle delicadamente la mano cuando estas le entregaban el vuelto. Y pensó que en la mujer estaba su salvación, que sólo ellas lo podían redimir. Pero la ilusión le duró poco, pues inevitablemente la historia de su última ruptura lo golpeaba con el cemento de la realidad. Él estaba dispuesto a tener encuentros ocasionales, pero una relación en estas condiciones no, sin dinero otra vez no.
El filme había cumplido tal como se lo había comentado su amigo. Alejandro había logrado escapar de su rutina, pensó en su pasado, se cuestionó su futuro, en él nacieron nuevas dudas que lo revitalizaron, se sintió con energías, pensó en fumarse un cigarrillo, pero eso lo desvelaría, así que se recluyó en el baño y reflexionó en como transformarse en “un hombre que amaba a las mujeres”.
jueves, junio 26, 2008
Genio
Fotografia: http://www.ojodigital.com/foro/showthread.php?t=92455La siempre sonriente profesora Susana desgastaba su voz tratando de explicar la fonética de las letras "T" y "P".
-Ya Niño repitan conmigo… “Tito ama a Pepa”- decía la atractiva y juvenil profesora mientras señalaba la oración con la punta de su dedo índice.
- “Tito ama a Pepa”- repetían a coro los niños de Primero básico A.
La profesora seguía gritando cuando sintió un asqueroso y nauseabundo olor a pedo en la sala de clases.
- Niños la sala esta hedionda a Pedo, si tienen ganas de hacer “popo” deben avisarme- dijo la profesora.
- Tía Susana no son peos son ringtones – dijo Jaime Palma mientras levantaba la mano.
El primero básico A se reía estruendosamente mientras la profesora pensaba que talvez Jaime no sería un delincuente sino un genio.
-Ya Niño repitan conmigo… “Tito ama a Pepa”- decía la atractiva y juvenil profesora mientras señalaba la oración con la punta de su dedo índice.
- “Tito ama a Pepa”- repetían a coro los niños de Primero básico A.
La profesora seguía gritando cuando sintió un asqueroso y nauseabundo olor a pedo en la sala de clases.
- Niños la sala esta hedionda a Pedo, si tienen ganas de hacer “popo” deben avisarme- dijo la profesora.
- Tía Susana no son peos son ringtones – dijo Jaime Palma mientras levantaba la mano.
El primero básico A se reía estruendosamente mientras la profesora pensaba que talvez Jaime no sería un delincuente sino un genio.
viernes, mayo 30, 2008
Gracias a Dios

En El Colegio “Fraile Andrés” un joven profesor de historia expone apasionadamente sobre la Edad Media.
La iglesia asumió un rol unificador en la sociedad europea durante el medioevo, pero la realidad de la sociedad medieval era muy heterogénea y diversa, por ejemplo el paganismo tenía una fuerza que permanecía arraigada en los sectores rurales, pero que se presentaba de manera marginal frente al poder de la iglesia.
Un sector considerable del tercero “a” humanista escuchaba con atención y el resto trataba de soportar su hastío.
Es por esta razón jóvenes que muchos consideran que la Edad Media fue una época oscura, situación que es graciosa pues el bajo clero fue un factor fundamental para rescatar la herencia de la cultura clásica, que después dio origen al renacimiento y al humanismo.
- ¿Jóvenes hay alguna pregunta? ¿Algo que no haya quedado claro?- preguntó el profesor esperando que algún estudiante saliera de la apatía, del miedo y el aburrimiento.
Esteban Riquelme salió de su autismo forzado y levantó su cara ovalada y grasienta como un profiláctico inflado dejando al descubierto su pelo ondulado apelmazado producto de una media hora de alisador mañanero, levantó su mano con desgano y cuando se aprestaba a preguntar, el profesor lo interrumpió.
-Esteban no hay permiso para ir al baño.
El alumno bajó su mano, y pasó sus dedos por su pelo de virutilla aplastada, mientras todos sus compañeros se reían.
- Jóvenes quiero preguntas de verdad.
La iglesia asumió un rol unificador en la sociedad europea durante el medioevo, pero la realidad de la sociedad medieval era muy heterogénea y diversa, por ejemplo el paganismo tenía una fuerza que permanecía arraigada en los sectores rurales, pero que se presentaba de manera marginal frente al poder de la iglesia.
Un sector considerable del tercero “a” humanista escuchaba con atención y el resto trataba de soportar su hastío.
Es por esta razón jóvenes que muchos consideran que la Edad Media fue una época oscura, situación que es graciosa pues el bajo clero fue un factor fundamental para rescatar la herencia de la cultura clásica, que después dio origen al renacimiento y al humanismo.
- ¿Jóvenes hay alguna pregunta? ¿Algo que no haya quedado claro?- preguntó el profesor esperando que algún estudiante saliera de la apatía, del miedo y el aburrimiento.
Esteban Riquelme salió de su autismo forzado y levantó su cara ovalada y grasienta como un profiláctico inflado dejando al descubierto su pelo ondulado apelmazado producto de una media hora de alisador mañanero, levantó su mano con desgano y cuando se aprestaba a preguntar, el profesor lo interrumpió.
-Esteban no hay permiso para ir al baño.
El alumno bajó su mano, y pasó sus dedos por su pelo de virutilla aplastada, mientras todos sus compañeros se reían.
- Jóvenes quiero preguntas de verdad.
- Profesor usted habló bastante de la iglesia y su papel durante esa época… pero en ese periodo la iglesia era bien turbia- Dijo entusiasmada Juanita Cordova.
- Era una institución de poder y cometió errores, pero eso no le quita importancia y valor a las actividades sociales que hoy realiza.
- ¿profesor usted cree en Dios?
Después de dos segundos de silencio el profesor levantó la voz y con una actitud autoritaria y enérgica contestó.
-¿Cómo se le ocurre preguntarme eso?.. Acaso no sabe que gracia a dios me pagan el sueldo.
Algunos estudiantes rieron a destajo otros solo se quedaron en silencio.
sábado, mayo 03, 2008
Maldito Celular

Roberto estaba frente al espejo preguntándose como estaba tan ebrio, veía en el cristal su rostro castigado por la falta de sueño, y por la desesperación de no tener nada de lo que anhelaba. Sentía que todo los que deseaba lo había mandado al carajo, su rabia nacía por que Roberto sabía que su suerte estuvo ahí para tomarla y no dejarla escapar, pero para variar lo había estropeado.
Su pecho se contrajo en un ahogo, le faltaba el aire, apoyó su brazo sobre el lavamanos y escupió en el orificio del conducto de la cañería. De pronto un flash en su pecho le acordó que se iba a morir algún anónimo y fantasmal día, que nada en la vida era eterno y experimentó el pavor de la fragilidad, la angustia del tiempo cayó castradoramente sobre sus hombros y quiso rebelarse como lo hacen los condenados a muerte. Gritó. Estrelló su cabeza sobre el espejo trizando su imagen. La sangre empezó a caer a borbotones desde su ceja y parietal derecho. Los vidrios cayeron y el lavamanos se tiñó de rojo. Roberto se sintió mejor. Veía todo más claro a pesar de la sangre en su cara. Tenía las respuestas. Sabía lo que iba a realizar era arriesgado pero ya no tenía miedo. Tomó su teléfono celular y marcó su número. Tenía claro que iba a molestar a Camila, pero nada de eso le importó, su verdad estaba primero.
- Alo Camila.
- Que pasó Roberto son las dos de la mañana tengo que trabajar-dijo soñolienta
- Yo también.
-¿Estuviste tomando? Dijo Camila enojada
-Un poco… pero estoy bien-contestó Roberto lo más seguro que podía.
- ¿Qué quieres? Si nosotros ya terminamos.
- Es que descubrir una verdad… y debes saber.
-dime que tengo que dormir- dijo marcialmente
- Camila Te amo. No Tengo miedo, ya no más.
Su pecho se contrajo en un ahogo, le faltaba el aire, apoyó su brazo sobre el lavamanos y escupió en el orificio del conducto de la cañería. De pronto un flash en su pecho le acordó que se iba a morir algún anónimo y fantasmal día, que nada en la vida era eterno y experimentó el pavor de la fragilidad, la angustia del tiempo cayó castradoramente sobre sus hombros y quiso rebelarse como lo hacen los condenados a muerte. Gritó. Estrelló su cabeza sobre el espejo trizando su imagen. La sangre empezó a caer a borbotones desde su ceja y parietal derecho. Los vidrios cayeron y el lavamanos se tiñó de rojo. Roberto se sintió mejor. Veía todo más claro a pesar de la sangre en su cara. Tenía las respuestas. Sabía lo que iba a realizar era arriesgado pero ya no tenía miedo. Tomó su teléfono celular y marcó su número. Tenía claro que iba a molestar a Camila, pero nada de eso le importó, su verdad estaba primero.
- Alo Camila.
- Que pasó Roberto son las dos de la mañana tengo que trabajar-dijo soñolienta
- Yo también.
-¿Estuviste tomando? Dijo Camila enojada
-Un poco… pero estoy bien-contestó Roberto lo más seguro que podía.
- ¿Qué quieres? Si nosotros ya terminamos.
- Es que descubrir una verdad… y debes saber.
-dime que tengo que dormir- dijo marcialmente
- Camila Te amo. No Tengo miedo, ya no más.
jueves, abril 10, 2008
Carcacha devil rock and roll (Parte V y Final)

Es extraño para unos citadinos como nosotros ver una plazoleta a pocos metros de la cima de un cerro, con unos minúsculos jardines, angostos caminitos de maicillo, bancas de piedras color cal, postes de luz en las cuatros esquinas. Mis tres compañeros encendieron un cigarrillo y nos sentamos a beber lo que nos quedaba de copete, por mas que intentamos mantener el silencio nuestras voces viajan por el aire con estrepitosa armonía. Paletón despotrica por el cansancio, tenia razón, llevamos más de una hora cuesta arriba, pero igual el Santos lo recriminó por pajero. Sopla un viento frío que estremece, beber un sorbo de licor resulta un verdadero alivio, sin importar cuantos tiritones provoque en tu espalda.
¡Aparece de repente!.
Atravesando una cerca de madera color celeste. Un fantasma o un hombre, no podría decirlo, me da la impresión que es enorme, de aproximadamente un metro noventa de estatura. El fantasmagórico hombre nos queda mirando, pareciera que nos quisiera decir algo, pero su rictus permanece inmóvil, a la distancia observamos como prende un cigarrillo, el humo amarillo lo cubre con un velo de misteriosa maldad, nada bueno puede generar ese hombre. Camina hacia nosotros, silencio sepulcral, el hombre fantasma se detiene frente a un viejo camión Ford, que se encuentra estacionado a unos cuatro metros, cierra sus puertas y desaparece.
- ¡Cacharon huones! –dijo el Chamo.
-¡Era el diablo, hueón el cachu’o en persona, el mandinga!- exclamo Santos emocionado por la visión.
- ¿Seguro?- contesta el Chamo con inseguridad.
- No viste el azufre que expelió su cuerpo- dije ironicamente.
- Era puro humo hueón, - se defiende el Chamo.
El Chamo parece tenso, se empina la botella, fueron segundos de nerviosismo, la incredulidad se manifiesta en las constantes risotadas y en nuestros gestos absurdos. Paletón prende un cigarrillo y reparte el último que queda en la caja. No Podía dar créditos a los dichos del Santos, a pesar de la desconcertante presencia de aquel hombre, está lejos de ser el innombrable, ¿podía ser sólo un hombre con pacto con el diablo? ¿O un brujo negro?, ¡pero el diablo! ¡No!, no creo.
- ¿hay que hacer algo?- dijo el Santos.
- Si hueón, hay que combatir el mal, ¡robémosle el camión! ¡y volvamos pronto a casa!-. dije sarcásticamente.
- ¡si! siempre hemos sido de los buenos- comenta el Chamo.
- ¡para tomar¡- aclara Paletón entre carcajadas.
- ¡Chamo, mierda¡ anda a ver si el camión está con seguro- dice el Santos.
El Chamo avanza, sus pasos temerosos son lentos como los de un perro asustado, el Chamo revisa los cuatro costados del camión, trata de abrir una puerta, pero están con seguro, se agacha y examina las ruedas, vuelve hacia nosotros visiblemente agitado. Respirando firme y pausado nos informa que el camión tiene unos topes en los neumáticos delanteros y la ventana del conductor está abierta.
-Hay que hacerlo, robémoslo- dijo el Santos. ¡Ya¡ exclama decididamente Paletón.
Partieron los tres, parecen gatos acechando la carnicería del guatón Carlos. Camina detrás de ellos y me siento a tres metros delante del Ford, desde ahí observo como esos pendejos intentan vengarse del diablo, ¡es imposible hacer partir esa carcacha con ruedas!, termino con la botella y la quiebro al medio de la calle, pensé que con ese estallido mis amigos se asustaran y escaparan, pero no es así, se mantienen firmes. El Santos de improviso se encarama sobre la ventana del camión, la parte inferior de su cuerpo se mueve como cola de pez. Santos entra al camión, toma el volante, están a segundos que el viejo Ford inicie el viaje, abre las puertas, trata de darle contacto, no funciona, suelta el freno de mano y grita, - ¡Chamo saca las piedras y súbete¡-, ¡las saque hace rato! -grita el Chamo. Las ruedas comienzan a girar lentamente, el Chamo se sube, extasiado grita, ¡súbanse huevones¡ ,!súbanse¡, Paletón se queda paralizado, un huracán golpea mis instintos, comienzo a correr, estoy a la par de la cabina, me van a adelantar, no voy aceptar que me dejen abajo, me afirmo del pick–up, pego un salto, ¡estoy arriba,! !Lo logré¡, mi corazón se agita, una milésima de segundo después el Ford hace un giro brusco, y mi cuerpo sale disparado a una orilla, caí, me doy una vuela en el suelo, quedo un poco mareado, pero sigo corriendo, escucho como Paletón pega un alarido, ¡corre, hueón, corre¡, me sobrepasa velozmente, el sonido de las latas retumba como bombas, desde las sombras de una casa, alguna vieja nos grita.
-¡QUE ESTÁN HACIENDO CABROS DE MIERDA¡.
-¡VOY A LLAMAR A LOS CARABINEROS CHIQUILLOS DE PORQUERÍA!.
Apuro el tranco, las zancadas de mí carrera son largas, floto en la luna como un astronauta, mi vista rebota contra el suelo, voy a caer, me concentro en mi equilibrio, sigo tras los gemidos del viejo Ford, la carcacha del demonio parece estar asqueada por nuestra acciones y vomita el capo, este sale disparado hacia el Pedro, pasa solo a unos metros de nuestras cabezas, el destartalado vehículo va de un lado a otro de la calle, finteando las viviendas y los postes del alumbrado, doscientos metros más abajo el Ford descansa al lado del camino, el camión esta hecho mierda, sus ruedas apuntan al mar, no se ve nadie, me siento mal, espero lo peor, sigo corriendo y no logro llegar, la adrenalina esta a punto de reventarme el corazón, mi cabeza sangra, tengo las manos astilladas por el roce del maicillo, los muchachos comienzan a salir entre los hierros del vehículo, por suerte están bien. Paletón parado en medio de la calle aplaude, y Grita, ¡espectacular, se pasaron par de hueones! .Los pilotos se miran y brindan una reverencia. Descanso tres segundo, hay que escapar, pero antes nos abrasamos y reímos, dejamos la escena del delito, pronto llegarían los Pacos, ellos no entenderían los actos de la justicia divina, nos internamos en le bosque de Pinomar, al bajar por el costado de la calle principal introduzco uno de mis pies en una acequia llena de agua, mojando mis pantalones hasta las rodillas, mi aspecto es atroz, siento angustia y pienso que debo escapar sólo, pierdo a mis amigos en los eucaliptos, escucho sus voces, escondo mi sangre con la capucha de mi polerón negro, cruzo por el bosque, camino dos calles al norte y bajo el cerro caminando con las manos en los bolsillos, llego al mirador, desde ahí observo el parque de diversiones, espero unos minutos, mis compañeros no aparecen, las patrullas policiales se dirigen al lugar del suceso, cruzo la calle, camino por el centro del Quisco, paso frente a la comisaría, me siento a esperar micro en el paradero que esta al frente del cuartel policial, no observo ningún procedimiento fuera de lo normal, tomo un colectivo, saco un billete de mil pesos y se lo paso al chofer, me percato que lo había manchado con sangre, me pongo nervioso por dejar una ínfima pista en el camino, el conductor guarda los mil pesos en un compartimiento del auto, mi calma vuelve, el billete se esfumó en el anonimato del dinero, me bajo del colectivo y me dirijo hacia la casa, pero no ha llegado nadie, me siento en el umbral de la puerta a esperar.
Mi torpe escape resultó mejor de lo que pensé, pero no todo era perfecto, faltan mis amigos, miles de pensamientos bombardean mi mente, doy vueltas en círculo, impaciente pateo piedras, busco consuelo en vagos arrebatos de optimismo, ¿qué será de mis jinetes de la Apocalipsis de los expendios de alcohol?, el infierno quema, es verdad. Tres siluetas despegan desde las sombras de un camino, siento un alivio en mis golpeados huesos. El Santos se adelanta sobre los demás, y despacha un fulminante derechazo a mi pómulo izquierdo.
-¿Por qué me pegaste hueón?, ¡Estoy para la cagada y vos me pegai un cornete!
-No te parece poco el susto que nos hiciste pasar-. Incrimino el Santis.
-y ustedes tropas de hueones-me defiendo alterado.
-¿por qué escapaste sölo?
-me pareció lo mejor.
Sus motivos no me parecían suficientes, de todos modos para no quedarme despacho un fuerte derechazo al mentón del Santos. Paletón y el Chamo se abalanzan sobre nosotros para evitar una pelea, con ello gastamos las ultimas cuotas de adrenalina, todo vuelve a la calma, Santos me ofrece sus disculpas y acepto, nuestros rostros pedían a gritos unas cervezas, dentro de la casa decidimos tomarnos una sopa en sobre, mientras la preparan voy al baño a darme una ducha, el agua está helada, mi cuerpo tirita, con el espejo del baño reviso las heridas de mi cabeza, descubro mis cicatrices.
La sopa expele un rico aroma a orégano y espárragos, nos sentamos a la mesa, discutimos las jugadas polémicas y reímos. El Santos y el Chamo nos cuenta su odisea.
Roberto no sabes la veces que estuvimos a punto de chocar contra una casa, ¡ahí sí que queda la cagada!. Solté el freno de mano y el camión agarró una velocidad espectacular, la carcacha saltaba como si nos quisiera expulsar de su interior, mi cráneo quedó hecho mierda tanto rebotar con el techo, en una oportunidad se salió el capo y una macha de petróleo nos tapo la visión, no veíamos nada, así que decidí tirar el camión a una orilla del camino. Chamo y Santos puedo preguntarles algo, -si por supuesto-. ¿Tuvieron miedo? ¿Pensaron que podían morir?, -no, para nada- respondieron secamente. Ensuciamos nuevamente los platos, nadie los quiso lavar.
Ya en la cama, pienso si el peso de la impunidad existe, la angustia de la culpa atravesó fugazmente por mi cabeza, esta se desvaneció en el recuerdo de las victimas.
La noche terminó, la mesa está sucia, una bolsa seca de Té descansa al costado del basurero, los fósforos y las cenizas adornan la mesa, cierro los ojos, ¡ya es un nuevo día!, no queda otra que dormir y pensar que vamos hacer mañana.
¡Aparece de repente!.
Atravesando una cerca de madera color celeste. Un fantasma o un hombre, no podría decirlo, me da la impresión que es enorme, de aproximadamente un metro noventa de estatura. El fantasmagórico hombre nos queda mirando, pareciera que nos quisiera decir algo, pero su rictus permanece inmóvil, a la distancia observamos como prende un cigarrillo, el humo amarillo lo cubre con un velo de misteriosa maldad, nada bueno puede generar ese hombre. Camina hacia nosotros, silencio sepulcral, el hombre fantasma se detiene frente a un viejo camión Ford, que se encuentra estacionado a unos cuatro metros, cierra sus puertas y desaparece.
- ¡Cacharon huones! –dijo el Chamo.
-¡Era el diablo, hueón el cachu’o en persona, el mandinga!- exclamo Santos emocionado por la visión.
- ¿Seguro?- contesta el Chamo con inseguridad.
- No viste el azufre que expelió su cuerpo- dije ironicamente.
- Era puro humo hueón, - se defiende el Chamo.
El Chamo parece tenso, se empina la botella, fueron segundos de nerviosismo, la incredulidad se manifiesta en las constantes risotadas y en nuestros gestos absurdos. Paletón prende un cigarrillo y reparte el último que queda en la caja. No Podía dar créditos a los dichos del Santos, a pesar de la desconcertante presencia de aquel hombre, está lejos de ser el innombrable, ¿podía ser sólo un hombre con pacto con el diablo? ¿O un brujo negro?, ¡pero el diablo! ¡No!, no creo.
- ¿hay que hacer algo?- dijo el Santos.
- Si hueón, hay que combatir el mal, ¡robémosle el camión! ¡y volvamos pronto a casa!-. dije sarcásticamente.
- ¡si! siempre hemos sido de los buenos- comenta el Chamo.
- ¡para tomar¡- aclara Paletón entre carcajadas.
- ¡Chamo, mierda¡ anda a ver si el camión está con seguro- dice el Santos.
El Chamo avanza, sus pasos temerosos son lentos como los de un perro asustado, el Chamo revisa los cuatro costados del camión, trata de abrir una puerta, pero están con seguro, se agacha y examina las ruedas, vuelve hacia nosotros visiblemente agitado. Respirando firme y pausado nos informa que el camión tiene unos topes en los neumáticos delanteros y la ventana del conductor está abierta.
-Hay que hacerlo, robémoslo- dijo el Santos. ¡Ya¡ exclama decididamente Paletón.
Partieron los tres, parecen gatos acechando la carnicería del guatón Carlos. Camina detrás de ellos y me siento a tres metros delante del Ford, desde ahí observo como esos pendejos intentan vengarse del diablo, ¡es imposible hacer partir esa carcacha con ruedas!, termino con la botella y la quiebro al medio de la calle, pensé que con ese estallido mis amigos se asustaran y escaparan, pero no es así, se mantienen firmes. El Santos de improviso se encarama sobre la ventana del camión, la parte inferior de su cuerpo se mueve como cola de pez. Santos entra al camión, toma el volante, están a segundos que el viejo Ford inicie el viaje, abre las puertas, trata de darle contacto, no funciona, suelta el freno de mano y grita, - ¡Chamo saca las piedras y súbete¡-, ¡las saque hace rato! -grita el Chamo. Las ruedas comienzan a girar lentamente, el Chamo se sube, extasiado grita, ¡súbanse huevones¡ ,!súbanse¡, Paletón se queda paralizado, un huracán golpea mis instintos, comienzo a correr, estoy a la par de la cabina, me van a adelantar, no voy aceptar que me dejen abajo, me afirmo del pick–up, pego un salto, ¡estoy arriba,! !Lo logré¡, mi corazón se agita, una milésima de segundo después el Ford hace un giro brusco, y mi cuerpo sale disparado a una orilla, caí, me doy una vuela en el suelo, quedo un poco mareado, pero sigo corriendo, escucho como Paletón pega un alarido, ¡corre, hueón, corre¡, me sobrepasa velozmente, el sonido de las latas retumba como bombas, desde las sombras de una casa, alguna vieja nos grita.
-¡QUE ESTÁN HACIENDO CABROS DE MIERDA¡.
-¡VOY A LLAMAR A LOS CARABINEROS CHIQUILLOS DE PORQUERÍA!.
Apuro el tranco, las zancadas de mí carrera son largas, floto en la luna como un astronauta, mi vista rebota contra el suelo, voy a caer, me concentro en mi equilibrio, sigo tras los gemidos del viejo Ford, la carcacha del demonio parece estar asqueada por nuestra acciones y vomita el capo, este sale disparado hacia el Pedro, pasa solo a unos metros de nuestras cabezas, el destartalado vehículo va de un lado a otro de la calle, finteando las viviendas y los postes del alumbrado, doscientos metros más abajo el Ford descansa al lado del camino, el camión esta hecho mierda, sus ruedas apuntan al mar, no se ve nadie, me siento mal, espero lo peor, sigo corriendo y no logro llegar, la adrenalina esta a punto de reventarme el corazón, mi cabeza sangra, tengo las manos astilladas por el roce del maicillo, los muchachos comienzan a salir entre los hierros del vehículo, por suerte están bien. Paletón parado en medio de la calle aplaude, y Grita, ¡espectacular, se pasaron par de hueones! .Los pilotos se miran y brindan una reverencia. Descanso tres segundo, hay que escapar, pero antes nos abrasamos y reímos, dejamos la escena del delito, pronto llegarían los Pacos, ellos no entenderían los actos de la justicia divina, nos internamos en le bosque de Pinomar, al bajar por el costado de la calle principal introduzco uno de mis pies en una acequia llena de agua, mojando mis pantalones hasta las rodillas, mi aspecto es atroz, siento angustia y pienso que debo escapar sólo, pierdo a mis amigos en los eucaliptos, escucho sus voces, escondo mi sangre con la capucha de mi polerón negro, cruzo por el bosque, camino dos calles al norte y bajo el cerro caminando con las manos en los bolsillos, llego al mirador, desde ahí observo el parque de diversiones, espero unos minutos, mis compañeros no aparecen, las patrullas policiales se dirigen al lugar del suceso, cruzo la calle, camino por el centro del Quisco, paso frente a la comisaría, me siento a esperar micro en el paradero que esta al frente del cuartel policial, no observo ningún procedimiento fuera de lo normal, tomo un colectivo, saco un billete de mil pesos y se lo paso al chofer, me percato que lo había manchado con sangre, me pongo nervioso por dejar una ínfima pista en el camino, el conductor guarda los mil pesos en un compartimiento del auto, mi calma vuelve, el billete se esfumó en el anonimato del dinero, me bajo del colectivo y me dirijo hacia la casa, pero no ha llegado nadie, me siento en el umbral de la puerta a esperar.
Mi torpe escape resultó mejor de lo que pensé, pero no todo era perfecto, faltan mis amigos, miles de pensamientos bombardean mi mente, doy vueltas en círculo, impaciente pateo piedras, busco consuelo en vagos arrebatos de optimismo, ¿qué será de mis jinetes de la Apocalipsis de los expendios de alcohol?, el infierno quema, es verdad. Tres siluetas despegan desde las sombras de un camino, siento un alivio en mis golpeados huesos. El Santos se adelanta sobre los demás, y despacha un fulminante derechazo a mi pómulo izquierdo.
-¿Por qué me pegaste hueón?, ¡Estoy para la cagada y vos me pegai un cornete!
-No te parece poco el susto que nos hiciste pasar-. Incrimino el Santis.
-y ustedes tropas de hueones-me defiendo alterado.
-¿por qué escapaste sölo?
-me pareció lo mejor.
Sus motivos no me parecían suficientes, de todos modos para no quedarme despacho un fuerte derechazo al mentón del Santos. Paletón y el Chamo se abalanzan sobre nosotros para evitar una pelea, con ello gastamos las ultimas cuotas de adrenalina, todo vuelve a la calma, Santos me ofrece sus disculpas y acepto, nuestros rostros pedían a gritos unas cervezas, dentro de la casa decidimos tomarnos una sopa en sobre, mientras la preparan voy al baño a darme una ducha, el agua está helada, mi cuerpo tirita, con el espejo del baño reviso las heridas de mi cabeza, descubro mis cicatrices.
La sopa expele un rico aroma a orégano y espárragos, nos sentamos a la mesa, discutimos las jugadas polémicas y reímos. El Santos y el Chamo nos cuenta su odisea.
Roberto no sabes la veces que estuvimos a punto de chocar contra una casa, ¡ahí sí que queda la cagada!. Solté el freno de mano y el camión agarró una velocidad espectacular, la carcacha saltaba como si nos quisiera expulsar de su interior, mi cráneo quedó hecho mierda tanto rebotar con el techo, en una oportunidad se salió el capo y una macha de petróleo nos tapo la visión, no veíamos nada, así que decidí tirar el camión a una orilla del camino. Chamo y Santos puedo preguntarles algo, -si por supuesto-. ¿Tuvieron miedo? ¿Pensaron que podían morir?, -no, para nada- respondieron secamente. Ensuciamos nuevamente los platos, nadie los quiso lavar.
Ya en la cama, pienso si el peso de la impunidad existe, la angustia de la culpa atravesó fugazmente por mi cabeza, esta se desvaneció en el recuerdo de las victimas.
La noche terminó, la mesa está sucia, una bolsa seca de Té descansa al costado del basurero, los fósforos y las cenizas adornan la mesa, cierro los ojos, ¡ya es un nuevo día!, no queda otra que dormir y pensar que vamos hacer mañana.
miércoles, abril 02, 2008
Carcacha devil rock and roll (Parte IV)

Aún era temprano, pasamos a un parque de diversiones que está justo en la entrada de la calle Pinomar, las personas comenzaban a retirarse a sus casas, rondamos el lugar, luces escuálidas colgadas por todos lados, un viejito de cabeza nevada y percudida cotona color azúcar flor vendía en una esquina confites, maní confitado y algodón, alrededor del anciano todo daba vueltas, las maquinas parecían tener vida propia: el carrusel, los autos locos, el barco pirata, los caballitos, el tiro al blanco, los monos porfiados y el bingo adquirían una belleza que escapaba a mis ojos, divertirse, dar vueltas y vueltas, solo eso parece tener sentido. Voy y compro un maní salado, me siento frente a los autos locos y espero.
El Santos sale corriendo detrás de una mujer para preguntar su nombre, saber donde estaba alojando y concertar una cita en la playa, siempre utilizaba el mismo libreto, no sé si le resultó alguna vez, pero el confía ciegamente en su técnica. El Gerardo y El Pedro también desaparecieron. Los espero, sé que me buscaran, soy pieza clave en su ajedrez, tengo a la reina entre mis brazos, además esos hueones no duran mucho sin un trago.
El trío de hueones me localiza. Subimos por una escalera de piedra que está en la entrada de la calle, a un costado de los Juegos, llegamos a un mirador del sector alto del Quisco, lugar que cuenta con una vista privilegiada de la playa. Encontramos un sitio eriazo entre dos casonas, es el lugar perfecto para preparar los tragos, saltamos una pequeña alambrada, bajamos la coca- cola y nos pegamos unos cortitos de pisco, observamos la playa, las estrellas se encontraban a nuestros pies danzando cadenciosas con las olas. Preparamos dos botellas de combinados, tragamos unos sorbos, dejamos atrás los destellos, el humo azul de los cigarrillos, las colillas, las estrellas, el mar y sus profundidades.
Cargando las botellas comenzamos a subir el cerro, de tanto en tanto nos detenemos a beber, nos demoramos alrededor de media hora en llegar a la entrada del bosque de Pinomar. El panorama no es nada alentador, el paisaje llama a la soledad, es un sitio oscuro con una gran cantidad de arbustos, nos detenemos a observar, no se escuchan ruidos, solo la tenue Luna nos hacía compañía, en un arrebato poético de hueón borracho pienso que la Luna es la única que nunca nos ha ignorado, levanto la botella y brindo por ella, ¡Salud!, mis compañeros también beben por ella, me gusta pensar que con ese acto sello un pacto de fidelidad con la señora inmaculada que gobierna todas la noches.
El Chamo y el Pedro se disputan la botella de combinado, como si diluyera la frustración de sus bocas, después de cada sorbo se llenan de alegría. El bosque es lo más parecido al limbo. Bebemos un poco más antes de seguir el camino entre los arbustos. Evitamos la basura y la mierda, nos escondemos detrás de pinos y eucaliptos, seguimos brindando. Bajamos por las laderas de un seco canal. Observo a mis camaradas y el rostro del Chamo que está desfigurado, supongo que a todos nos a cambiado la cara. Nos sentamos, terminamos una de las botellas y decidimos caminar por la espesura de un bosque. La maleza y las hojas crujen a cada paso, delatando nuestra presencia, el Santos iba en la delantera guiándonos, de pronto adopta la actitud del sargento veterano de las películas de guerra, avanzamos a su ritmo, obedecemos sus señales de silencio. Paletón escucha voces y ruidos, recorrimos el bosque en marcial orden.
-¿El trago nos esta pasando una mala jugada?.
Divisamos dos fogatas, nuestros corazones comenzaron a latir con ímpetu, la luz del fuego incendia nuestras pupilas. Santos el sargento, ordena al cabo paletón y al soldado raso Chamo acercarse al objetivo e investigar la zona. Al volver decidimos renunciar a cualquier estrategia de asalto, nuestro objetivo no tenia valor y es altamente arriesgado para nuestras capacidades, la situación es la siguiente: tres mujeres y como ocho hombres, todos sedientos, alegres y volados. Llegamos al final del bosque sin encontrar nada, subimos a la calle, con dirección desconocida, ¡mis pies no dan más!, pero los zombis de mis compañeros no se detienen, mi boca lanza afilados comentarios para tratar de revivir a estos muertos, estupidez tras estupidez, pero mis letrados amigos no hacen caso a mis comentarios idiotas que tanto los enardece. Cada paso que doy en un calvario, pero no paramos hasta cruzarnos con una plazoleta de nombre Luis Sanfuentes.
-¡Robemos un auto para bajar y llegar luego a casa¡- digo aburrido.
El Santos sale corriendo detrás de una mujer para preguntar su nombre, saber donde estaba alojando y concertar una cita en la playa, siempre utilizaba el mismo libreto, no sé si le resultó alguna vez, pero el confía ciegamente en su técnica. El Gerardo y El Pedro también desaparecieron. Los espero, sé que me buscaran, soy pieza clave en su ajedrez, tengo a la reina entre mis brazos, además esos hueones no duran mucho sin un trago.
El trío de hueones me localiza. Subimos por una escalera de piedra que está en la entrada de la calle, a un costado de los Juegos, llegamos a un mirador del sector alto del Quisco, lugar que cuenta con una vista privilegiada de la playa. Encontramos un sitio eriazo entre dos casonas, es el lugar perfecto para preparar los tragos, saltamos una pequeña alambrada, bajamos la coca- cola y nos pegamos unos cortitos de pisco, observamos la playa, las estrellas se encontraban a nuestros pies danzando cadenciosas con las olas. Preparamos dos botellas de combinados, tragamos unos sorbos, dejamos atrás los destellos, el humo azul de los cigarrillos, las colillas, las estrellas, el mar y sus profundidades.
Cargando las botellas comenzamos a subir el cerro, de tanto en tanto nos detenemos a beber, nos demoramos alrededor de media hora en llegar a la entrada del bosque de Pinomar. El panorama no es nada alentador, el paisaje llama a la soledad, es un sitio oscuro con una gran cantidad de arbustos, nos detenemos a observar, no se escuchan ruidos, solo la tenue Luna nos hacía compañía, en un arrebato poético de hueón borracho pienso que la Luna es la única que nunca nos ha ignorado, levanto la botella y brindo por ella, ¡Salud!, mis compañeros también beben por ella, me gusta pensar que con ese acto sello un pacto de fidelidad con la señora inmaculada que gobierna todas la noches.
El Chamo y el Pedro se disputan la botella de combinado, como si diluyera la frustración de sus bocas, después de cada sorbo se llenan de alegría. El bosque es lo más parecido al limbo. Bebemos un poco más antes de seguir el camino entre los arbustos. Evitamos la basura y la mierda, nos escondemos detrás de pinos y eucaliptos, seguimos brindando. Bajamos por las laderas de un seco canal. Observo a mis camaradas y el rostro del Chamo que está desfigurado, supongo que a todos nos a cambiado la cara. Nos sentamos, terminamos una de las botellas y decidimos caminar por la espesura de un bosque. La maleza y las hojas crujen a cada paso, delatando nuestra presencia, el Santos iba en la delantera guiándonos, de pronto adopta la actitud del sargento veterano de las películas de guerra, avanzamos a su ritmo, obedecemos sus señales de silencio. Paletón escucha voces y ruidos, recorrimos el bosque en marcial orden.
-¿El trago nos esta pasando una mala jugada?.
Divisamos dos fogatas, nuestros corazones comenzaron a latir con ímpetu, la luz del fuego incendia nuestras pupilas. Santos el sargento, ordena al cabo paletón y al soldado raso Chamo acercarse al objetivo e investigar la zona. Al volver decidimos renunciar a cualquier estrategia de asalto, nuestro objetivo no tenia valor y es altamente arriesgado para nuestras capacidades, la situación es la siguiente: tres mujeres y como ocho hombres, todos sedientos, alegres y volados. Llegamos al final del bosque sin encontrar nada, subimos a la calle, con dirección desconocida, ¡mis pies no dan más!, pero los zombis de mis compañeros no se detienen, mi boca lanza afilados comentarios para tratar de revivir a estos muertos, estupidez tras estupidez, pero mis letrados amigos no hacen caso a mis comentarios idiotas que tanto los enardece. Cada paso que doy en un calvario, pero no paramos hasta cruzarnos con una plazoleta de nombre Luis Sanfuentes.
-¡Robemos un auto para bajar y llegar luego a casa¡- digo aburrido.
jueves, marzo 27, 2008
Carcacha devil rock and roll (Parte III)

Muchas veces había carreteado en el Quisco, pero hoy me sentía ajeno al lugar, el pueblo está distinto, crecieron un par de edificios y hoteles. Las personas flotan por las calles como globos gigantes, encandilados por el brillo decrépito de los neones de los antiguos locales comerciales, parecía un cumpleaños, pero sin el ruido y el alboroto de esas fiestas. Los niños abarrotan los videos juegos, mientras las familias pasean alrededor de una angosta plazoleta que se ubica al costado del camino principal para observar a los artistas callejeros, en su mayoría adolescentes payasos y malabaristas que se disputan el dinero de sus fugaces espectadores. Los Pub´s y las fuentes de soda están con sus mezas copadas. La noche recién comienza y me siento aburrido, la pendiente de la calzada nos empuja hacia la playa. Se observa más vigilancia policial que años anteriores, la policía deambulan en sus patrulla, además se han sumado unos gallardos caballos, con petos de color verde, los cuales junto a sus jinetes están encargados de custodiar la tranquilidad del balneario, especialmente de la playa.
Las botillerías están rodeadas por manadas de jóvenes que piden dinero para financiar el ron Silver o la garrafa de vino tinto. Los turistas responden con indiferencia entregando monedas solitarias, no por solidaridad, ni mucho menos por simpatía, sino por un vago temor hacia la apariencia de estos jóvenes peregrinos. Entramos los cuatro a la botillería, juntamos una luca y media por nuca, compramos dos botellas de pisco y dos cervezas y un par de vasos plásticos. Salimos sin mirar a nadie, ignorando a quienes nos pedían dinero, sin importar que fuera una hermosa chica punk de cabellos rojos, melena descuidada y un aro en la nariz o la más ardiente de las hippies.
Nos acercamos al paseo peatonal, y desde ahí observamos la playa, está alucinante, concurrida y viva, ya en la arena contemplamos el gentío, esto era lo que buscábamos, cerca de trescientas personas que carretean apiladas en grupos de diferentes tamaños, estratos sociales, creencias y tendencia musical, en las penumbras se escuchan gritos, minas chillando y canciones entonadas como solo el alcohol puede hacerlo. Un piño de imberbes borrachos sé taclean como en un partido de rugby, sus cuerpos yacen en la arena por algunos segundo mientras recuperan el equilibrio, entre risas se reincorporan lentamente a la juerga. Caminamos entre las personas, el olor a paraguayo se cruza en nuestro camino como un desagradable incienso que busca purificar nuestras almas. Cuando le veo el rostro a algún Lana borracho siento desagrado por ellos, son como chimeneas de fábricas humanas que hacen ruidos desagradables, levantan humo, usurpándole espacio a la playa y ensuciando el mar con sus colillas y botellas vacías. Buscamos entre la gente un potencial grupo de minas con las cuales podamos conversar, y pasar un buen rato.
El Santos motiva al Chamo para que invite a una minas a beber con nosotros, él después de hacerse de rogar un rato parte convencido hacia un grupo de ricas señoritas. Mientras el Chamo camina, me cuestiono -¿Qué mina en sus cinco sentido aceptaría la invitación de nuestro anacrónico galán de ropa americana? ¿Alguna señorita se dejaría seducir por un joven de camisa floreada, jeans con pinzas y zapatillas blancas?- la negativa de esas mujeres entierra nuestra pocas aspiraciones libidinosas en este cementerio de granito.
(Pienso en unos versos:
“acogedor desencanto destiérrame de tus sagrados terruños, la frialdad e insipidez se vuelve insoportable, cada mujer que pasa es una cruz y su desprecio una lapida”. ¿no hay flores en este campo santo?. Puta que gay el pensamiento, parece que estoy crítico)
-Santos, ¡destapa una cerveza!
-Que sean dos – ordena Paletón.
-Si hay que apurarse por que a las dos los pacos empiezan a hueviar- comenta el Chamo mientras se empina una cerveza.
-calma son recién las doce.
Bebemos cerveza y pisco, miramos el mar, sentados en la arena conversamos.
Una brisa fría entra por mi espalda, provocando escalofrío en todo mi cuerpo. El Chamo se para a mear, su silueta parece una boya que se mece al ritmo de la marea. Avanzo hacia las olas, el mar ejerce una extraña fuerza hipnótica, mis recuerdos se rebelan en una angustiosa vorágine, el rostro de mi Ex reflejado en le agua me descompone, el sonido del mar pronuncia su nombre. Parado a la orilla del mar comencé a dibujar con orina su nombre en la arena, contorneando las caderas, mí bolígrafo transcribe en redonda letra manuscrita, ¡Graciela!. Hasta ese momento no me había dado cuenta lo fuerte que me golpeo su amor, sé que no la amo, pero eso ahora no parece importar, por suerte las olas se encargaran de borrar su recuerdo una y otra vez hasta no dejar nada.
Paletón, -quién estudia química en la Universidad Católica-, prepara unos combinados que queman la garganta, pensamos que él es la persona más indicada para calcular el volumen del alcohol en nuestra sangre. De vez en cuando detenemos nuestra conversación para observar si pasa un grupo de féminas para conversar y en el peor de los casos si aparecen los pacos. Se acaba el licor, y todo sigue igual, a excepción de nuestro valor.
El panorama es caótico, gente delirando por todas partes, caminan como si las playa se los quisiera tragar. El Chamo esta horrorizado con la posibilidad de caer en cana, y más si es por ebriedad, seria una mancha para la honra de su familia. Un patrulla pasea por la calle del mirador iluminando el sector de la playa con un potente foco, los pacos se dejan caer con sus caballos, correteando a las tribus fuera del lugar, la Yuta aprovecha de fiscalizar la lucidez de los jóvenes que se cruzan en su camino, buscando los pertrechos etílicos y alucinógenos. Los pacos hacen vista gorda, solo detienen a los odiosos y a los que no pueden mover el culo fuera de la playa. El rostro de Chamo esta rígido, tenso y asustado, nos pide que salgamos del lugar, el Santos lo molesta contándole historias de lo que nos pasaría si fuésemos detenidos.
-Chamo si nos detienen y no tenemos plata para la fianza, nos envían a la cárcel de Quinteros, pasamos todo el fin de semana en cana.- dice el Santos.
- no hueeviis, no tengo plata- dice el Chamo.
La playa se encuentra revolucionada por el desalojo de los jóvenes, llegó la policía, hay un par de detenidos, gritos, aglomeraciones de curiosos y uno que otro copete perdido en la arena. Situación que aumenta el miedo del Chamo, Paletón lo mira y se caga de la risa, le dice que se calme. Cruzamos entre la multitud directo hacia la botillería, decididos como asesinos a sueldo. Compramos otra botella de pisco Cochiguaz de 50º grados y una coca-cola. Nos retiramos preguntando a quien se nos atraviesa en el camino, ¿Dónde podemos carretear después de las dos?. La respuesta era siempre la misma, la playa de las conchitas y el bosque de Pino mar. Vamos al bosque Pino mar.
Las botillerías están rodeadas por manadas de jóvenes que piden dinero para financiar el ron Silver o la garrafa de vino tinto. Los turistas responden con indiferencia entregando monedas solitarias, no por solidaridad, ni mucho menos por simpatía, sino por un vago temor hacia la apariencia de estos jóvenes peregrinos. Entramos los cuatro a la botillería, juntamos una luca y media por nuca, compramos dos botellas de pisco y dos cervezas y un par de vasos plásticos. Salimos sin mirar a nadie, ignorando a quienes nos pedían dinero, sin importar que fuera una hermosa chica punk de cabellos rojos, melena descuidada y un aro en la nariz o la más ardiente de las hippies.
Nos acercamos al paseo peatonal, y desde ahí observamos la playa, está alucinante, concurrida y viva, ya en la arena contemplamos el gentío, esto era lo que buscábamos, cerca de trescientas personas que carretean apiladas en grupos de diferentes tamaños, estratos sociales, creencias y tendencia musical, en las penumbras se escuchan gritos, minas chillando y canciones entonadas como solo el alcohol puede hacerlo. Un piño de imberbes borrachos sé taclean como en un partido de rugby, sus cuerpos yacen en la arena por algunos segundo mientras recuperan el equilibrio, entre risas se reincorporan lentamente a la juerga. Caminamos entre las personas, el olor a paraguayo se cruza en nuestro camino como un desagradable incienso que busca purificar nuestras almas. Cuando le veo el rostro a algún Lana borracho siento desagrado por ellos, son como chimeneas de fábricas humanas que hacen ruidos desagradables, levantan humo, usurpándole espacio a la playa y ensuciando el mar con sus colillas y botellas vacías. Buscamos entre la gente un potencial grupo de minas con las cuales podamos conversar, y pasar un buen rato.
El Santos motiva al Chamo para que invite a una minas a beber con nosotros, él después de hacerse de rogar un rato parte convencido hacia un grupo de ricas señoritas. Mientras el Chamo camina, me cuestiono -¿Qué mina en sus cinco sentido aceptaría la invitación de nuestro anacrónico galán de ropa americana? ¿Alguna señorita se dejaría seducir por un joven de camisa floreada, jeans con pinzas y zapatillas blancas?- la negativa de esas mujeres entierra nuestra pocas aspiraciones libidinosas en este cementerio de granito.
(Pienso en unos versos:
“acogedor desencanto destiérrame de tus sagrados terruños, la frialdad e insipidez se vuelve insoportable, cada mujer que pasa es una cruz y su desprecio una lapida”. ¿no hay flores en este campo santo?. Puta que gay el pensamiento, parece que estoy crítico)
-Santos, ¡destapa una cerveza!
-Que sean dos – ordena Paletón.
-Si hay que apurarse por que a las dos los pacos empiezan a hueviar- comenta el Chamo mientras se empina una cerveza.
-calma son recién las doce.
Bebemos cerveza y pisco, miramos el mar, sentados en la arena conversamos.
Una brisa fría entra por mi espalda, provocando escalofrío en todo mi cuerpo. El Chamo se para a mear, su silueta parece una boya que se mece al ritmo de la marea. Avanzo hacia las olas, el mar ejerce una extraña fuerza hipnótica, mis recuerdos se rebelan en una angustiosa vorágine, el rostro de mi Ex reflejado en le agua me descompone, el sonido del mar pronuncia su nombre. Parado a la orilla del mar comencé a dibujar con orina su nombre en la arena, contorneando las caderas, mí bolígrafo transcribe en redonda letra manuscrita, ¡Graciela!. Hasta ese momento no me había dado cuenta lo fuerte que me golpeo su amor, sé que no la amo, pero eso ahora no parece importar, por suerte las olas se encargaran de borrar su recuerdo una y otra vez hasta no dejar nada.
Paletón, -quién estudia química en la Universidad Católica-, prepara unos combinados que queman la garganta, pensamos que él es la persona más indicada para calcular el volumen del alcohol en nuestra sangre. De vez en cuando detenemos nuestra conversación para observar si pasa un grupo de féminas para conversar y en el peor de los casos si aparecen los pacos. Se acaba el licor, y todo sigue igual, a excepción de nuestro valor.
El panorama es caótico, gente delirando por todas partes, caminan como si las playa se los quisiera tragar. El Chamo esta horrorizado con la posibilidad de caer en cana, y más si es por ebriedad, seria una mancha para la honra de su familia. Un patrulla pasea por la calle del mirador iluminando el sector de la playa con un potente foco, los pacos se dejan caer con sus caballos, correteando a las tribus fuera del lugar, la Yuta aprovecha de fiscalizar la lucidez de los jóvenes que se cruzan en su camino, buscando los pertrechos etílicos y alucinógenos. Los pacos hacen vista gorda, solo detienen a los odiosos y a los que no pueden mover el culo fuera de la playa. El rostro de Chamo esta rígido, tenso y asustado, nos pide que salgamos del lugar, el Santos lo molesta contándole historias de lo que nos pasaría si fuésemos detenidos.
-Chamo si nos detienen y no tenemos plata para la fianza, nos envían a la cárcel de Quinteros, pasamos todo el fin de semana en cana.- dice el Santos.
- no hueeviis, no tengo plata- dice el Chamo.
La playa se encuentra revolucionada por el desalojo de los jóvenes, llegó la policía, hay un par de detenidos, gritos, aglomeraciones de curiosos y uno que otro copete perdido en la arena. Situación que aumenta el miedo del Chamo, Paletón lo mira y se caga de la risa, le dice que se calme. Cruzamos entre la multitud directo hacia la botillería, decididos como asesinos a sueldo. Compramos otra botella de pisco Cochiguaz de 50º grados y una coca-cola. Nos retiramos preguntando a quien se nos atraviesa en el camino, ¿Dónde podemos carretear después de las dos?. La respuesta era siempre la misma, la playa de las conchitas y el bosque de Pino mar. Vamos al bosque Pino mar.
jueves, marzo 20, 2008
Carcacha devil rock and roll (Parte II)

El Santiago al que todo llamábamos Santos, se detiene al frente de la puerta de la cabaña, nos observa, su mirada deja de manifiesto un descontento, su manera de rechazar la realidad es arrugando el ceño, detrás de sus ojos y de su accionar sereno se podía sentir el conflicto de un alma golpeada por los fracasos de sus propias imágenes no cumplidas, pero hay algo claro en él, y es que no está dispuesto a claudicar.
El culpable de nuestra decepción ocular era el Chamo, mejor dicho la culpa era nuestra por delegar esa misión en una persona como él, ¿se pueden confiar tareas de importancia en un fanático de la metafísica , el i ching y todas esas tonteras esotéricas de medio tiempo?, ¡ la respuesta es No! uno no puede confiar en nadie que proclama a los cuatro vientos que su gran reto en la vida era encontrar una mina que se acomodara a sus manuales esotéricos, que lo acompañe a sus sesiones y esté dispuesta a contemplar los cerros cuando el sol se pone, con una taza de café humeando en su manos, sentado en el balcón de su espaciosa casa.
Siento que estamos en presencia del paraíso de los abuelos deseosos por conocer a Dios en vivo y en directo, es el lugar más parecido al nirvana del aburrimiento. Nuestro refugio de verano está rodeado por un albergue de Monjas, un sitio eriazo repleto de escombro y de un acantilado donde las personas tiran su basura, el cual nos separa de la carretera que conecta todo el Litoral.
Entramos en la cabaña. El Chamo se instala en una pieza con Santos, quedando la pieza contigua para Pedro y para mí. El interior de la cabaña no está tan mal como pensábamos, el comedor es acogedor, los sillones de mimbre son cómodos, posee una mesa pequeña y lo principal es que no cojea, unos jarros de cerveza, un refrigerador que enfría y una buena cocina. Recorrimos toda la casa, buscamos algo sin saber a ciencia cierta lo que es, intruseamos todos los rincones, abrimos un closet cerrado con un candado y en su interior encontramos una vieja Televisión en blanco y negro, en nuestro rostro se esboza un sonrisa, ahora podríamos amenizar nuestras tardes viendo por televisión nuestro programas favoritos.
Ya instalados en el living, el cual también es comedor y cocina, encendemos la radio, nos miramos y no decimos nada. A pesar de la leve alegría provocada por el descubrimiento del televisor, el aire saca chispas, se puede sentir la frustración en el ambiente. El Santos en un arrebato comienza a lanzar chuchadas y a maldecir. Para evitar una situación desagradable me levanto y digo – ¿voy a comprar cervezas?-.
-Hagamos unas monedas- murmuro Paletón.
-¡Si… no hay nada que no pueda solucionar un poco de alcohol!- digo alegremente.
-Roberto, ¡yo te acompaño!- dice el Santos despojando el dinero de las manos de Paletón.
Partimos con el Santos, caminamos por unos minutos y no encontramos ninguna botillería, el Santos me mira y me dice Preocupado -Beto hueón, no hay Botillería-. Le preguntamos a una señora donde queda la botillería, nos contesta con voz puritana pero gentil, “la comunidad de Punta de Tralca decreto ley seca para este balneario”, Nuestros rostros se caen al suelo. Damos la vuelta, de regreso y para colmo de males no divisamos ninguna mina rica. Durante la tarde no hicimos otra cosa que lamentarnos por caer en el infierno chino del ocio, en el centro orgiástico de los retiros espirituales de los abuelitos de la diócesis de la región metropolitana. Las habitaciones se llenaron de risas y sarcasmo, vomitamos compulsivamente toda la ironía que podía contener nuestras mentes.
Santos aprovechando un breve silencio, invoca sus poderes, agita el aire, mira al grupo y dice.
- Quizás estas no sean las mejores vacaciones, pero serán las más oscuras.-
Me cago de la risa, pero el Santos, me dice –Beto, es verdad, estas vacaciones serán las más oscura de todas, confía en mí-Según el Santos estas palabras quedaran marcadas en nuestras memorias.
Es media tarde, me escapo un rato a la playa, necesito estar sólo, sentado en la arena contemplo el pasional movimiento del mar, este lanza todo lo ajeno a la orilla, la fuerza del océano pacifico como de costumbre suele devenir en las apacibles caricias de sus olas, celebro el brillo de los últimos rayos del sol que atraviesan las nubes que comienzan a cubrir el cielo, mis ojos son testigo de un pequeño paraíso, frágil como gaviota en vuelo, llenan mi ser de una confianza que no acostumbro, por unos minutos pienso que todo funciona a nuestro favor. Pamplinas tengo sed, quiero una cerveza.
Llego a la casa, todos me miran extrañados por mi salida, la mejor manera que encuentro para salir del paso es contarle un descubrimiento que hice cuando volvía de la playa.
- ¿Muchachos saben porqué Punta de Tralca está en ley Seca?
- ¡No sabemos!-responden mis amigos.
- Bueno les cuento.
Entré a un local a comprar algo para comer y observo que un caballero se esta tomando una cerveza, me acerco y le pregunto donde la compró, -el me dice ahí en el mesón-, me acerque al mesón y le pido una Escudo.
-¿Es para servir o para llevar?- Dice en encargado.
- Para llevar- respondí.
-Disculpe caballero sólo vendemos para servir.
- ¿Por qué?.
- Lo que pasa es que en Punta de Tralca se decreto Ley Seca.
-¿Y qué pasó?
Hace dos años atrás mataron de unas puñaladas al hijo del dueño de esta fuente de soda, y el caballero es concejal de esta comuna, y fue tal el impacto público que causó el asesinato, que se decretó ésta ordenanza municipal.
-¿Pero igual venden cerveza aquí?- dije, el encargado del mesón me dijo que sí vendían, ¡pero sólo para servir!, así que pedí una cerveza chica.
El objetivo de nuestro viaje era el reventón, a eso veníamos y eso queríamos hacer, siempre había sido así, y esto no iba a cambiar hoy. Después de comer, nos pusimos a meditar, y acordamos que la única solución para encontrar un buen carrete era tomar una micro y marcharnos al Quisco.
El culpable de nuestra decepción ocular era el Chamo, mejor dicho la culpa era nuestra por delegar esa misión en una persona como él, ¿se pueden confiar tareas de importancia en un fanático de la metafísica , el i ching y todas esas tonteras esotéricas de medio tiempo?, ¡ la respuesta es No! uno no puede confiar en nadie que proclama a los cuatro vientos que su gran reto en la vida era encontrar una mina que se acomodara a sus manuales esotéricos, que lo acompañe a sus sesiones y esté dispuesta a contemplar los cerros cuando el sol se pone, con una taza de café humeando en su manos, sentado en el balcón de su espaciosa casa.
Siento que estamos en presencia del paraíso de los abuelos deseosos por conocer a Dios en vivo y en directo, es el lugar más parecido al nirvana del aburrimiento. Nuestro refugio de verano está rodeado por un albergue de Monjas, un sitio eriazo repleto de escombro y de un acantilado donde las personas tiran su basura, el cual nos separa de la carretera que conecta todo el Litoral.
Entramos en la cabaña. El Chamo se instala en una pieza con Santos, quedando la pieza contigua para Pedro y para mí. El interior de la cabaña no está tan mal como pensábamos, el comedor es acogedor, los sillones de mimbre son cómodos, posee una mesa pequeña y lo principal es que no cojea, unos jarros de cerveza, un refrigerador que enfría y una buena cocina. Recorrimos toda la casa, buscamos algo sin saber a ciencia cierta lo que es, intruseamos todos los rincones, abrimos un closet cerrado con un candado y en su interior encontramos una vieja Televisión en blanco y negro, en nuestro rostro se esboza un sonrisa, ahora podríamos amenizar nuestras tardes viendo por televisión nuestro programas favoritos.
Ya instalados en el living, el cual también es comedor y cocina, encendemos la radio, nos miramos y no decimos nada. A pesar de la leve alegría provocada por el descubrimiento del televisor, el aire saca chispas, se puede sentir la frustración en el ambiente. El Santos en un arrebato comienza a lanzar chuchadas y a maldecir. Para evitar una situación desagradable me levanto y digo – ¿voy a comprar cervezas?-.
-Hagamos unas monedas- murmuro Paletón.
-¡Si… no hay nada que no pueda solucionar un poco de alcohol!- digo alegremente.
-Roberto, ¡yo te acompaño!- dice el Santos despojando el dinero de las manos de Paletón.
Partimos con el Santos, caminamos por unos minutos y no encontramos ninguna botillería, el Santos me mira y me dice Preocupado -Beto hueón, no hay Botillería-. Le preguntamos a una señora donde queda la botillería, nos contesta con voz puritana pero gentil, “la comunidad de Punta de Tralca decreto ley seca para este balneario”, Nuestros rostros se caen al suelo. Damos la vuelta, de regreso y para colmo de males no divisamos ninguna mina rica. Durante la tarde no hicimos otra cosa que lamentarnos por caer en el infierno chino del ocio, en el centro orgiástico de los retiros espirituales de los abuelitos de la diócesis de la región metropolitana. Las habitaciones se llenaron de risas y sarcasmo, vomitamos compulsivamente toda la ironía que podía contener nuestras mentes.
Santos aprovechando un breve silencio, invoca sus poderes, agita el aire, mira al grupo y dice.
- Quizás estas no sean las mejores vacaciones, pero serán las más oscuras.-
Me cago de la risa, pero el Santos, me dice –Beto, es verdad, estas vacaciones serán las más oscura de todas, confía en mí-Según el Santos estas palabras quedaran marcadas en nuestras memorias.
Es media tarde, me escapo un rato a la playa, necesito estar sólo, sentado en la arena contemplo el pasional movimiento del mar, este lanza todo lo ajeno a la orilla, la fuerza del océano pacifico como de costumbre suele devenir en las apacibles caricias de sus olas, celebro el brillo de los últimos rayos del sol que atraviesan las nubes que comienzan a cubrir el cielo, mis ojos son testigo de un pequeño paraíso, frágil como gaviota en vuelo, llenan mi ser de una confianza que no acostumbro, por unos minutos pienso que todo funciona a nuestro favor. Pamplinas tengo sed, quiero una cerveza.
Llego a la casa, todos me miran extrañados por mi salida, la mejor manera que encuentro para salir del paso es contarle un descubrimiento que hice cuando volvía de la playa.
- ¿Muchachos saben porqué Punta de Tralca está en ley Seca?
- ¡No sabemos!-responden mis amigos.
- Bueno les cuento.
Entré a un local a comprar algo para comer y observo que un caballero se esta tomando una cerveza, me acerco y le pregunto donde la compró, -el me dice ahí en el mesón-, me acerque al mesón y le pido una Escudo.
-¿Es para servir o para llevar?- Dice en encargado.
- Para llevar- respondí.
-Disculpe caballero sólo vendemos para servir.
- ¿Por qué?.
- Lo que pasa es que en Punta de Tralca se decreto Ley Seca.
-¿Y qué pasó?
Hace dos años atrás mataron de unas puñaladas al hijo del dueño de esta fuente de soda, y el caballero es concejal de esta comuna, y fue tal el impacto público que causó el asesinato, que se decretó ésta ordenanza municipal.
-¿Pero igual venden cerveza aquí?- dije, el encargado del mesón me dijo que sí vendían, ¡pero sólo para servir!, así que pedí una cerveza chica.
El objetivo de nuestro viaje era el reventón, a eso veníamos y eso queríamos hacer, siempre había sido así, y esto no iba a cambiar hoy. Después de comer, nos pusimos a meditar, y acordamos que la única solución para encontrar un buen carrete era tomar una micro y marcharnos al Quisco.
viernes, marzo 14, 2008
Carcacha devil rock and roll (Parte I)

Este es el segundo año que viajo junto a unos amigos al balneario del Quisco, -fue una tradición que comenzamos al salir del liceo-, pero este verano, el del 96, se presentan más complicaciones que las habituales para planificar el viaje. Los principales obstáculos son el precio del alojamiento, el cual subió desproporcionadamente, además gran parte de mis camaradas encuentran excusas inverosímiles para justificar su ausencia en esta travesía. Realmente este último factor no me interesa demasiado, la mayoría de ellos sólo representan el medio más cómodo y honesto para conseguir una buen precio por una cabaña a la orilla del mar. Su amistad es la catapulta que me permite escapar del aburrimiento de las calurosas tardes en nuestra amada comuna.
Inesperadamente y sin mucho esfuerzo conseguimos una pequeña cabaña en Punta de Tralca, gracias a la voluntad religiosa de la madre de Gerardo, ella poseía muchos contactos ya que era dueña de un video club, supongo que les rebajaba las películas religiosas a los Hermanos Evangélicos o algo por el estilo. Por eso todos estimamos al Gerardo, al cual todo llamamos Chamo, porque su infancia la vivió en tierras Venezolanas, como dije a través del Chamo podíamos conseguir muchas cosas especialmente películas XXX, incluso trabajé como vendedor en el video club Sky.
Según el Chamo la cabaña cuenta con todo lo que necesitamos para nuestra estadía y con el precio más bajo del mercado, su único defecto es que se encuentra un poco alejada de la playa.
Cuando llegamos a cerrar el trato, me doy cuenta que estamos negociando con unos viejitos súper conservadores, colocamos cara de comunión, y castos recibimos las indicaciones y las llaves. El trabajo sucio estaba listo. En estos momentos en lo único que pienso es en el mar, los bikinis y sentarme en la arena con la única preocupación de satisfacer mis mundanos placeres, beber cerveza y enamorarme cada noches de una chica distinta, cosa que sé que es imposible para alguien de mis características, pero con una sola noche de fogoso romance en compañía de una delicada dama, me daría con una piedra en el pecho.
Nos juntamos en la plaza de Peñaflor a las nueve de la mañana, para variar el Chamo fue el primero en llegar, lo secundó el Pedro, el último en llegar fue el Santiago con su Padre, el cual nos llevaría hasta la playa. Al principio todo fue silencio pero a medida que avanzamos por la carretera comenzamos a actuar como niños con juguete nuevo, nuestro rostros están marcados por la emoción, a pesar que sus miradas dicen otra cosa, en mí interior tengo la leve sensación que todos leíamos entre líneas el itinerario de nuestro destino, me imagino a mis compañeros caminando por las calles polvorientas en busca de un cerro, sus zapatillas levantando polvo, cada paso de ellos acarrea el lastre de la mañana y el peso de sus mochila hace que el aire les raspe las gargantas, pero a pesar de la carga, ellos viajan con la frente en alto.
Compramos pasteles a las palomitas de Melipilla, el padre del Santo coloca un disco de Leonardo Favio. Tarareamos sus canciones mientras miramos concentrados el paisaje que pasa rápido frente a nuestros ojos, compartiendo la música, el silencio y algo más, que nunca podré descifrar.
Pedro, al que todos llamábamos Paletón, (nunca he sabido por qué) hurga en su mochila verificando si lleva sus disco favoritos, él es un correcto cristiano y admirador incondicional de los Beatles (es una enciclopedia ambulante del grupo de Liverpool) y del rock clásico del tipo de Led Zepelin. Mira hacia fuera, trata de afinar su guitarra, saca improvisadas melodías y vuelve a mirar hacia afuera, supongo que piensa en su polola, creo que su mente busca establecer cuales serán los limites para desenvolverse en la comunidad y no traicionar la confianza de su compañera, porque siempre le hacemos burlas por su macaveismo, según mi distante impresión ella más que ardiente romance le otorga la seguridad que le es negada a los hijos de padres separados, al fin y al cabo yo sé que Paletón será fiel, y sólo alucina con la idea de tocar la guitarra para una pequeña audiencia de hippies.
Llegamos a la Playa, al medio día del lunes, el sol cae avasallador sobre nuestras cabezas, es un bello día, transpiro ansiedad por instalarnos pronto y disfrutar de las bondades del mar. Grande es nuestra sorpresa al conocer la ubicación de las cabañas. Parecen un pobre poblado del viejo oeste, un lugar de paso para bandidos y vaqueros, el padre del Santiago nos deja afuera del villorrio, bajamos nuestro equipaje de la camioneta y nos despedimos de él. Buscamos la numeración de la cabaña, caminamos como los malvados de las películas de cowboys con las petacas a cuestas, orgullosos de nada, sin malos ni buenos, solo feos, deslizándonos por una pequeña calle que divide las edificaciones en oriente y poniente. El Pedro mira a los ojos al Chamo, él agacha la cabeza como si se sintiera culpable de algo, culpable de estar aquí, de traernos a este lugar.
Inesperadamente y sin mucho esfuerzo conseguimos una pequeña cabaña en Punta de Tralca, gracias a la voluntad religiosa de la madre de Gerardo, ella poseía muchos contactos ya que era dueña de un video club, supongo que les rebajaba las películas religiosas a los Hermanos Evangélicos o algo por el estilo. Por eso todos estimamos al Gerardo, al cual todo llamamos Chamo, porque su infancia la vivió en tierras Venezolanas, como dije a través del Chamo podíamos conseguir muchas cosas especialmente películas XXX, incluso trabajé como vendedor en el video club Sky.
Según el Chamo la cabaña cuenta con todo lo que necesitamos para nuestra estadía y con el precio más bajo del mercado, su único defecto es que se encuentra un poco alejada de la playa.
Cuando llegamos a cerrar el trato, me doy cuenta que estamos negociando con unos viejitos súper conservadores, colocamos cara de comunión, y castos recibimos las indicaciones y las llaves. El trabajo sucio estaba listo. En estos momentos en lo único que pienso es en el mar, los bikinis y sentarme en la arena con la única preocupación de satisfacer mis mundanos placeres, beber cerveza y enamorarme cada noches de una chica distinta, cosa que sé que es imposible para alguien de mis características, pero con una sola noche de fogoso romance en compañía de una delicada dama, me daría con una piedra en el pecho.
Nos juntamos en la plaza de Peñaflor a las nueve de la mañana, para variar el Chamo fue el primero en llegar, lo secundó el Pedro, el último en llegar fue el Santiago con su Padre, el cual nos llevaría hasta la playa. Al principio todo fue silencio pero a medida que avanzamos por la carretera comenzamos a actuar como niños con juguete nuevo, nuestro rostros están marcados por la emoción, a pesar que sus miradas dicen otra cosa, en mí interior tengo la leve sensación que todos leíamos entre líneas el itinerario de nuestro destino, me imagino a mis compañeros caminando por las calles polvorientas en busca de un cerro, sus zapatillas levantando polvo, cada paso de ellos acarrea el lastre de la mañana y el peso de sus mochila hace que el aire les raspe las gargantas, pero a pesar de la carga, ellos viajan con la frente en alto.
Compramos pasteles a las palomitas de Melipilla, el padre del Santo coloca un disco de Leonardo Favio. Tarareamos sus canciones mientras miramos concentrados el paisaje que pasa rápido frente a nuestros ojos, compartiendo la música, el silencio y algo más, que nunca podré descifrar.
Pedro, al que todos llamábamos Paletón, (nunca he sabido por qué) hurga en su mochila verificando si lleva sus disco favoritos, él es un correcto cristiano y admirador incondicional de los Beatles (es una enciclopedia ambulante del grupo de Liverpool) y del rock clásico del tipo de Led Zepelin. Mira hacia fuera, trata de afinar su guitarra, saca improvisadas melodías y vuelve a mirar hacia afuera, supongo que piensa en su polola, creo que su mente busca establecer cuales serán los limites para desenvolverse en la comunidad y no traicionar la confianza de su compañera, porque siempre le hacemos burlas por su macaveismo, según mi distante impresión ella más que ardiente romance le otorga la seguridad que le es negada a los hijos de padres separados, al fin y al cabo yo sé que Paletón será fiel, y sólo alucina con la idea de tocar la guitarra para una pequeña audiencia de hippies.
Llegamos a la Playa, al medio día del lunes, el sol cae avasallador sobre nuestras cabezas, es un bello día, transpiro ansiedad por instalarnos pronto y disfrutar de las bondades del mar. Grande es nuestra sorpresa al conocer la ubicación de las cabañas. Parecen un pobre poblado del viejo oeste, un lugar de paso para bandidos y vaqueros, el padre del Santiago nos deja afuera del villorrio, bajamos nuestro equipaje de la camioneta y nos despedimos de él. Buscamos la numeración de la cabaña, caminamos como los malvados de las películas de cowboys con las petacas a cuestas, orgullosos de nada, sin malos ni buenos, solo feos, deslizándonos por una pequeña calle que divide las edificaciones en oriente y poniente. El Pedro mira a los ojos al Chamo, él agacha la cabeza como si se sintiera culpable de algo, culpable de estar aquí, de traernos a este lugar.
sábado, marzo 08, 2008
"La Mujer y la Educación"
" Emancipar al hombre no es emancipar
a la humanidad; emancipad a la mujer
y habréis emancipado a la humanidad"
Siempre se nos dice que nuestra inferioridad mental es un hecho, que nuestra debilidad es manifiesta. Y basados en estos sofísticos argumentos, pesa sobre nosotras la tiranía masculina, mas pesada que el yugo de la esclavitud que arrastraban las siervas de la Edad Media.
Si bien es verdad que nuestra debilidad es evidente, no es menos cierto que de nuestra educación e instrucción se ha descuidado siempre, causa que justifica esa inferioridad intelectual en los presentes momentos, y por consiguiente, esa debilidad trivial e nosotras; pero esto no es que nuestra masa encefálica sea más reducida que la del hombre, pues demasiado sabemos que opiniones autorizadas de célebres fisiólogos y antropólogos han dado al traste con estas rancias teorías de los enemigos de la emancipación de la mujer. Si la ciencia, la literatura y las artes cuentan sólo en sus filas con un pequeño número de mujeres, es porque al hombre se le ha colocado en un medio superior a de la mujer, y es lógico resultado que la intelectualidad de la mujer resulte inferior, pues esa diferencia de medio lo determina; pero de ningún modo equivale a afirmar que el cerebro femenino sea menos apto para abarcar los dominios de la ciencia, pues si hacemos la antítesis de lo que hasta hoy se ha hecho, poniendo en idénticas condiciones de medio a ambos sexos, esa inferioridad injustamente atribuida a la mujer desaparecerá y junto con esto, se hundirá la hegemonía, el yugo masculino que nos hace esclavas.
Mientras más se obstaculice la instrucción y educación de la mujer, mas tardará y hará imposible implantar la sociedad libre que tanto anhelamos, objeto de nuestros amores y sacrificios. Tratemos de realizar lo que tan acertadamente señaló Condercet:
Cuando se instruye a un niños, se prepara un hombre instruido; pero cuando se instruye a una niña, se elabora la instrucción de una familia; y nada hay más lógico que esto, puesto que es la mujer la que cultiva la educación de sus pequeñuelos cuando se hace madre.
Si, es verdad queremos que la felicidad sea un hecho, que la tiranías se acaben, que el baluarte de los zánganos caiga hecho trizas; emancipad a la mujer arrancando esa venda patriótica que pervierte sus sentimientos morales, romped el velo fatídico del fanatismo religioso que las idiotiza y habréis roto los puntales que sostienen esta sociedad aborto del crimen."
Periódico Verba Roja. Chile 1920. Mujeres anarquistas del 1900.
Isolina Borquez.
Isolina Borquez.
Un Saludo a todas las mujeres que conozco, con las cuales trabajo y con las que he compartido un pequeño pedazo de mi vida y no olvidar a todas la blogueras guapas que visitan este Humilde Blog.
miércoles, enero 30, 2008
Ruptura III: El Final

Primera Parte:
Segunda Parte:
Llevábamos dos meses y medio de relación, las cosas funcionaban entre nosotros, me sentía cómodo con ella. Mi problema comenzaba cuando volvía a la soledad de mi hogar.
Los sábados llegaba a su departamento de providencia a las 16:30 aproximadamente, nos saludábamos y nos poníamos a ver películas infantiles con Pablito su hijo de tres años, él cantaba y bailaba al ritmo de las imágenes, mientras nosotros nos recostábamos en la cama, nos abrazábamos y acariciábamos, de vez en cuando Pablito dejaba de prestar atención a la pantalla, se acercaba a nosotros y regaloneaba junto a nuestros cuerpos.
La Relación con Pablito no fue fácil, y en realidad nunca le otorgué mucha importancia en hacerme el simpático con él. La primera vez que lo conocí fue en un paseo a la playa, se escondió detrás de la falda de su madre y cuando ella lo dejó sólo para ir a prepararle el biberón, me observó con sus lindos ojos cafés, se corrió su pelo de la cara, se acercó y me golpeó con una patada en las canillas, desde ese momento lo comencé a ignorar, era completamente indiferente.
Realmente no sé cuando las cosas cambiaron, cuando fue el punto de quiebre entre nosotros, sin darme cuenta Pablito me abrazaba y me decía con total desparpajo que me quería y extrañamente sus sentimientos primitivos eran correspondidos. Jugábamos fútbol, le enseñaba a pegar patadas, a boxear, me gustaba mostrarles las cosas incorrectas y que no deben realizar los niños. Pablito era un verdadero acróbata, se lanzaba de las escaleras a mis brazos sin una pizca de temor, sinceramente comenzaba a encariñarme mucho con ese niño. Pero había un problema, no deseaba cumplir un rol paterno, tampoco buscaba formar una familia, aún era muy egoísta para embarcarme en semejante empresa. Era un rollo mío, pues ese rol nunca me lo designaron, su madre nunca me vio con esos ojos.
Por otro lado, la relación de Helena con su ex pareja, funcionaba, a medias pero funcionaba. El Lucho Pérez ( Tenía el mismo nombre que el gran héroe de la final de la libertadores del año 1991, cuando convirtió los dos goles del triunfo sobre Olimpia de Paraguay, en el campeonato continental de Colo-Colo) era un artista de talento, sus obras eran reconocidas en los círculos intelectuales del oficialismo, pero siempre vivía en la pobreza y al borde del alcoholismo, solo se controlaba por el amor infinito hacia su hijo. Pero en el ámbito económico no aportaba ni con el vuelto del pan. Además siempre decía que se iría a Francia, que ahí reconocerían su talento como documentalista y cineasta. A pesar del gran nombre que poseía la ex pareja de Helena, sentía que el Lucho era un insoportable petulante, con él ni a misa.
Nunca he sido un obsesionado con el sexo, reconozco mis carencias y saco partido a mis fortalezas, entonces no me enrollo demasiado. Pero en ese ámbito me sentía cómodo, parecía que Helena lo disfrutaba, y yo me sentía satisfecho, realmente la cochinada estaba bien.
Los sábados llegaba a su departamento de providencia a las 16:30 aproximadamente, nos saludábamos y nos poníamos a ver películas infantiles con Pablito su hijo de tres años, él cantaba y bailaba al ritmo de las imágenes, mientras nosotros nos recostábamos en la cama, nos abrazábamos y acariciábamos, de vez en cuando Pablito dejaba de prestar atención a la pantalla, se acercaba a nosotros y regaloneaba junto a nuestros cuerpos.
La Relación con Pablito no fue fácil, y en realidad nunca le otorgué mucha importancia en hacerme el simpático con él. La primera vez que lo conocí fue en un paseo a la playa, se escondió detrás de la falda de su madre y cuando ella lo dejó sólo para ir a prepararle el biberón, me observó con sus lindos ojos cafés, se corrió su pelo de la cara, se acercó y me golpeó con una patada en las canillas, desde ese momento lo comencé a ignorar, era completamente indiferente.
Realmente no sé cuando las cosas cambiaron, cuando fue el punto de quiebre entre nosotros, sin darme cuenta Pablito me abrazaba y me decía con total desparpajo que me quería y extrañamente sus sentimientos primitivos eran correspondidos. Jugábamos fútbol, le enseñaba a pegar patadas, a boxear, me gustaba mostrarles las cosas incorrectas y que no deben realizar los niños. Pablito era un verdadero acróbata, se lanzaba de las escaleras a mis brazos sin una pizca de temor, sinceramente comenzaba a encariñarme mucho con ese niño. Pero había un problema, no deseaba cumplir un rol paterno, tampoco buscaba formar una familia, aún era muy egoísta para embarcarme en semejante empresa. Era un rollo mío, pues ese rol nunca me lo designaron, su madre nunca me vio con esos ojos.
Por otro lado, la relación de Helena con su ex pareja, funcionaba, a medias pero funcionaba. El Lucho Pérez ( Tenía el mismo nombre que el gran héroe de la final de la libertadores del año 1991, cuando convirtió los dos goles del triunfo sobre Olimpia de Paraguay, en el campeonato continental de Colo-Colo) era un artista de talento, sus obras eran reconocidas en los círculos intelectuales del oficialismo, pero siempre vivía en la pobreza y al borde del alcoholismo, solo se controlaba por el amor infinito hacia su hijo. Pero en el ámbito económico no aportaba ni con el vuelto del pan. Además siempre decía que se iría a Francia, que ahí reconocerían su talento como documentalista y cineasta. A pesar del gran nombre que poseía la ex pareja de Helena, sentía que el Lucho era un insoportable petulante, con él ni a misa.
Nunca he sido un obsesionado con el sexo, reconozco mis carencias y saco partido a mis fortalezas, entonces no me enrollo demasiado. Pero en ese ámbito me sentía cómodo, parecía que Helena lo disfrutaba, y yo me sentía satisfecho, realmente la cochinada estaba bien.
Generalmente nos tomábamos un trago, un vodka con naranja, conversábamos de la vida, del trabajo, sin darnos cuenta, cuando el licor se vaciaba de nuestros vasos, comenzaban los besos a recorrer nuestros cuerpos, sudor, gemidos, y la entrega, las sabanas adoptaban los contornos de su espalda y piernas que se movían a ritmo de los crujidos de la cama. La penetraba fuertemente y sus secreciones recorrían mi entrepierna. Apuraba el ritmo y me detenía en sus ojos para leer su placer, cambiábamos de postura, ella apoyaba su cara en las almohada y entraba por detrás, posaba mis manos en sus caderas, sus espalda me mostraba músculos y formas que no conocía, que hablaban y se estiraban por el placer. Solo era cuestión de tiempo que uno de los dos terminara.
Una vez calmado y recostados desnudos en la cama ella me besaba y se retiraba a dormir con su hijo.
Cuando me juntaba con Ernesto a conversarnos un trago, siempre salía el tema de las mujeres.
Él estaba en una crisis, llevaba cuatro años de una intensa relación con Mónica, él me confesaba que en la intimidad de la cama se relacionaban a la perfección, sexo salvaje, la cama era su lugar de comunión.
Pero la vida no era sólo sexo. Su cotidianidad era un batalla, no existía un día que no tuvieran un conflicto, lo celos era la principal causa.
Cuando Ernesto y Mónica caminaban por las calles del centro de Santiago, la normalidad desaparecía, los peligros de conflictos se deslizaban por todas las avenidas. Se aproximaba a unos diez metros por Ahumada una mujer de cabellos castaños de traje negro ejecutivo, contorneándose con sensualidad y éxito, con un cuerpo ardiente. Ernesto la divisó desde lejos, la sintió atractiva, pero también la intuyó como un problema. La atractiva ejecutiva de piel morena y cabello castaño, atravesó por la calle al costado de Ernesto y él miró hacia el frente evitando cualquier contacto, sin embargo Mónica midió cada pisada de la atractiva ejecutiva, contó sus pasos, sintió su sensualidad andante, y clavó sus ojos en Ernesto, calculando hasta el mínimo movimiento de su amante pareja, el contacto entre él y la ejecutiva debía ser nulo, no debía existir. Solo la presencia de ella en su camino despertó la inseguridad de Mónica desatando sus celos.
!Deberías darte con una piedra en el pecho por tener a una novia tan bonita como yo¡- dijo enojada Mónica.
De esas simples rabietas estaba harto, Ernesto no podía vivir sin tener problemas con Mónica, tarde temprano tenían que romper su compromiso.
Ernesto necesitaba un cambio. Esa sensación de transformación hizo que me cuestionara, yo también necesito cambiar la página de mi vida, me siento cómodo con Helena, pero eso no me basta. Necesito nuevas batallas, romper con la rutina, quiero golpes en mi corazón, estoy cansado de está calma.
Ernesto necesitaba un cambio. Esa sensación de transformación hizo que me cuestionara, yo también necesito cambiar la página de mi vida, me siento cómodo con Helena, pero eso no me basta. Necesito nuevas batallas, romper con la rutina, quiero golpes en mi corazón, estoy cansado de está calma.
¿Pero cómo termino la relación?, ¿qué hago para que ella no sufra?, ¿puedo evitar ese sufrimiento?
Le digo la verdad, o la encubro con pequeñas mentiras. Como confesar que la rutina mató mi pasión, y que veo que nuestro planes de vida son distintos. Que no estoy dispuesto a un cambio para sustentar está relación.
Cuando terminé la botella, los dos quedamos convencidos que debíamos terminar nuestras relaciones amorosas y comenzar una nueva etapa de juerga y búsqueda.
Me dirigí a Santiago dispuesto a terminar con Helena, no pude hacer otra cosa que mentir. Me escudé en mi maldito miedo al compromiso.
Adiós Helena, te quise, pero esta despedida es para siempre. ¿ O no?
domingo, enero 20, 2008
Experimento
Siempre me a causado curiosidad la aparición de nuevas palabras en nuestro vocabulario. Esa situación me obligó a realizar un experimento en el extremo del país (Arica, lugar donde estuve de vacaciones), a un colega de Alto Auspicio (Iquique) le comenté una idea de tratar de masificar un concepto u palabra, seguirla y ver su expansión, concordó con la idea y dijo que comenzaría utilizarla en sus alumnos y veriamos cuanto tiempo se demoraba esa palabra en llegar a Santiago.
la Palabra o modismo que utilizaremos es Okinawa para decir esta bién u Okey, así hoy registro que mandamos una pequeña odisea linguística. si la eschucan en algún momento próximo ya saben su ocioso origen.
adios a todos los colegas.
Okinawa ciudad Japonesa, suena divertido y contradictorio para utilizarla por un modismo yankee
la Palabra o modismo que utilizaremos es Okinawa para decir esta bién u Okey, así hoy registro que mandamos una pequeña odisea linguística. si la eschucan en algún momento próximo ya saben su ocioso origen.
adios a todos los colegas.
Okinawa ciudad Japonesa, suena divertido y contradictorio para utilizarla por un modismo yankee
miércoles, enero 02, 2008
Sexo casual por MNS

La conoció a través de un Chat. Su nombre era Gabriela pero le gustaba que le dijeran Gaby, la conversación fue extravagante, dejaban fluir sus pensamientos sin mucha lógica, cosas que divertía a los dos solitarios jóvenes, más que pláticas era un juego de ingenio al borde del delirio, de esa forma se dieron cuenta que eran similares en su forma de ver el mundo. Después de un tiempo decidieron conocerse en persona y para ello se reunieron en un lugar neutral, que mejor que la plaza Italia. Roberto la esperaba sentado en una cuneta mientras tomaba agua mineral con gas. La vio cruzar la calle con un vestido negro, una calzas de color celeste, grandes lentes oscuros y un cintillo morado que ocultaba su peinado estilo okupa. Se saludaron y miraron a los ojos.
-Eres pequeña, realmente pequeña- dijo Roberto.
- Que eres simpático.
- lo sé. Tú eres chica pero guapa- se disculpó él
Fueron a beber unas cervezas a las terrazas de los bares de Bellavista. Ella sitió una química muy fuerte con la piel del moreno varón. Roberto lucía relajado frente a la desbordante personalidad de Gaby. Dejaron el bar y fueron al parque forestal.
En una plazoleta del Forestal un borracho les regaló un poema, él le pasó 100 pesos al beodo, agradecido el poeta maldito quiso realizar un truco de magia para Gabriela, ella asustada se escondió detrás de la espalda de Roberto y tocó suavemente sus brazos mientras él miraba fijamente al borrachín con intensión de espantarlo. Después de concretado su número artístico el borracho se fue y Roberto besó a Gabriela con pasión.
Él la invitó a su departamento, bebieron más cervezas, hablaron de sus ex – novios y de sus cuentas pendientes en el amor, una vez libres de culpas hicieron el amor varias veces. A la mañana Gabriela se levantó temprano y se escapo del departamento, sin explicación.
Días después Roberto la encontró en su mns. La saludó y conversaron de cosas triviales hasta que se decidió tocar temas importantes.
- El otro día te escapaste, ¿por qué?
-No sé, no lo pude evitar, creo… que tuve miedo- contestó Gabriela
- No te gustó como hicimos el amor.
- Si me gusta el sexo.
- ¿Estas arrepentida?
- Lo hecho, hecho está.
- pero hicimos el amor a lo bestia.
- Si…mmm xD- contestó Gabriela con un emoticon.
-Eres pequeña, realmente pequeña- dijo Roberto.
- Que eres simpático.
- lo sé. Tú eres chica pero guapa- se disculpó él
Fueron a beber unas cervezas a las terrazas de los bares de Bellavista. Ella sitió una química muy fuerte con la piel del moreno varón. Roberto lucía relajado frente a la desbordante personalidad de Gaby. Dejaron el bar y fueron al parque forestal.
En una plazoleta del Forestal un borracho les regaló un poema, él le pasó 100 pesos al beodo, agradecido el poeta maldito quiso realizar un truco de magia para Gabriela, ella asustada se escondió detrás de la espalda de Roberto y tocó suavemente sus brazos mientras él miraba fijamente al borrachín con intensión de espantarlo. Después de concretado su número artístico el borracho se fue y Roberto besó a Gabriela con pasión.
Él la invitó a su departamento, bebieron más cervezas, hablaron de sus ex – novios y de sus cuentas pendientes en el amor, una vez libres de culpas hicieron el amor varias veces. A la mañana Gabriela se levantó temprano y se escapo del departamento, sin explicación.
Días después Roberto la encontró en su mns. La saludó y conversaron de cosas triviales hasta que se decidió tocar temas importantes.
- El otro día te escapaste, ¿por qué?
-No sé, no lo pude evitar, creo… que tuve miedo- contestó Gabriela
- No te gustó como hicimos el amor.
- Si me gusta el sexo.
- ¿Estas arrepentida?
- Lo hecho, hecho está.
- pero hicimos el amor a lo bestia.
- Si…mmm xD- contestó Gabriela con un emoticon.
- Fui un león x) –contestó Roberto con orgullo de macho en celo
- Es verdad fuiste una bestia… pero un conejo :S - Dijo ella con sarcasmo.
Roberto sintió una vergüenza enorme y la borró de su lista de contactos del mns.
lunes, diciembre 24, 2007
Bolero de un amor pequeño
Fabiola era una adolescente que aparentaba una edad madura, no parecía tener 16 años. Usaba el pelo corto con un tinte azabache, sus facciones toscas y rectas le otorgaban un aire de seriedad y sus ojos otoñales de hojas secas una mirada melancólica. Sus compañeros la consideraban una adelantada en las materias del amor, aunque en su interior era una niña frágil y sensible.
Ella comenzó a tener problemas en el colegio, bajó sus calificaciones y mostraba una actitud apática y desganada, como si estuviera aburrida de las presiones de la vida.
La profesora Susana decidió llamar a su apoderada. Había descubierto una verdad que explicaba el drástico cambio de conducta de Fabiola.
La madre de Fabiola llegó temprano en la mañana a conversar con la profesora jefe.
Desde una silla de la oficina Fabiola observaba el lugar con la seguridad que iba a experimentar un momento desagradable.
La incomodidad y la tensión se sentía en la sala de atención de apoderados. La profesora jefe movía sus manos y la pasaba por su cabello. No sabía cual era la mejor manera de contar lo que sabía.
- Sabe señora María… tenemos problemas con su hija, ha bajado su rendimiento y cambiado su conducta- Dijo la profesora con un tono de voz implacable- Creemos saber cual es la razón de dicho cambio.
- Dígame qué pasa profesora, y no me asuste-dijo la madre angustiada.
- Su hija está saliendo con un enano.
-Fabiola comenzó a susurrar su llanto, las lagrimas brotaban de sus ojos, ella se las secaba con la manga de su camisa blanca.
-¿Con un enano de circo?- repitió la madre totalmente descontrolada.
- No señora María, con una persona de baja estatura, cerca del metro cincuenta- La profesora exageró la altura para calmar a la madre.
- Pero eso no es lo peor señora María… ese hombre pequeño es mayor de edad.
-¿Cuántos años tiene?- dijo la madre levantando la voz
- 30 años… pero eso no es lo más grave.
-¿Qué más grave puede haber?
- Es que... ese hombre sufre de vejez prematura, aparente unos 45 años.
- Chiquilla de mierda, cómo me puedes hacer eso- dijo la madre estallando en llanto.
-Cálmese señora.
- Cómo me pide que me calme si mi hija se metió con un vejestorio en miniatura.
- No es un vejestorio- replicó Fabiola- Es el hombre que amo.
- Cállate mocosa.
- Pedro me hizo mujer, me dio cariño, cosa que tú nunca hiciste.
- Chiquilla de porquería… nunca más volverás a ver la luz de sol, te voy a quitar el celular, y el computador, solo irás de la casa al colegio.
- Eso es lo que tú crees mamá.
- Por favor calmémonos- dijo la profesoras tratando de poner cordura y serenidad. La profesora Susana esperó que Fabiola y su madre dejaran de llorar para continuar hablando- mira Fabiola, lo único que tú puedes hacer es dejar a ese hombre, si no lo haces me veré en la obligación de denunciarlo a la policía y se irá preso, por estupro y abuso de menores. ¿Tú sabes como reciben los internos a esos reos?
-Sí profesora, sé.
¿Tú quieres que le suceda eso?
- No quiero.
Entonces tendrás que dejarlo y no verlo nunca más. Si lo vemos rondando el colegio lo denunciaremos.
La profesora se sintió más tranquila y aliviada al contar la verdad. Contempló el llanto de sus acompañantes, deseó llorar pero se aguantó y despido a la madre y a su hija esperando no volver a verla nunca más.
Ella comenzó a tener problemas en el colegio, bajó sus calificaciones y mostraba una actitud apática y desganada, como si estuviera aburrida de las presiones de la vida.
La profesora Susana decidió llamar a su apoderada. Había descubierto una verdad que explicaba el drástico cambio de conducta de Fabiola.
La madre de Fabiola llegó temprano en la mañana a conversar con la profesora jefe.
Desde una silla de la oficina Fabiola observaba el lugar con la seguridad que iba a experimentar un momento desagradable.
La incomodidad y la tensión se sentía en la sala de atención de apoderados. La profesora jefe movía sus manos y la pasaba por su cabello. No sabía cual era la mejor manera de contar lo que sabía.
- Sabe señora María… tenemos problemas con su hija, ha bajado su rendimiento y cambiado su conducta- Dijo la profesora con un tono de voz implacable- Creemos saber cual es la razón de dicho cambio.
- Dígame qué pasa profesora, y no me asuste-dijo la madre angustiada.
- Su hija está saliendo con un enano.
-Fabiola comenzó a susurrar su llanto, las lagrimas brotaban de sus ojos, ella se las secaba con la manga de su camisa blanca.
-¿Con un enano de circo?- repitió la madre totalmente descontrolada.
- No señora María, con una persona de baja estatura, cerca del metro cincuenta- La profesora exageró la altura para calmar a la madre.
- Pero eso no es lo peor señora María… ese hombre pequeño es mayor de edad.
-¿Cuántos años tiene?- dijo la madre levantando la voz
- 30 años… pero eso no es lo más grave.
-¿Qué más grave puede haber?
- Es que... ese hombre sufre de vejez prematura, aparente unos 45 años.
- Chiquilla de mierda, cómo me puedes hacer eso- dijo la madre estallando en llanto.
-Cálmese señora.
- Cómo me pide que me calme si mi hija se metió con un vejestorio en miniatura.
- No es un vejestorio- replicó Fabiola- Es el hombre que amo.
- Cállate mocosa.
- Pedro me hizo mujer, me dio cariño, cosa que tú nunca hiciste.
- Chiquilla de porquería… nunca más volverás a ver la luz de sol, te voy a quitar el celular, y el computador, solo irás de la casa al colegio.
- Eso es lo que tú crees mamá.
- Por favor calmémonos- dijo la profesoras tratando de poner cordura y serenidad. La profesora Susana esperó que Fabiola y su madre dejaran de llorar para continuar hablando- mira Fabiola, lo único que tú puedes hacer es dejar a ese hombre, si no lo haces me veré en la obligación de denunciarlo a la policía y se irá preso, por estupro y abuso de menores. ¿Tú sabes como reciben los internos a esos reos?
-Sí profesora, sé.
¿Tú quieres que le suceda eso?
- No quiero.
Entonces tendrás que dejarlo y no verlo nunca más. Si lo vemos rondando el colegio lo denunciaremos.
La profesora se sintió más tranquila y aliviada al contar la verdad. Contempló el llanto de sus acompañantes, deseó llorar pero se aguantó y despido a la madre y a su hija esperando no volver a verla nunca más.
martes, diciembre 11, 2007
Animal Planet

Terminado el festín contemplo el horizonte.
Un animal hastiado de la sangre
se revuelca en el lodo para sentir
el instinto del depredador
inhalar el ardor de la maleza
contener el ímpetu en la espera.
su mirada penetrante que marcha
deviene en velocidad, musculatura y polvo,
sus dientes clavados en la carne.
al despertar por la vorágine de la selva
¿cómo te explico que te quiero?
lunes, noviembre 26, 2007
Resaca culposa después de un viaje por el tiempo


Siento que el agua agoniza en mis entrañas, el malestar espiritual se posiciona en mi cabeza como un gran mural de la Brigada Ramona Parra, estampando sus imágenes de rostros desquiciados, deformes, llenos de terror y locura, facciones toscas, rojizas y deformes que me gritan.
- estas perdido…
- estas perdido…
-loco vas por la senda equivocada…
Estás loco… loco … loco y solo… sólo … sólo… así nadie te va amar jamás… jamás, jamás...
-cuidado con el anarquista enemigo del pueblo
Esas palabras giran en mi mente como un remolino de agua de un servicio higiénico. La mierda flota en los fluidos amarillentos resistiendo al destino inmisericorde de la cadena, mierda prisionera de la celda de inmaculada loza.
Siento que el vacío espiritual me acompaña hace años, no puedo sacarme el lastre de no encajar en el molde social o será la carga genética que me predispone a la bebida. Seré victima de los brindis de mis antepasados, aunque sea así los libero de culpa. La bebida por cierto no es la verdadera culpable, solo es un síntoma de mi desesperación.
La desesperación de no tenerte.
De haberte perdido.
Te necesito y no estás.
Te extraño y no estás.
Te deseo y no estás.
No recuerdo tu cara y tampoco tu cuerpo. Qué amaré, qué se ama. Que amé.
Amé la posibilidad de un futuro contigo.
Amé el placer de tu carne.
Amé tu imagen.
Amé tu necesidad.
En estos momentos de locura pos etílica me gustaría pensar que amé los encuentros y la entrega aunque en realidad no tengo la más puta idea.
A veces pienso que la culpa es mi única manera de renovar mi espíritu, la culpa es para mi más importante que el dolor, o es una variante del dolor que se disfraza de culpa. Creo que esa sensación de incertidumbre en mi forma hueona de aprender de los sinsabores del alma, una forma de lectura braile para mi sensibilidad. La culpa me impulsa como una maquina del tiempo, comienzo a beber, desaparezco y aparezco en otro lugar sin saber por qué y toda esa ausencia de recuerdos y de seguridad me envía a una parcela de mi infierno.
Te amé…pero anoche igual me lancé a todas en busca de placer disfrazado de desesperación de delirum termens, buscando a mi amada inmortal y como vil hueón para variar me quedé sin nada… sólo con mis dolores culposos de mi maldita resaca.
Esas palabras giran en mi mente como un remolino de agua de un servicio higiénico. La mierda flota en los fluidos amarillentos resistiendo al destino inmisericorde de la cadena, mierda prisionera de la celda de inmaculada loza.
Siento que el vacío espiritual me acompaña hace años, no puedo sacarme el lastre de no encajar en el molde social o será la carga genética que me predispone a la bebida. Seré victima de los brindis de mis antepasados, aunque sea así los libero de culpa. La bebida por cierto no es la verdadera culpable, solo es un síntoma de mi desesperación.
La desesperación de no tenerte.
De haberte perdido.
Te necesito y no estás.
Te extraño y no estás.
Te deseo y no estás.
No recuerdo tu cara y tampoco tu cuerpo. Qué amaré, qué se ama. Que amé.
Amé la posibilidad de un futuro contigo.
Amé el placer de tu carne.
Amé tu imagen.
Amé tu necesidad.
En estos momentos de locura pos etílica me gustaría pensar que amé los encuentros y la entrega aunque en realidad no tengo la más puta idea.
A veces pienso que la culpa es mi única manera de renovar mi espíritu, la culpa es para mi más importante que el dolor, o es una variante del dolor que se disfraza de culpa. Creo que esa sensación de incertidumbre en mi forma hueona de aprender de los sinsabores del alma, una forma de lectura braile para mi sensibilidad. La culpa me impulsa como una maquina del tiempo, comienzo a beber, desaparezco y aparezco en otro lugar sin saber por qué y toda esa ausencia de recuerdos y de seguridad me envía a una parcela de mi infierno.
Te amé…pero anoche igual me lancé a todas en busca de placer disfrazado de desesperación de delirum termens, buscando a mi amada inmortal y como vil hueón para variar me quedé sin nada… sólo con mis dolores culposos de mi maldita resaca.
jueves, noviembre 22, 2007
Grandes Pensadores II
"Hay dos tipos de hombres:
Los que se lavan las manos antes de mear
y los que se las lavan después.
Yo, me las lavo antes.
¿Por qué?, dirás.
Porque mi polla es sagrada.
Hay que reverenciarla. Oooooh..!
¡Es el centro del universo mundial!
¡La manguerita de la alegria!
Tú deberías hacer lo mismo."
Torrente " El Brazo torpe de la ley", película española con Santiago Segura.
Los que se lavan las manos antes de mear
y los que se las lavan después.
Yo, me las lavo antes.
¿Por qué?, dirás.
Porque mi polla es sagrada.
Hay que reverenciarla. Oooooh..!
¡Es el centro del universo mundial!
¡La manguerita de la alegria!
Tú deberías hacer lo mismo."
Torrente " El Brazo torpe de la ley", película española con Santiago Segura.
Grandes Pensadores I
"Lo interesante de escribir es buscar la belleza donde otros no la ven y permitirse ser cruel sin sentir culpa..."
Roberto carvallo.
Roberto carvallo.
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