martes, diciembre 27, 2005

Cuento de Hadas falaz, post-modernista, anarquista, de un hueón que aspira a Principe azul porque quiere comerse a una Cenicienta Peliroja.(nº 2)

No sé porqué me impacta tanto la presencia de esta joven de cabellos rojos, me sobrepasa, no encuentro explicación que me satisfaga y no puedo conformarme. Es verdad que son pocas las mujeres bellas en estos eventos y que la mayoría de las jovencitas que asisten a las tocatas punks no se caracterizan por ser atractivas. Como se dice vulgarmente son lo que botó la ola. Por lo general acostumbran a ser gordas buenas para el copete o flacas raquíticas con rostros extraviados, supongo que el factor común es que muchas de ellas han sido ignoradas gran parte de sus cortas vidas, en el colegio, el barrio y hasta en sus propias familias, por lo tanto hacen de la fealdad un culto, algo que les da un sentido de pertenencia, por lo cual se juntan con otros supuestos desechados y se burlan de la normalidad. Pero esta mina punk, la de la melena roja, es un cuerazo, esas ganas de afearse la hacen más atractiva.

No puedo dejar de mirarla. Ella despierta mi imaginación, mi mente se revoluciona, y no son los pitos, no es el trago, no es el maldito aire del lugar, talvez sí, pero sé que esa no es la causa. Tengo la certeza que debe ser una mujer de un complejo mundo espiritual, quizás hasta autodestructivo. Deseo que sea el tipo de mujer que busca la belleza en el abandono, que encuentre lo aparentemente grotesco como una sustancia hermosa. Por eso quiero que me conozca.


Me encanta como se mueve. Ella menea sus caderas sin ganas, y sus brazos se alzan al cielo para luego depositarse sin fuerza sobre su cabeza. Parece que fuera radiactiva, nadie a su alrededor se acerca vigorosamente, no la tocan, no la empujan, no la alcanzan. Ella mira el escenario y canta junto a Ciro, a veces mira al cielo y cierra sus ojos, pero sigue cantado. Su cuerpo se mueve pausadamente y me dan ganas de abrazarla, de estrecharla fuertemente entre mis brazos. Veo a un joven de polera a rayas que esta tomando vino en caja de tetra pack, me acerco decidido y con cara de malo le pido un trago, él me queda mirando con recelo y me pasa la caja sin decir palabra, tomo un sorbo como si fuera el último de mi vida. Y ella sigue cantando.

Ella es distinta a todas, a todas las demás / Ningún chico pudo con ella y ningún chico podrá / Ella va a la cancha, nadie la comprenderá / Ni siguieran la comprenden las chicas de su edad / Siempre esta sola en la cancha / Apartada de los demás / Mira el partido mientras canta /Siempre es la misma canción. / Ella evito las drogas no tiene tiempo demás / Ella no busca su amor va directo a lo mejor / Goza pasando el tiempo aferrada al alambrado / Ella se siente mujer, no la pueden vulnerar / Siempre esta sola en la cancha / Apartada de los demás / Mira el partido mientras canta / Siempre es la misma canción / Dale o, dale o, dale o ponga huevos que aquí no pasa nada / Los huevos del equipo, los huevos de la hinchada / Dale boca que vamos a ganar.

Han pasado tres temas, escupo saliva morada, tengo la boca áspera, me siento algo ansioso, pero sé que este es el momento, es ahora o nunca. Me acerco, la miro a los ojos, ella parece no verme, estoy a dos metros. Quiero sentir su olor a sudor. Me detengo y trato de pensar una frase que sea ingeniosa, aunque ese tipo de palabras no abundan en mi boca, menos cuando estoy excitado. Me acerco a ella, establezco contacto visual, me queda mirando con sus ojitos achinados.


La pausa que se produce entre temas, me obliga a detenerme a un metro de su pálida presencia, el público grita y aplaude satisfecho. Ella no se ha dado cuenta que estoy tan cerca, miro sus brazos, lleva un brazalete en la muñeca izquierda con unos remaches cuadrados, y su antebrazo esta cubierto por cicatrices, tiene más de una decena, mis ojos se depositan fijamente en ellas.

Mi insistente mirada parece haberla ofendido, pone sus brazos en jarra y furiosa me increpa.

-¿ Qué miras imbecil?
-tus cicatrices- contesto tranquilamente.
-¡te parecen divertidas pedazo de mierda¡-dice mientras mete su mano derecha en el bolsillo trasero de su pantalón.
- me parecen hermosas- digo mirándola tímidamente a los ojos.
-¿Qué onda, estas loco?
- Sí un poco.

Las luces del escenario giran, los Attaque 77 continúan a cien, la juguera humana sigue moliendo cuerpos y nosotros estamos ahí, hombro con hombro, escudriñando nuestro silencio, acompañándonos a pesar del ruido ensordecedor, del humo, de los empujones de los ebrios y de la pesada atmósfera de sudor y marihuana.

-Hola, mi nombre es Evaristo -digo con seguridad.

Ella me mira y asiente con su cabeza, después como si quisiera disculparse de algún chiste me regala una sonrisa de niña traviesa.

-¿Señorita me deja terminar lo que quiero decir?- digo haciéndome el enojado.
-si, por supuesto dime – dice la pelirroja- gracias por lo de señorita.
-De nada –digo confundido- ¿en que estaba?, ah, lo que te quería decir, es que creo instuyo tu locura y no pude resistir las ganas de saber tu nombre.

Ella se ríe de mis frases rebuscadas. Su vista se dirige hacia el escenario, observa a su alrededor como si estuviera buscando a una persona y después me mira.

-¿tenias ese discurso preparado?, a todas le debes decir lo mismo.

-No para nada, realmente siento eso.

- no seas mentiroso.




Ella me mira con desconfianza da un paso hacia tras y me vuelve a observar, piensa en algo, en eso momentos me siento con si estuviera en la prueba más importante de mi vida. Se acerca hacía mí y me contesta con una voz gastada de tanto cantar.

-Hola, mi nombre es Trinidad.
Ella me estira su mano y nos saludamos, como si alguien nos estuviera presentando.

- ¿puedo hacerte una pregunta Trinidad?
-por supuesto Evaristo- dice con un tono lúdico.
-¿Puedo llamarte Trini?- digo mirándola a los ojos.
- Claro, todos me llaman así –dice con indiferencia.
- me refiero a si puedo llamarte por teléfono.
-que eres patudo- dice frunciendo el ceño.
-disculpa, no quiero que piense que soy un patudo, quiero ser directo, y sólo quiero descifrar tu misterio.
-¿y que misterio crees que escondo?- dice con un tono de voz nervioso.
- El de apreciar la belleza en las cosas que parecen grotescas.
-¿y por qué crees saber eso de mí?- dice, mirándome a los ojos.
- realmente no lo sé -
- en serio piensas eso de mí- dice coquetamente- no estarás tratándome de engrupir.
- crees que alguien feo como yo, se atrevería a hablarle a una mujer tan enigmática como tu, si no estuviera seguro de lo que siento- digo gesticulando como un caballero.
-si debo reconocerlo eres todo un caballero -dice Trini mientras me ofrece su mano-, no todos poseen esa calidez y facilidad de palabra que tu tienes, además no eres tan feo.

Su mano y la mía se enlazan, no quiero soltarla, pero lo hago. Ella me trata con confianza como si nos conociéramos de tiempo, eso me hace sentir seguro. Pero siento que me empujan, me doy vuelta a observar y el gordo infeliz, el maldito de la bengala, se queda frente a mí, y sin decir palabra me encaja flor de cornete, me tira al suelo y me golpea con sus bototos en el estomago. Después de unos segundos de inconsciencia, trato de sacarme el dolor de encima, observo que a mí alrededor, no está el guatón maldito, no está la Trin,i y un grupo de pendejos tratan de levantarme del piso, me dan un poco de vino y se retiran. Una vez repuesto trato de encontrar a Trini, pero sólo esta la juguera humana y cinco mil personas que se están disfrutando la música. En estos momentos tocan unos de sus nuevos éxitos. Salgo corriendo y me meto a la juguera a patear uno que otro culo, esto no me hará sentir mejor, bueno, creo que sí.
Fin de Segunda Parte...

domingo, diciembre 18, 2005

Cuento de Hadas falaz, post-modernista, anarquista, de un hueón que aspira a Principe azul porque quiere comerse a una Cenicienta Peliroja.(nº 1)

Estoy sentado en el paradero de avenida Matta con San Diego. Debajo de mi chaqueta de mezclilla llevo una botella de cerveza. Miro a todos lados, cuando me aseguro que ningún carabinero esta a mí alrededor bebo un largo y contundente sorbo de Escudo. A pesar que falta una hora para que comience la tocata de "Los Attaque 77" siento que el tiempo me falta, que mi cuerpo es dominado por una sensación que lo impulsa a correr. Tomo otro sorbo de cerveza y trato de tranquilizarme. Por la calle la locomoción fluye, el espectáculo sucede en otro lado, quizás en el espacio que va desde la berma hasta las edificaciones. La vereda norte de Matta es transitada por una serie punketas, de todos los estilos, con vestimentas que parecen disfraces, pero lo más sorprendentes son los tipos que llevan la cara pintada como calavera, parecen almas en pena circulando por el viejo barrio de San Diego. Cuando observo el aspecto extravagante de la juventud que se apresta a ver a la mítica banda de punk Argentina, me siento un ser raro, demasiado normal para estar aquí solo en medio de tantos mohicanos, chaquetas de cueros, puntas, remaches metálicos, bototos de milicos y ojos extraviados. Bebo rápido mi litro de cerveza. Quiero estar borracho. Por un momento deseo ser igual que todos estos mal paridos.


Los Attaque 77 salen al escenario del Teatro Monumental a eso de las nueve de la noche, la euforia explota en todos los sectores del teatro. El potente alarido de cinco mil personas recibe a la legendaria banda. Con el primer riffs de guitarra de la canción “Hay una bomba en el Colegio” la gente de la cancha se alborota, y se mueve frenéticamente en su propio eje, al aumentar la intensidad de la música los fanáticos tratan de abarcar el máximo del espacio posible, y se desplazan por donde se les antoja, con una pasión que revuelve las entrañas de las masas, cuesta mantenerse en pie, pero el esfuerzo es satisfactorio. La música casi no se escucha por donde me muevo. Lo único que importa es mantenerse en pie y no ser devorado por la multitud que circula a tu alrededor.


Después de cuatro canciones hago el esfuerzo de salir a un costado de la cancha. Me dedico a mirar tranquilamente el espectáculo. Desde aquí se escucha un poco mejor. Desde mi nueva locación observo el lugar en el cual estaba metido. Todo parece una locura. Es impresionante ver como el público gira entorno a un círculo imaginario y se golpean, es una verdadera Juguera humana donde las poleras de color blanco y negro se funden en una masa grisácea. Los torsos exultantes de la masa punk emiten un calor que empapa las prendas de un sudor juvenil, mezclando los hedores de un espíritu adolescente. Con la energía que producen estos jóvenes con su primitivo baile se podría iluminar la ciudad de Santiago por toda una noche. Si la gente vieja y normal nos viera se preguntaría de seguro, cual es la razón para involucrarse en esa vorágine, y la respuesta es muy simple, catarsis. Me gusta estar ahí en el medio, pero ahora estoy algo mareado y cansado. Uno vive esos momentos con una intensidad adictiva y embriagadora, donde sólo se preocupa por seguir la letra de la canción y golpear el cuerpo de la persona que se cruza en tu camino. Algunos buscan un poco de dolor, defenderse, resistir, pero ese no es mi caso. A mí me gusta ir al frente y avanzar como un tractor.

Ciro Petrusi habla contra el racismo y hace un llamado a organizarse y a luchar a favor de un mundo más tolerante. Suena la guitarra y se une la batería, Ciro anuncia “Donde las águilas se atreven” y comienza a cantar. La ovación es espectacular, la gente salta eufórica, no hay nadie que se mantenga en su lugar. No aguanto más mi posición de espectador y me introduzco corriendo al interior del barullo de la juguera humana y canto con voz ronca.

Acércate solo un instante /Escúchame si lo quieres hacer / Toma unos tragos y quizás entonces / Talvez me puedas comprender. / La nueva raza está naciendo / no esperes más vamos únete / al regimiento de pecadores / la calle será nuestra ley. / Podrán pasar mil años, / Veras muchos caer, / Pero si nos juntamos / No nos van a detener.

Hay algo de benévolo en la juguera humana, y es que tú no golpeas a tu compañero para derivarlo, lo haces para que despierte, para que sienta que existe y que es uno más de tantos golpeados. Al que cae en el circulo ya sea por borracho o porque no fue capaz de mantener la intensidad, se lo recoge del suelo, no corre el mismo destino que en la calle, aquí no será dejado a su suerte para ser pisoteado por las tribus urbanas. Tu aceptas al que está a tu lado porqué esa son las reglas del juego, da lo mismo sí es una dama gorda con estrías en el estomago o un delincuente juvenil, mala suerte es así, es el destino, lo empujas y sigues avanzando.

Nunca tuve novia / Y nunca la voy a tener / Nadie quiere a un jorobadito / Nadie lo puede querer / Por eso yo…/ Bailo y bailo sin parar / Mi vida es una historia triste / Bailo y bailo sin parar / Que tienes que reír.

Yo bailo la canción del “Jorobadito”, me muevo de un lado a otro, alegre, con energía. Me saco la polera y meto un extremo en el pantalón, esta cuelga como una cola. Todos se mueven al ritmo de las guitarras. Una Guatón de bototos y sudadera blanca prende una bengala y la mece al aire. Maldito Guatón me quema con una de sus chispas. Me da rabia, le pego una patada y me pierdo en la multitud. Lo observo de reojo, el Guatón busca una victima con quien desquitarse. Maldito Guatón, ahora aprovecho un descuido suyo y le pego un combo en la espalda y un pisotón en los tobillos y me pierdo en la juguera. Creo que he quedado a mano con el Gordo idiota de la bengala, pero igual me mantengo cerca en una de esas lo vuelvo a calzar con un buen golpe.

Ciertamente tenía razón, el Gordo de la bengala es un maldito… ¡suertudo¡ Solamente han pasado dos temas, el fuego de su bengala se extinguió y el infame ya tiene a una preciosa mujer de cabellos rojizos en sus hombros. Ella lleva puesta una polera negra ajustada de los Ramones, usa un ceñidos Levi’s raido, los lleva puestos sin cinturón, lo cual le da un aire descuidado y sexy, además tiene arremangados sus vaqueros hasta las rodillas mostrando sus pantorrillas las cuales están cubiertas con unas medias de franjas negras y rojas, sus piernas son delicadas, su piel es pálida, sus labios son una tentación frutal, sus ojos achinados combinan perfectos con su frágil y perfilada nariz, su belleza es un collage de finas partes sin sentido que forman un todo armónico, es diferente, vivaz y definitivamente preciosa, su exótica humanidad termina en unas zapatillas Converse de lona color negro. Al terminar la canción ella se baja de los hombros del guatón.

lunes, diciembre 12, 2005

El viejo Profesor



Los nudillos
del viejo profesor
son cómplices de los muros
que se vanaglorian
de su impotencia.

Desde su pupitre,
Sus dedos
dibujan mensajes
que bailan al son
de las malas miradas.

En el aula,
Su espalda se enfrenta,
a la desidia
de rostros flagelados,
por la ofensiva frialdad
de los pasillos sin nombre.

Las voces jóvenes,
descansan en los oídos,
que lo acompañan,
ellos son la lapida
de la tumba donde reside
las esperanzas
del viejo profesor.

martes, diciembre 06, 2005

Hoy


Hoy cuestiono mi mundo,
Padezco la crisis
Que bifurca la senda.
Hoy mataría
Y precisamente hoy,
encerrado en el cuarto
Me evoca el sueño,
La necesidad de descubrir
Ese espacio intimo
Que nos separa.
Desgarrar el animo dormido
De tu campo.
Hoy me amparo en la promesa,
en tú promesa
De transformarnos en sudor.
Hoy me defiendo
Con mis garras para no caer,
Claro, conozco el suelo,
el suelo que lima la piel,
su dolorosa voz.
Estoico me afirmo en mi hombría,
Desde ella me clavo a la tierra,
A tú tierra
A nuestra tierra.

lunes, noviembre 28, 2005

Jaque al Rey (capitulo extendido y final de la historia)

Para mi sorpresa yo no era su único invitado, bebimos una cerveza, mientras esperábamos a dos amigas de su trabajo, Bailamos como una hora. Marina no se quiso mover de la puerta hasta que llegaron. Con la presencia de sus compañeras pensé que su actitud iba a cambiar. Mientras tratábamos de conversar Marina se deslizaba insinuante hacia mi boca, pero no la sentía cerca. Estaba extraña, miraba hacia todos lados como si buscará a alguien, algo no fluía bien, Marina seguía coqueteándome, a pesar de eso algo no funcionaba entre nosotros, de un momento a otro me dijo- voy al baño, espérame en la barra- y la mina desapareció, la esperé 45 minutos en la bajada de la puerta del baño ( a unos metros de la barra), hasta aparecieron sus amigas y una de ellas bailó conmigo, y yo la buscaba entre la gente, la amiga de Marina hasta me colocaba su trasero en mi miembro cuando bailaba, se contorneaba sensualmente frente a mi, apreté mi pelvis en su trasero, y lo batí al ritmo de la música, no quise avanzar más con ella porque esperaba a Marina, había llegado con Ella y pensaba irme con ella, así que dejé a la bailarina exótica y la fui a buscar -que tonto fui-. A lo mejor eso era parte de su plan, dejarme con una amiga para que me la agarrará, así ella me podría sacar en cara lo caliente que era, y en ese momento ella me iba restregar en la cara a su novio, de ese modo Marina no se sentiría culpable.

La busque durante dos horas, discutí con todos los punkies que me pedían cerveza, a todos le dije que no, recorrí errante por el antiguo teatro, hasta que me resigné. Busqué dinero en mis bolsillos, estaba recién pagado y tomé algo más de dos litros de cerveza, y un vodka tónica, no seguí tomando, debía trabajar en la mañana, y no quería amanecer con la tremenda resaca, aunque las ganas no me faltaban. La discoteca acabó, estaba triste, ni tan ebrio y tan sobrio, la esperé en guardarropía, porque ella tenia mi chaqueta en su bolso. Me senté y esperé. La fila para recuperar atuendos era inmensa, una chica regordeta se sentó a mi lado y me sacó conversación, me dijo que le había llamado la atención mis ojos, que estaban tristes, no la tomé mucho en cuenta, pensé pedirle el teléfono, pero me arrepentí, me tomó la mano y se fue. Hasta que apareció Marina como si nada hubiera pasado entre nosotros, riéndose, en su mano traía mi chaqueta y a su lado la acompañaba un chascón de estilo afro, con una barba desgreñada.

- Hola, te estuve buscando más de una hora, hasta que me aburrí y me puse a bailar con Javier, -apuntó al muchacho de estilo afro y desgreñada barba- ahora él se ofreció para llevarme a casa.

Nunca me buscó, de eso estoy seguro, pase más de mil veces por el lugar en el cual debió estar, a sus amigas las esperó, definitivamente a mí no. Y eso de... me encontré con un amigo y me ofreció llevarme a la casa, es otra mentira, ese encuentro no fue casual, estoy seguro, además quién se puede ofrecer para ir a dejarla, si vive en una población que para entrar de noche hay que ir en un blindado, lo más probable que visitarían un motel y después de su revolcón, ella se iría tranquilamente a trabajar. Todo eso lo supe en el instante y ella lo negaba, como si no la conociera, ella misma hace menos de dos meses confidenciaba que yo era la persona que más la conocía.

-mentira no me buscaste.

-si te busque.

-Debemos conversar.

-Bueno, pero ahora no.

-Ahora.


En ese momento me volví loco y la encaré, enumerando todos su gestos y palabras que me hicieron pensar que ella mentía. Me miraba con sus ojos llorosos y negaba todo. Para colmo de males, su acompañante tuvo la brillante idea de inmiscuirse en la discusión.

-no seas inseguro- me dijo

-compadre usted no sabe de lo que esta hablando, así que cállese.

-pero relájate.

-relájate tu, yo no tengo nada en contra de ti, pero si te sigues metiendo, te voy a meter mi bototo en el orto.

Mientras yo le reclamaba a Marina su desaparición, un guardia del boliche le pegaba a un punketa borracho, unos puntiagudos amigos del machacado se metieron en su defensa, provocando una gresca de proporciones. En esas circunstancias le dije a Marina que no la querría ver más en mi vida, que no me buscara más. Su cara de asombro me molestaba, como sí estuviera actuando fuera de mis cabales, como su fuera un desquiciado que estaba hablando de más. Yo sólo quería una explicación y ella no fue capaz de dármela.

- Efraín, así que le dije que no me buscará más.

- Bien hecho compadre, esa mujer no se lo merece- dijo Efraín

- Pucha Efra, si estuvieran los bares abiertos te invitaría un trago.

- mujeres traicioneras cuando se le pone en la cabeza engañarte, no hay nada que las pueda hacer cambiar de opinión.

- tienes toda la razón.

¿Qué le impide a mi esposa que me este engañando haya en el Perú?

-para ser sincero... nada.

-Uno se viene para acá a pasar penas para darle un futuro mejor y ella me puede estar engañando.

- En esos bares de mala muerte que llaman “Polladas”, bailando las mejores cumbias con otro hombre.

-¿quién le mencionó amigo Roberto que las Polladas son bares?.

-Puta la huea, yo lo veía en ese programa...”Laura en América”... con esa... la novia de Motencinos... como se llama... ha, Laura Bocio o algo así...

- Laura Bozzo, Hermano.

- bueno en ese programa... los engaños y las rencillas siempre nacían en las polladas. Me imagino que esas huevadas deben ser peligrosas pero más entretenidas que la puta madre, ¿o no Efraín?.

-No... las Polladas son como los Asados de ustedes, se hacen en las casas.

- ¿Cómo los asados caseros?.

-Sí, como los asados- volvió a sentenciar Efraín .

- como los asados chilenos en los que se compra dos kilos de carne para 10 personas y 5 garrafas de vino.

-si como eso- dijo Efraín riéndose.

-Puta que se aprende contigo.

-¿Y cual es le trago preferido de las polladas?.

-se toma de todo, pisco peruano, ron, cerveza, lo que venga en realidad.

-¿Y cual es la droga que la lleva? ¿La pasta?

- no hermanito haya no nos matamos con esa porquería, haya es puro cloro.

- Toman cloro, pucha que le debe quedar el estomago limpio.

- el cloro no se toma, se aspira con un billete.

-entonces le hacen a la coca.

-no al cloro

-eso, a la cocaína.

-no al clorhidrato.

-por eso te digo Efraín, le hacen al clorhidrato de cocaína... Aquí esa droga es de hueón pudiente... Aquí el kuma, le hace a la pasta.

- Pero haya le hacemos al cloro, y es bakán.

-¿Y no es caro?.

-no... esta al alcance de cualquiera.

- ¿Y vos acá en Chile te drogas?

-no, lo deje, una porque aquí no se vende cloro y otra por que se gasta mucho dinero y debo mandárselo a mi señora.

- pero hay cocaína.

-pero eso no es cloro, hermanito.

-bueno, lo que sea.

No sé, por qué no le pegué al Chascón Afro de mierda, le tenía unas ganas de plantarle un combo en plena nariz y lanzarlo al suelo, patearlo en las costillas para que no se pudiera reír en un par de semanas sin acordarse de mí. Que se tiene que meter en cosas que no sabe, no podía solo mirar, tuvo suerte el idiota. Pero no le iba a dar ese gusto a Marina, eso si... ahora que lo pienso bien, me arrepiento. Debí golpearlo. Igual no volveré a ver la linda cara de Marina. Debí Golpearlo, así el tipo aprendería que no debe juzgar a gente apresuradamente. Inseguro, yo inseguro, inseguro el hoyo de su abuela.

-Efraín te haz puesto muy porfiado con la cuestión del cloro.

- ¿yo, hermano?.

Siento el pecho apretado, un calor que duele recorre mi torso y se expande hacia el resto del cuerpo. Por qué me hiciste esto, por qué me buscaste. Por qué este dolor y si había terminado, parece que no había sido así, a donde guardo ese resplandor que me hizo feliz, donde cuelgo mis recuerdos, tu recuerdo. Tu amor. Por lo menos ahora todo es claro Marina, todo terminó. Acabó como quería, nada de amistad, nada de llamaditas, con un pequeño drama, con un perdedor, por fin... su juego terminó

- me aburriste... así que voy a molestar a otra persona... en una de esa tengo suerte y me pongo a pelear.

- ninguna molestia hermano.

- vaya con Dios amigo.

lunes, noviembre 21, 2005

Jaque al rey (Parte II)

- ¿y como se llama la señorita?.

-bueno, eso ahora no importa.

-¿ y qué fue lo que hizo, que te tiene tan alterado?

- y quién te dijo que estaba alterado - dije violentamente- es un broma Efraín relájate.

Marina terminó conmigo aduciendo que ya no me admiraba como antes, que yo había perdido la chispa, que no tenía trabajo, que me había vuelto un conformista. En cierto sentido ella tenia razón, durante ese periodo ella era lo único que le daba sentido a mi vida, su sexo, su cariño, sus silencios... de ella, me gustaba mucho eso de no dar nunca explicaciones, de aceptar las cosas como eran, así que acepté su decisión sin cuestionarla, era verdad no podía seguir en ese estado. Así que no la volví a llamar. Ahí se inició la comedia, parece que ella comenzó a extrañarme. Durante dos años tuvimos citas esporádicas donde conversábamos, bebíamos un trago, nos besábamos y hacíamos el amor, realmente lo pasaba bien, pero después de cada encuentro ella desaparecía y yo la dejaba ir, para ser sincero intenté volver con ella, le di algunas señales, pero ella las ignoraba en ese momento, solo parecía reaccionar frente a mi indiferencia y cuando menos lo esperaba ella volvía a buscarme. Talvez fue un error, pero yo siempre acepté nuestros encuentros y nunca le cuestioné nada. Pero hoy no aguanté más y le dije de mala manera que no me volviera a buscar, que era una cobarde y que nunca más me llamara.

- pero ya arreglé ese problema, nunca más me verá la cara.

-¿ y por que esa decisión hermanito?

- simple, porque me engaño.

-¿se metió con otro fulano?.

- ¡no!... bueno no sé... pero eso no me importa, ella es dueña de hacer lo que quiera con su cuerpo, si le apetece... le pueden dar por el orto y a mí me da lo mismo.

- como te puede dar lo mismo que otro hombre tenga relaciones con tu mujer.

- pero ella no es mi mujer.

-pero lo fue.

-mira Efraín... para mí las mujeres no son de mi propiedad... ningún ser humano pude ser propiedad de otro.

- mmmm... no sé.

- y pensándolo bien, más que un engaño lo que ella me hizo fue una burla.

-¿por qué?

hace dos días atrás, estuve de cumpleaños, y ella me llamó para saludarme, eso era normal, siempre nos llamábamos para esas fechas, pero ella no se conformó con eso, quiso celebrarlo y me invito ha salir, me dijo que era una buena oportunidad para que nos divirtiéramos juntos, yo como soy huéon acepté. Pensé, ¿por qué no? Lo más probable era que la velada terminará en sexo, y estaba bastante necesitado de un buen polvo y que mejor que con alguien que conocía.

- no importa eso ahora

- ¿Pero que pasó? ¿Cuál fue el engaño?- insistía el peruano.

- Puta que estay apurado.

Me citó en Cummings con Alameda, Ella se veía bien, pero distinta, parecía una chicha electrónica y ella no era de esa onda. Hace tiempo noté en Marina que se estaba esmerando demasiado por parecer alguien distinta, no sé por qué se esfuerza tanto, si era tan atractiva cuando usaba eso vestidos ceñidos, que le daban un aire fresco y hasta sofisticado. Me llevó a un antiguo teatro un par de cuadras más arriba, era un antro de chicos alternativos, de punkies, electrónicos, raperos, grunges, góticos y todas las tendencias musicales raras que aparecen a cada rato. Realmente me sentía mal en ese lugar, a pesar de ser un lugar para gente que no gusta de las típicas disco funcionaba igual que aquellas, con los mismo códigos, donde el chico guapo se come a la mina rica.

- pero cuenta que fue lo terrible que te hizo.

-me invito a un local, porque estaba de cumpleaños, bailamos y de un momento a otro se perdió y al final de la fiesta apareció con un tipo y me dejó botado en Santiago, a las cuatro de la mañana y sin micro.

- que mala.

- pero he visto cosas peores.

- por supuesto que hay cosas peores, pero eso no quita que sienta rabia.

- en nuestra colectividad se vive cada drama, es típico hermano, que las señoras que dejamos en Perú nos pegan en la nuca y nosotros aquí trabajando.

martes, noviembre 15, 2005

JAQUE AL REY. ( I Parte)

Crucé por el gentío que salía del boliche lanzando improperios y maldiciendo su actitud, no podía comprender por qué había actuado así, cual era la razón para humillarme, de donde había nacido ese egoísmo que desconocía. Mi cabeza no estaba para encontrar respuestas, sentía ira, ganas de liarme a golpees con cualquiera, y más rabia sentía cuando recordé que había dejado pasar la oportunidad perfecta. Sin darme cuenta caminé más de dos cuadras, estaba en la calle Cummings, eran cerca de las cuatro de la madrugada y faltaban casi dos horas para que pasara mi micro. El paradero de la cara norte de la Alameda estaba sentado un peruano, pensé en buscarle el odio.

-Puedo sentarme- pregunté cuando ya lo había hecho.

Él me miró con desconfianza, con un pequeño dejo de temor, parece que percibía mi rabia o quizás simplemente era el reflejo de mi actitud amenazante.

- no tengas miedo, no soy ningún nacionalista que odia a los peruanos.- dije para tratar de calmarlo.


Él con un acento susurrante me hizo saber que no sentía temor. Sin motivación alguna comencé a hablar, sin importarme si él me escuchaba.

-Mira huéon... disculpa, no te quise insultar cuando te dije hueón, aquí se le dice así a la gente... hueón es sinónimo de amigo, compadre..

-lo sé.

- ¿y cual es tu nombre compañero?.

- Efraín.

- un gusto Efraín, yo soy Roberto... y quiero darte la bienvenida a mi país.

Él me miró en silencio. No me importaba un carajo que pensaba el peruano de mí, quería golpear a un hueón, pero había algo en él que me impidió dar el primer golpe.

-Sabes, yo soy anarquistas, y para mi todos los trabajadores de Sudamérica y del mundo son mis compañeros.

Efraín me miró con sus ojos achinados, su cara morena reveló que no le interesaba lo que decía, eso igual me hizo gracia, él permaneció tranquilo y movió la cabeza validando todas la tontera que dije.

- las nacionalidades valen hongo, esas huevadas dan lo mismo, eso es para los mediocres, lo importante Efraín... son los sufrimientos de los trabajadores, sin importar de que país sean.

- si... tienes razón- dijo meditabundo.

-Claro que tengo razón... el trabajador sufre en Perú, en Bolivia y en Chile... y ese sufrimiento nos hace Hermanos... Puta hueón, no sabes la falta que me hace un trago, ¡para brindar por esto!.

Efraín movió la cabeza e intentó decir algo... no sé si se arrepintió o lo atropellé con mis palabras.

- nos sabes de algún lugar cerca donde vendan un trago... un bar o un clandestino.

-no hermano... yo soy de Recoleta no conozco bien estos lados- dijo Efraín

- que mala onda.

Los microbuses pasaban distantes los unos de los otros, fugaces, raudos en su transitar por la calles vacías, deseosos de llegar pronto a su destino como si la luz del alba las hiciera arder, consumiéndose en cenizas plagando el aire de un tizne gris, pero ya no me importaban los buses, solo quería que trascurriera rápido el tiempo, tan rápido como ellos.

La muy maldita fue capaz de dejarme votado en Santiago, en una sector plagado de tipos alternativos que sueñan con ser distintos, odio a los que se creen distintos y tienen la necesidad de demostrárselo a todo el mundo. Que extraña es, como pude comprender a una mujer que durante dos años de relación nunca fue capaz de decir lo que sentía por mí, ni un mísero te quiero y un año después, en uno de nuestros encuentros ocasionales me dice que fui el hombre más importante de su vida y a la semana después no contestaba mis llamadas, sus palabras son aire, solo aire, me gustaba más cuando no decía nada.

-compadre tiene un cigarrillo que me regale- dijo, un joven borracho que pasó frente a nosotros.

Él pedigüeño estaba acompañado por un tipo que usaba una chaqueta de cuero negro y jeans, se pararon desafiantes frente a nosotros, pero eso me importaba un carajo.

-hermano usted cree qué si tuviera un cigarrillo me estaría cagando de frío a esta hora de la noche.

- no sepo hueón.

-pues no tengo, así que camina- dije y los ignoré- ellos me miraron por unos segundos y se fueron.

A pesar de los tragos que había bebido en la noche, veía todo claro a mí alrededor, mis sentidos estaban alerta, por eso me pude dar cuenta que en el rostro de Efraín lucia un nuevo gesto de tensión.

Y si estaba así era culpa de Marina. Nada me saca de la cabeza que todo lo tenía planificado, pero por qué, yo no le hice nada malo, más encima me presentó a ese tipejo, objetivamente él físicamente es menos atractivo que yo, pero tiene auto, talvez sea mejor amante, tenga un miembro poderoso y la haga gemir de placer, a lo mejor yo nunca cumplí con su expectativa como amante, pero si fuera así por qué invitarme, por qué incluirme en su paisaje humano, para qué sacármelo en cara.


-si me ves algo alterado es por culpa de una mina que me traicionó, la muy perra.

martes, noviembre 08, 2005

RUPTURA

Enséñame
a ser la perdición
de tu mente inocua.


Prepárame
para saciar
el ardor de tus entrañas.

Insúltame
para experimentar
que no soy nada.

súbete
para juzgar
si tu cuerpo existe.

Contémplame
para que guardes
mi imagen solitaria.

Ignórame
para sentir
que me quisiste.


Y ódiame
para brindar
por tu humedad.

miércoles, noviembre 02, 2005

La Venganza de "Brandon Lee"

La noche Santiaguina se retira. La ciudad comienza a despertar. Las micros pasan presurosas hacia el poniente, mientras el Michael Carmona alias el “Brandon Lee” hace un esfuerzo titánico para mantener su cuerpo en posición vertical, sus pies y su zona media se oponen a su precario equilibrio y a pesar de su batalla en contra de la gravedad el “Brandon Lee” cae pesadamente al suelo, se arrastra hasta quedar en perpendicular a un pequeño árbol, en su almacigo de tierra escupe una sustancia granate, después de unos estertores su malestar se desata, vomita un aluvión concho vino que parece una carbonada del infierno, con porotos, fideos y otros irreconocibles alimentos.

Fue inevitable pero el “Brandon Lee” mancha su ropaje con babas de un multicolor del averno. Todo da vuelta a su alrededor, él trata de reincorporarse, lo hace lentamente, coloca todo su empeño en salir de ahí, intuye que la única forma de cambiar su destino es colocarse de pie y marchar hacia otro lugar donde nadie lo conozca. Por su cabeza pasa la idea de entregarse y quedarse tirado en el suelo, pero esos primeros rayos del sol lo alientan y lo vuelve a intentar. Brandon Lee como un buen luchador se levanta, se pone de pie y comienza a recorrer el trayecto hacia el paradero. Del bolsillo de su chaqueta Nike replica original del buzo del Boca Júnior cae un cuchillo tenido por el rojo coagulado de la sangre. Tras limpiar sus lagrimas, respirar profundamente, el Brandon se pone un gorro de lana en la cabeza, y tapa sus extraviados ojos con unos los lentes oscuros de marco gris. A lo lejos parece venir la 433, trata de despabilar, para ello se golpea la cara, cuenta las monedas, y hace parar el microbús. Una vez sentado al final de la Micro mira por la ventana y se queda dormido pensando en la noche que concretó su gran Venganza.

miércoles, octubre 26, 2005

Medio Poeta.

Encandilado por las palabras
lo confieso.
¡Soy medio poeta¡
sólo medio poeta,
y no es fácil para mí
reconocerlo.

La mácula sentencia
Del tiempo sigiloso,
Me aterra.

Apreciar las cosas
A medias tintas,
Me aterra.

Sentir que la mitad
Del mundo apesta
Y que el resto
Es una mierda,
Me aterra.

En el horizonte próximo,
Visualizo la respuesta.
¡Sólo soy medio poeta¡
cómplice del ardor grotesco
y enamorado de la esquiva belleza.

Convivo a diario
Con estas dos grandes proezas,
pero estoy cansado
de tanta tormenta.
Lo reconozco.
¡Sólo soy medio poeta¡

Razón que me acerca
a medias certezas,
consuelo digno
de mediocres promesas,
nadie puede vivir
en paz siendo medio poeta

lunes, octubre 17, 2005

JAQUE A LA REINA. ( IV Parte Y FiNAL)

-¿Si quieres te puedes quedar en mi casa?

-mmm... no gracias.

-¿Yo duermo en el sillón si te incomoda?

-no seas tonto, eso no me incomoda, pero de todas formas no te preocupes, me voy al departamento de mi hermana.

-entonces te voy a dejar- pregunto resignado.

- ya, vamos.

Hermano tiene una monedita, pregunta un tipo a la salida del metro Unión Latinoamericana, le contesto que no tengo, pero Marina se acerca a él entregándole cien pesos. La observo, ella inevitablemente me produce esa rara sensación de ternura cuando comete estos actos de vana generosidad, ella me mira y me pregunta si pasa algo, le digo que no. Me toma del brazo, inmediatamente me desentiendo de él y cruzo mi brazo sobre sus hombros, atravesamos las calles lentamente, no conversamos de nada en particular, básicamente caminamos en silencio, observando las calles vacías, y el amanecer. El silencio es un lugar donde los dos nos sentimos cómodos.

- este el fin de velada.

- Sí .

-Bueno, entonces me llamas por teléfono.

- No Marina, yo no te volveré a llamar.

- ¡a que tonto!

Su rostro cambia ese aspecto de dulce tensión por la despedida de besos robados por una actitud de despecho. Yo sé que no es la mejor forma de terminar la noche, que la ofuscaría con mi declaración pero es lo único que puedo hacer para no sentirme traicionado. Las señales están ahí, sutiles, pero intensas en sus efectos, depende de mi dar el paso hacia delante, debo jugar las cartas de la gentileza, entregarme íntegramente a sus veleidades, unas palabras de candor y unos minutos más tarde estaré con Marina recostado en la alfombra del departamento de su hermana amándonos como en los tiempos idos. Por un segundo dudo de mi decisión, ¿por qué ignoro el deseo que me provoca su generoso cuerpo?, ¿Volveré a tener nuevamente la oportunidad compartir un tiempo intimo con ella?¿, ¿Cuál es el error?, ¿Por qué no entregarse sin dificultad?, ¿Sin dolor?, ¿Sin un pequeño drama doméstico?, Pero la jugada ya fue cantada, con duda y todo, estoy completamente seguro que es lo correcto, sucumbir a sus deseos sería una categórica derrota.

-no te volveré a llamar.

-¿por qué actúas así?

-¿así cómo?

-como un imbecil.

- ¿por qué te enojas?, Yo sólo dije que no te volvería a llamar por teléfono, pero eso no significa que no nos volveremos a ver.

-¿Por qué no quieres llamarme?

- es difícil de explicar.

-inténtalo.

- haber, mira… es qué… Realmente es complicado, otro día te explico con calma.

- pero qué... es lo tan complicado que tienes que decirme.

-Pero si es obvio.

-para mí no, Roberto.

-bueno, entonces llámame tu, porque yo no lo haré.

Vacilante, herida, se acerca, me besa la mejilla, da media vuelta y entra al departamento claramente indignada, la observo hasta que entra al ascensor, su despedida me hiere los brazos y el cuerpo, como cera candente que gotea de un cirio. Espero el microbus en la plaza Brasil, sus callejuelas están empapada por el rocío. De mi nariz se eleva el vaho tibio del aire exhalado, me siento cansado, satisfecho y confundido, arriba las personas que viajan conmigo, que vuelven o van, no se ven mejor que yo, sin duda he realizado una jugada arriesgada.

lunes, octubre 10, 2005

JAQUE A LA REINA (Tercera Parte)

Miro esas gorduras que se bambolean con los masajes de ese adefesio dark, aún no puedo develar si esos dos son una pareja hétero u otra cosa, donde el más disminuido físicamente es el supuesto varón, dada la lamentable dimensión corporal del individuo, destacándose su raquítica silueta, por otro lado está esa fémina monstruosa, de mohicano azabache, ojos pintados excesivamente con rimel negro, la cara cubierta de una base blanquecina, caracterizándola como una criatura digna de un filme de horror, hay que agregar que sus físicos de grasitudes desbordantes se asemeja a un trompo surrealista adornados por cadenas, y un espeluznante collar de perro con una puntas metálicas de unos 15 centímetros. Para ser sincero-le digo a Marina-, su aspecto no es lo que más me llama la atención, sino su ambigüedad, porque mirándolas bien es una pareja de lesbianas, pero parecen hombres, además se besan de una forma tan desenfrenada, ¡que me asustan¡ imagínate si estuviera borracho y una de esas mujeres quisiera abusar de mí, ¿tendría que morir por la patria?.

-¿Qué dices Roberto, si tú ni siquiera crees en la patria?-dice Marina entre risas.

-tienes razón.

- no hables tonterías y vamos a bailar.

-bueno, pero bailamos en la pista donde tocan rock indie o britpop, bueno tu entiendes, no es que me guste, pero es lo más pasable.

-si, si... mi roquero- dice Marina.

¡Toma mi mano Marina!-, Ella graciosamente la extiende, el pincha discos coloca Irresponsables de Babasónicos, la gente grita de emoción mientras los tambores retumban el los oídos de los jóvenes deseosos de emociones, ...“somos culpables de este amor escandaloso, que fue lo mismo que pasión alimentó”, Marina se ríe y se deja llevar por este juego que propongo, nos tomamos de las manos, abrazándonos, alejándonos, desplazándonos por la pista de baile como un tango bizarro mezclado lúdicamente con un vals trasnochado de cantina, cara a cara nos miramos, puedo sentir su respiración, la tomo y la inclino entre mis brazos, ella se entrega a mis movimientos, ejecutando la típica posición donde el galán de las películas románticas de los años 50 besa a la doncella, me acerco lentamente al momento, mi boca cae victima de su encanto, deseosa de masajear húmedamente sus labios, mansa se acerca a su destino, manejando la levedad del momento “que en el remanso de la noche impostergable / nos avergüenza seguir sintiéndonos / poco a poco fuimos volviéndonos locos / y ese vapor de nuestro amor / nos entrego con su licor / y culpa al carnaval interminable / nos hizo confundir irresponsable”. Mi boca elige otro destino, su piel tersa la recibe con su suave sudor, beso su cuello y lo muerto delicadamente, sé que Marina no se va a retractar de mis acciones, pero no puedo dejar de pensar que existe una mínima posibilidad que ella me pueda rechazar, y ese hecho seria catastrófico para mis recuerdos, donde la dignidad es mi único soporte, a pesar de ello sigo con el juego, deslizándome de una manera más intensa, nuestros cuerpos están juntos, ella puede sentir como mi corazón golpea su pecho, dócilmente Marina deja que introduzca mi pierna derecha entre sus piernas, la tomo firme por la cintura, se que debo besarla, que sería la mejor manera de cerrar este pasional baile, pero mi orgullo es más fuerte y no lo hago, sin embargo mi corazón late intensamente, y con Marina nos miramos, entregándonos una sonrisa.

Realmente sé lo que debo hacer, a pesar de esta claridad, mis deseos me llevan a resistirme, por eso trato de contener ese vendaval que tengo en el pecho. Entre canción y canción reflexiono, ahora entiendo porque la gente baila, tal vez sea una señal que me redime, que ese tipo raro, alejado del mundo, que las personas de la universidad y de mi barrio piensan que soy, se ha trasformado en otro de los individuos que baila con una atractiva mujer. Mi pecho esta ligeramente humedecido, encantado por los movimientos de Marina, en estos momentos me gustaría que el baile fuera un tipo de contacto extra sensorial que me permitiera conocer las cosas que piensa, que sentimientos y divagaciones pasan por su cabeza, cual es la verdadera imagen que tiene mí y las sensaciones que experimenta cuando la miro en ese segundo premonitorio que antecede a un beso, porque exactamente eso, es lo que me gustaría hacer.

lunes, octubre 03, 2005

JAQUE A LA REINA ( Parte Dos)


La rabia contenida se ensancha en mi pecho, la perla se puede tomar unos tragos con un desconocido y dejarme plantado por más de una hora, pero no quiere tomarse una maldita cerveza con quien fue su pareja por más de dos años, no entiendo para qué cresta quiso salir conmigo. Bueno en el fondo sé porqué, o creo suponerlo, pero me cuesta creerlo.

Marina me pide que bailemos, la pista central esta repleta, cruzamos por medio de la gente, dejamos nuestras chaquetas en el piso. Me cuesta moverme, no puedo comprender las melodías de The Cure, me siento tonto y me muevo como tal, ella danza, a veces cierra los ojos, no entiendo por qué lo hace, nadie se puede poseer por esta música deprimente, ¿estará drogada?, No creo, ella nunca fue buena para eso, con suerte se habrá fumado un par de pitos en su vida, por lo menos conmigo no ha fumado ningún cogollo. Después de unos minutos me siento algo más cómodo con mis movimientos, al menos sé que mi baile no es tema para nadie de los presentes, al menos no he observado que ninguna persona se haya caído al piso victima de un ataque de risa, al contrario la gente se desenvuelve alegremente, ignorando a los demás, disfrutando de su metro cuadrado. Marina goza la música, por mientras me dedico a elaborar un catastro de las mujeres que fluyen a mi alrededor, calificando al paso su belleza. Cada vez hay menos espacio para moverse, a mi espalda tres mujeres bailan entre ellas, una punk de chaqueta de cuero y polera verde, que esta acompañada por dos mujeres góticas que traen puesto sendos vestidos negros con encajes, la más delgada luce un corsé rojo con cordones negros, se ve bastante guapa, la otro fémina es una mujer joven, obesa, de unos veinte años, que modela orgullosa una carpa mortuoria. Es esta gorda mujer la que más me molesta, con sus desenfadados movimientos de campana de catedral Medieval, me desplaza de mi sitio cada cinco segundos, un paso de baile suyo es un golpe en mi espalda, me trato de alejar, pero su volumen me persigue magnéticamente. Estoy contento de estar esta noche junto a Marina, la tomo de los brazos y la coloco de espalda a la mujer de anchura universal, como si de esta forma Marina estuviera cancelando la afrenta del plantón.

Quiero tomarme otro vodka, Marina me acompaña a regañadientas, se sienta, prende un cigarrillo, ella no quiere nada, pero igualmente le compro una cerveza, y la coloco sobre la mesa. Bebo tranquilamente, intensamente la miro a los ojos, pero este gesto no parece incomodarle. Le cuento de mis proyectos, que en mis ratos libres–que son la mayoría- estoy escribiendo cuentos, con el claro objetivo de mantener la mente despierta y que prontamente voy a iniciar una investigación sobre la “educación en las mujeres anarquistas de principios del siglo XX”, evitando a toda costa hablar de trabajo, y de las pocas perspectivas que el mercado laboral me ofrece. Fue esa una de las razones de nuestra ruptura, sin duda la cesantía es un tema que nos indispone a los dos. A pesar de ello, la conversación es fluida, debo reconocerlo lo estoy pasando bien, nos reímos de todo igual que antes. Ella me trata de tonto y yo la trato como una princesa, Marina no puede creer que siga igual de observador, encajando mis ojos en los demás, buscando las mediocres particularidades de los otros, le comento que talvez sea mi alma de niño cruel la que se manifiesta en esos episodios, -puede ser Roberto-dice ella, - pero tú no eres cruel. Lo mismo pienso yo, Marina.

Sin querer mis ojos se abalanzan sobre una pareja de extraviados seres noctámbulos, una pareja que podrían ser los niños símbolos del grotesco sadomasoquismo vampirezco que asiste a esta Disco, están en un rincón besándose desaforados sobre sus cadenas y punzones que traen adosados a sus vestimentas, mientras los observo, Marina me recuerda todas las cosas que no hicimos juntos como parejas, (palabras que trajeron directamente a mi cerebro la imagen de su negativa cuando hace tres años la invite a pasar una semana en la playa) comienzo a enumerar la tareas inconclusas:

-No Salimos Juntos de vacaciones a la Playa, al campo ni mucho menos a la cordillera.

-No fumamos marihuana, ni mucho menos lo hicimos volado.

-No asistimos a ningún Recital de Rock.

-No tuvimos ninguna cena romántica en un buen restauran.

-No fuimos a un motel.

-No salimos nunca a bailar a una Disco.

-No subimos ningún Cerro.

-Nunca nos Emborrachamos juntos, sólo me emborrachaba yo.

Este comentario de Marina, me hizo plantearme que tipo de relación tuvimos, la de unos jóvenes vigorosos o la de unos viejos decrépitos, ¿Qué cosas hacíamos para divertirnos?, Pregunta que inevitablemente saca una sonrisa de mi rostro, ahora que lo pienso, eso dos años que estuvimos juntos puedo catalogarlos como la edad de oro, y es cosa rara, fue justo uno de los periodos más recios de mi vida, como no acordarme de los días en la U.T.I. y de la semana que pasé en la sala común del Hospital del Tórax, son cosas que siempre recordaré por el resto de mis días, no cualquiera puede contar que sobrevivió a 16 puñaladas, 5 de ella perforaron el Pulmón izquierdo, una el muslo, un par de ellas rebotaron en el omóplato, otras en las costillas y una que corto mi mejillas. Mi primer día de visita en el Hospital ella no alcanzó a llegar a la hora, le pregunté a Orlando si le había avisado, me contestó que si, yo la buscaba entre los rostros amigos sin resultados, la visita terminó, todos se fueron, cuando menos lo esperaba ella apareció al atardecer, con sus ojos achinaditos y una gran sonrisa en los labios, soy un tipo duro, aunque me resistí, un par de lagrimas cayeron de mis ojos y mi garganta de transformó en un nudo, ese día como nunca me sentí fuerte, querido, algo muy cercano a la plenitud de mis emociones que otros llaman felicidad.

lunes, septiembre 26, 2005

JAQUE A LA REINA (Primera Parte)

La esperé por una hora cuarenta y cinco minutos en un vertice de la plaza Brasil. Parecía un taxi boy parado en la esquina, ansioso por abordar a un cliente. Pero no, la estaba esperando a ella. Nunca la había puteado tanto en toda mi vida. Ni cuando ella había terminado conmigo. Sentía una ansiedad tremenda, me sentía como un cretino. Ella se había tomado la molestia de invitarme a salir y en menos de una hora se había olvidado completamente de nuestra cita. No puedo sentirme de otra forma que no sea como un prefecto idiota.

Por los corredores de la fría plaza deambulan escasas personas, la mayoría transita hacia el jolgorio. Mi piel padece de la fría humedad del Santiago invernal, y justo aparece, Marina con su chaquetita ploma que combina elegantemente con un vestido negro ajustado. Cuando me saluda me regala una sonrisa picara y yo solo quiero matarla, se deshace en disculpas que prefiero ignorar. Subimos al departamento de su hermana, en el ascensor percibo un leve hedor a licor. Me comenta que estuvo bebiendo un trago con un amigo que conoció por casualidad en el teléfono, el desconocido marcó el número equivocado y logró entablar una conversación que ahora era la principal causa de mi plantón, además me comenta que el tipo es muy simpático, tal vez quiera provocarme celos, pero eso me cae como un ají en el orto. Trato de mantener el control de mis emociones, me muestro indiferente, como si me diera lo mismo lo que ella hace o deja de hacer. Me molesta su risita, su desfachatez y ese aparente misterio del cual hace gala, además hay que sumarle el hecho que me dejó esperando por más de hora y cuarenta minutos.

Saludo a Jessica, la acompaña un grupo de amigos que apenas cabe en el pequeño departamento. Me sirven un tragó de bebida. La mano me tiembla, aún estoy molesto y Marina sigue pidiéndome disculpas, y eso me irrita aún más, por eso le recomiendo que se deje de excusar. Ella me mira como si hubiera realizado una travesura y se sienta coqueta en un sillón. Me pregunta si nos quedamos, yo le digo que no.

Caminamos por la plaza Brasil hacia el este, juntos volvemos a recorrer las callejuelas del casco antiguo de este sector de Santiago. Ella me toma del brazo. Conversamos de nuestros comienzos, Ella trata de recrear nuestros primeros encuentros románticos en la Universidad, me relata acontecimientos que no guardo en la memoria, se emociona al recordar esos supuestos días donde éramos felices, recorriendo los rincones de nuestros cuerpos, explorando todos los abanico de nuestra juvenil sexualidad. Ella se acuerda de mi polera a rajas azules, esa que parecía de marinero, de las historias de vacas y potreros que inventé cuando la conocí, mostrándole el inexistente mundo salvaje de los Fundos Peñaflorinos. Ella enganchó de inmediato, era que no, sí le encantan los animales.

Iba a ser mi primera vez, me avergüenza reconocerlo, nunca había entrado a la discoteca Blondie. La morena de pelo corto quería divertirse, saldando una deuda del pasado, después de tanto tiempo me quería enseñar un sitio nuevo, según ella, esta experiencia podía cambiar mi visión de los locales nocturnos.

Ella pide una cerveza, yo en cambio pido un vodka tónica, nos sentamos en un rincón de la sala bar, en el otro extremo hay un tipo colocando videos antiguos de The Cure. El ruido me impide escuchar las cosas que Marina trata de decirme, acerco mi cara a la suya, y ella se desliza peligrosamente hacia mi oído contándome lo mucho que me ha extrañado, que aún no se a podido olvidar de mí, me recuesto sobre el respaldo de mi asiento y la observo con distancia, Marina no me decía cosas como estas cuando estábamos juntos, nunca pronunció la palabra “te quiero” frente a mis ojos, por qué ahora actúa de esta manera. Ella sigue hablando, yo la escucho atento, cuando me pregunta algo le contesto con monosílabos, porque tengo la sensación que si me explayo en mi respuesta no voy a dejar de hablar y a medida que avance el tiempo me voy a transformar en una persona monotemática, que aburriría hasta una monja, además me encanta como ella se expresa, sus movimientos, su voz, lo mejor que me puede pasar es que ella maneje la charla.
- ¿Encuentras que estoy gorda?

- No para nada, estas estupenda, tu sabes que siempre te he encontrado riquísima.

- ¿Tu crees?

- Si estoy seguro.

Marina me muestra su pierna y se levanta la falda sobre sus rodillas.

- Mírame las piernas, ves, estoy súper gorda.

Deslizo unos de mis dedos y lo apoyo sobre una de sus piernas, y avanzo unos centímetros hacia arriba.

- Marina no me vas a convencer, estas riquísima.

Saco rápidamente el dedo de su pierna, como si ella fuera un auto nuevo al cual acabo de limpiarle una pequeña mancha y vuelve a tener la carrocería resplandeciente, pero en el fondo su piel me quema, ¿la distancia ha extraviado la confianza que existía entre nosotros, razón que me impide tocarla?, Quizás será que hoy me siento intimidado por el reencuentro, por la posibilidad bastante cierta que en el transcurso de la noche vuelva a experimentar cosas por ella. Que mentiroso soy, si desde el primer momento me he sentido atraído por Marina y eso es un factor que el tiempo no va a cambiar. Me siento listo, quiero tomarla de la mano, correr hacia un rincón, besarla, sujetarles las caderas y acercarla hacia mi pelvis, puntearla con mi pene que crece a cada movimiento suyo, sentir como se excita, contornearnos y besarnos hasta que ella caiga entre sollozo pidiéndome que la saque de ahí. Ella lentamente se tapa las piernas, ingiere un sorbo de cerveza y me dice que no quiere beber más.

miércoles, septiembre 21, 2005

Una Caida en una Noche de LLuvia.(Segunda Parte y Final)

El Taxista me preguntó a donde iba específicamente, que él me dejaria en la puerta y respondí que a un topples de un nombre extraño, algo terminado en Internacional. Al final, le terminé preguntando sobre los mejores prostíbulos del centro y él me entregó su ranking.

-Pues, hazte famoso y llévame a uno- dije decidido.

Partimos, nos bajamos en la entrada del parque Forestal y subimos por una escalera contigua a un famoso bar capitalino. Ya en la sala de estar, se presentaron las meretrices y justo en el momento que elegiría a la que aliviaría mi acumulación viril, me escudriñé los bolsillos y no encontré dinero.

A pesar que sabía de ante mano que no podía pagar ningún servicio, traté de llegar lo más lejos, sólo me conformaba con ver los cuerpos de las putas y su fina ropa interior, pues uno nunca sabe cuando puede necesitar sus servicios, pero en el momento que un matón vestido a la usanza flaite callejera, con un vistoso gorro de polar en la cabeza, se acercó de manera intimidatoria, observé el panorama de forma clara, ciertamente no había tomado la mejor de las decisiones, para salir del paso airoso, hablé fuerte, con tono imperativo y firme, inprovisé, tiré el tufo ardiente del alcohol a los que se acercaban a conversar conmigo, mientras le aseguraba a todos los presentes -por la honra de mi madre- que el taxista me había robado.

Bajé rápidamente las escaleras del departamento putero y salí a la calle. llovía muy fuerte, me protegí de la lluvia debajo de una cornisa de un edificio, había otras personas que esperaban el microbus para ir a sus trabajos. Un tipo me habló en una coa indescifrable. Me preguntó dónde venía, -no sé si le respondí-, el tipo de barba y peinado estilo pichichi chileno y chaqueta de cuero, me estudiaba, primero me miró a los ojos, escudriñó mi rostro, y procedió a mostrarme un paragua nuevo de color azul. - ¿Quieres el paragua? Me preguntó, sin darle más vuelta al asunto le contesté que sí. Fue en ese momento cuando todo se volvió confuso. El tipo introdujo sus manos en mis bolsillos, reaccioné y le tomé fuertemente sus antebrazos, le dije un par de verdades:

- sueltame conchetumadre.

-calmaó compadrito.

Él volvió a introducir sus manos en mis bolsillos, y se las volví a sacar, doble sus manos violentamente, lo miré con una cara de desquiciado, me dijo algo, parece que un garabato, reaccioné instintivamente con un golpe de puño directo a la nariz, el rostro del longi de peinado Zamoranístico estaba bañado en chocolate, proseguí con una patada en la espalda que lo tiró violentamente al suelo, lo aseguré con dos puntapiés en el estomago para que no se volviera a levantar, y recogí el impecable paragua azul que botó al piso.

-Camina Gil culiao- susurré.

El flayte caminó a tientas mientras intentaba parar la hemorragia de su nariz fracturara. No esperé ni un segundo y salté sobre una micro. Pagué el boleto, miré por la ventana, escondí mi rostro con la cortina, y vigilé la calle por si venía la mano de vuelta.

La sangre fluía furiosa en mis venas, estaba despierto cuando pensé en las imágenes que se cruzaban frente a mis ojos. Las luces de la ciudad desaparecían, los rostros fugaces de los desconocidos transeúntes se mezclaban en una Juguera urbanoide que generaba un jugo agrio de consistencia mierdosa, una mazamorra trasnochada, digna de la mejor cloaca. Taaaaá, mi rostro chocó con la ventana del microbus, la herida de la ceja vuelve a sangrar, en un esfuerzo logré reacomodar mis parches, cierro los ojos y sin darme cuenta fui a parar a Pajaritos, la bajada debía ser en Estación Central. busqué un billete y subí nuevamente a una micro. De Pajaritos llegué a plaza Brasil. De ahí tomé una micro y por fin me pude estar despierto para descender en mi destino, la puta Estación me esperaba. Del terminal San Borja desperté en Pelvín (pueblo rural aledaño a Peñaflor, donde se encuentra el terminal de buses de esa comuna, la cual está enclavada al lado de un cerro con una virgen en la cima) y de ahí caminé media hora hacia mi casa, adolorido, cansado y con la cara ensangrentada, pero con un paragua azul que me protegía de la lluvia que caía copiosamente sobre mi humanidad.

tuve suerte pensé, le había dado una tremenda tunda a un longi y me la llevé pelada, parece que los flaites no salen en masa con la lluvia.

Me levanté a eso de las dos de la tarde, me bañé, me saqué los parches de la cara, revisé la herida, tenía una horrible marca en la ceja, me vestí mientras reconocía en mi cuerpo mis nuevos moretones, tenía varios en las piernas. Pasé al supermercado donde había una farmacia, compré unos puntos de tela 3M, fui al baño, me lavé las manos, al salir le pedí a una voluntaria que recolectaba dinero para los niños con SIDA si me podía colocar los puntos, ella accedió. Una vez parchado, pude ir a la Iglesia a dar mis clases de catecismo, nadie puede faltar a sus obligaciones por un simple choque con una puerta. Al final fue un simple y torpe accidente casero.

lunes, septiembre 12, 2005

Una Caida en una noche de Lluvia (Primera parte)

Entramos al Night Club a eso de las once de la noche, el Show comenzaba en media hora más. Osvaldo pidió una piscola. No me quedó otra que pedir un Vodka tónica. El recinto estaba casí repleto, había dos grupos bien definidos, los primeros eran unos oficinistas extranjeros que estaban realizando la despedida de soltero a un Gringo alto y gordo, vestido de presidiario, el otro era un lote de empleados del sector. Además de ellos la concurrencia estaba compuesta de mirones solitarios y trabajadores de la construcción. Cuando salió la primera chica, todo el auditorio se volvió loco, era una delgada morena de cuerpo fibroso y pequeños pechos, tenía unos rasgos duros en su rostro y una chasquilla calentona a media frente, su nombre era Trinity.

Las chicas se sucedieron en el escenario, el publico aplaudía a rabiar a pesar que las bailarinas no era del todo atractivas, más bien tenían un cuerpo típico de Lola de barrio, con su pequeños y sobresalientes abdomenes que eran disimulados por una faja. Me molestaba ver la cara de babosos de los viejos y los constructores, que gritaban sin parar, me gustaba permanecer distante a los acontecimientos, como si fuera un fantasma. No faltó el califa que no se pudo controlar y trató de pegarle un agarrón a las nudistas, pero el que se llevó el agarrón fue él, y no precisamente de una mujer, sino de un bestial mastodonte vestido de negro, que lo lanzó a la calle. Al finalizar el Show, pasamos a una discoteca que estaba exactamente al lado del Night Club, estaba lleno de treintonas y de jovencitas fanáticas del Reggaetón.

Junto al Osvaldo nos tomamos otro trago, y otro trago, comencé a entrar en una especie de trance al observar como se movían los ajustados pantalones blancos y celestes de las frescas jovencitas, que hacían gala de sus provocativos petos de colores.

Traté de mantenerme incólume a esos impulsos. Pero no pude, justo cuando estaba a momentos de enloquecer por una extraña ansiedad, una señora cercana a los cuarenta, de mirada caliente y de movimientos desesperados, se posó delante de mi persona y comenzó a moverse, me miró como si quisiera comerme, le seguí el juego y comencé a bailar, la señora me toma de la cadera y acercó mi pelvis a la suya, frente a ese estimulo dejé caer mis manos sobres sus pechos y los toqué suavemente, ella no dijo nada, es más me daba la impresión que le gustaba. Ella se entusiasmó e intentó posar su boca sobre la mía y me lanzó un par de lengüetazos que intenté evitar. Rechacé a la señora no por que me fastidiara demasiado, y no quisiera comérmela, sino que estaba evitando caer en un circulo perverso, uno no puedo tirar con la primera mina que se cruza por el camino, no quiero solo aspirar a encuentros casuales con mujeres desesperadas. Es triste. Quería acabar con esa racha de Wuatas libidinosas y justo elegí esa noche. Creo que me equivoqué.

Hace tiempo que no me sentía de esa manera, tan angustiado de nada, tan melancólicamente exasperado. Me siento en la barra y pido otro vodka tónica.

Traté de conversar con Osvaldo, pero en esos momentos ya no podía escuchar nada. Intenté pronunciar palabras acertadas sobre temas que no recuerdo, le dije que esperaría hasta que cerraran la disco y me iría para la casa, supongo que después nos despedimos.

Aparecieron algunos colores frente a mi cara, me dolía el cuerpo, especialmente la rodilla izquierda y la cabeza. Un joven de unos 20 años me preguntó que si estoy bien, - le contesté que algo- después de unos segundos entré en razón y me doy cuenta que tenía una herida en la ceja y que me sangraba profusamente, le pregunté al muchacho de blanco ( el cual supongo que era un camarero o cocinero) que me había pasado, Él me dijo que me encontró tirado en el suelo del baño. Frente a tamaña revelación no quise preguntar nada más. (Era un mal momento para introducirse por eso laberintos llenos de culpa, después tendría suficiente tiempo para esos resquemores) Revisé mis bolsillos, parecía que tenía todo el dinero, el celular estaba intacto, pero me faltaba mi abrigo negro. El dependiente del lugar me limpió la herida con agua oxigenada y me pasó un algodón para que lo presionara en el corte de mi ceja, al salir en busca de mi abrigo todos me miraban con si fuera un monstruo o un delincuente, o simplemente la victima de turno, el pobre hueón al cuál había que tenerle lastima.

Mi cara seguía sangrando, cuando volví a la cocina sin noticias de mi abrigo, otro tipo me detiene y me pide por favor si puede curarme la herida, pues no dije nada y me senté en una silla de metal, y moví la cabeza en señal de consentimiento. Él me colocó unos parches en la ceja para obstruir la hemorragia, después de eso salgo a la pista de baile, estaba vacía, algunos empleados hacían el aseo, busqué en los rincones más escondidos, me tropecé un par de veces con los escalones, parecía un zombi sin rumbo. Me pronto, sin querer me acerqué a la custodia y pregunté si se encontraba un abrigo negro, ellos me contestaron que sí, pero declararon efusivamente que no podían devolverme el abrigo si no tenía el comprobante, en ese instante vacié mis bolsillos sobre la mesa y busqué en mis circunstánciales cachureos y ahí estaba el boleto, arrugado como miembro de anciano.

El paradero estaba desolado, caían unas tímidas gotas de lluvia. Esperé y esperé sin resultado. Saqué mi celular y llamé al Osvaldo y le Pregunté que estaba haciendo, el simplemente me dijo que estaba en un topples del centro, me dió la dirección y le respondí que en unos minutos estaría haya.

Cuanto es, le pregunté a taxista, -él me respondió que mil pesos-, saqué de mis bolsillos un billete y se lo pasé. Después de unos segundos busqué uno de diez Lucas y no lo encontré, le reclamé al chofer que me devolviera las diez lucas, él concentrado en el volante me juró que nunca le había pasado esa cantidad y me mostró todos los lugares del auto donde guardaba el dinero. Convencido y pensando que pudo ser una mala jugaba de mi embriaguez, me quedé tranquilo. El caballero me preguntó a donde iba específicamente, él me ofreció amablemente ir a dejarme a la puerta y le respondí que a un topples. Al final, le terminé preguntando sobre los mejores prostíbulos del centro y él me entregó su ranking.

-Pues, hazte famoso y llévame a uno- dije decidido.

sábado, septiembre 10, 2005

PALABRAS DE PESCADOR

Mis palabras
suenan como
las olas del mar
repetidas, rítmicas
arrebatadas, buscando
un final.

Sin sentido
nada original,
apasionadas, silenciosas,
mis palabras
suenan como
las olas del mar.

Poderosas, calmas,
calidas, frías,
húmedas y saladas
mis palabras
suenan como
las olas del mar.

Tus oídos ,
como las estrellas,
Escuchan susurros
del viento
que suenan como
las olas del mar.

lunes, septiembre 05, 2005

Noche... No me digas Mi Amor ( II PARTE y FINAL)

La cerveza había corrido a destajo, los cuatro compañeros estaban más o menos borrachos, aunque para variar el más pasado en alcohol era Jorge. Gonzalo les contó a todos que él debía estar en el supermercado con su señora en cambio estaba aquí con sus amigos, con sus queridos compañeros de oficina. Jorge, Esteban y Javier brindaron por ello, ¡Salud! .

Ya era tarde, los cuatro amigos pidieron la cuenta. Se repartieron los gastos y cancelaron. Caminaron por Irrarazabal hacia la fuente Suiza, pidieron unas empanadas fritas de pino. Caminaron hacia J. P. Alessandri, iban a dejar a Jorge para que tomara la micro hacia la Florida. Al cruzar la calle los cuatro escucharon unos gritos:

“Mijitos ricos”, “Guachitos vengan pa’ ca que nosotros los vamos a atender como ustedes se lo merecen”.

Jorge se dió media vuelta, y observó que en el bar de la esquina dos parejas de hombres eran los causantes de los chillidos, Jorge los miró directamente y les contestó “¿que dijiste”?. La respuesta de los varones del bar no se hace esperar, el más travestido de los cuatro, sensualmente volvió a repetir sus expresiones:

“mijitos ricos”, “guachitos carnuos” - y les lanzó un beso.

Javier volvió a cruzar la calle, lo acompañó Jorge. Esteban y el Gonzalo cuando se percataron de la situación salieron detrás de ellos. Jorge se paró al frente de los cuatro hombres, y les dijo:

“Qué le pasa a los conche de sus madres”, “se van a parar la manga de maracas”.

Uno de los hombres, se levantó de su asiento, tenía los ojos pintados con delineador negro, y vestía completamente del mismo color, el susodicho encaró a Javier.

- querís atado conche tu madre, querís pelear- le dijo con voz profunda y varonil.

- no te vayas a quebrar una uña maricón culia’o- le contestó Javier.

Los tres amigos del gótico, se levantaron de sus asientos y empuñaron sus manos.

-¿quieren peliar los putitos?- dijo Javier.

-sí papito-, contestó el gótico.

El gótico salió de su asiento, avanzó hacia la calle donde estaba Javier y le tiró un puñetazo, Javier trató de defenderse y comenzó a dar desordenados aletazos al aire que no dieron en su objetivo pero logró distanciarlo de su agresor. Jorge se deslizó rapido y ajustó un certero combo al hombre gótico. El travestido salió en defensa de su amigo y le propinó un puñete a Jorge, este ni se inmutó. Esteban trató de calmar los ánimos y contuvo a los dos amigos del gótico y el travestido, que lanzaban unos golpes de pies por el costado de Esteban. Gonzalo trató de calmar a sus amigos. Los ánimos de pelea se comenzaban a tranquilizar. Jorge aún desafiaba al gótico para que peleara uno a uno y como hombre, sin los rasguños de sus anillos de vampiro maraco. El gótico se rió, parecía que estaba conforme con su cuota de adrenalina y sangre. Esteban aún tenso con la situación, intentó que los grupos se distanciaran. El travestido con un afán socarrón, se acercó a Esteban y le acarició la mejilla y dijo:

“gracias, mi amor, por defenderme”.

Sin saber como Esteban reaccionó y sacó un mortífero puñetazo que fue a parar a la nariz del travestido, éste comenzó a sangrar. El gótico histérico se puso a gritar “animal, le rompiste la nariz a mi amiga”, los otros amigos del travestido trataron de auxiliar a su compañero y gritaron en coro:

“maldito cavernícola la vas a pagar”.

El gótico trató de cobrarse el puñetazo que afectó a su amiga y se lanzó furioso y descontrolado hacia Esteban, pero el Javier le pegó una patada en las canillas que lo mandó directamente al suelo, Jorge le ajustó varios puntapiés en el estómago, Javier y Gonzalo se sumaron a la pateadura, lo golpearon hasta que el gótico no opuso más resistencia. Gonzalo les dijo que lo mejor era irse del lugar. Los cuatro amigos oficinistas corren por J. P. Alessandri, a lo lejos se escuchaban los llantos de los acompañantes del travestido y del gótico que gritaban entre sollozos de histeria.

-¡MALDITOS¡ ¡MALDITOS¡ ¡NOS LAS VAN A PAGAR PUTOS CAVERNICOLAS¡ ¡CAVERNICOLAS¡ ¡CROMAÑONES¡.

Los cuatros camaradas de oficina se separaron en la esquina de Grecia con Macul, Jorge y Javier caminaron hacia Pedro de Valdivia. Gonzalo y Esteban esperaron micro en el paradero del Pedagógico. Ya tranquilo Gonzalo le comentó a Esteban, que nunca lo había visto actuar de esa manera tan agresiva, Esteban con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones le contestó, que tuvo que pegarle, que no le quedaba otra opción, Gonzalo le preguntó por qué, él le contestó con la seguridad de una noche llena de cerveza, “es qué yo no soy el amor de nadie”.

lunes, agosto 29, 2005

Noche... No me Digas mi Amor (Primera Parte)

Después del trabajo Jorge, Gonzalo, Javier y Esteban se dirigieron a un bar de plaza Nuñoa. Pidieron un pitcher y unas empanaditas de queso. El lugar comenzaba a colmarse de parroquianos. Era fin de mes y se notaba que la gente estaba ávida de diversión. Los cuatro compañeros de trabajo se tomaron el pitcher y se devoraron las empanadas de queso sin realizar comentarios. Volvieron a pedir una nueva ronda de cerveza y empanadas. En el budlitzer sonaba una canción desconocida, que hablaba de ligues y diversión. Esteban observó a su alrededor como un joven tomaba cerveza y escribía algo en una pequeña libreta de color negro, él suponía que debía estar esperando a su novia y para matar el tiempo escribía un poema o unos de esos tristes pensamientos que hablan de la vida, el amor y que tanto le gusta a las mujeres. Esteban pensaba en Ximena y el por qué de su tensa relación, a veces le gustaría ser como el muchacho de la libreta negra y empapelarle la pieza con versos románticos, pero no puede.

Soltó el primer botón de su camisa y se sacó la corbata. Gonzalo se levantó de su asiento, va donde la mesera y le pidió dos pitchers, pero esta vez sin empanaditas. Gonzalo debería estar en casa, le había prometido a su señora que el viernes irían al supermercado a hacer las compras y después prepararían una rica cena. Pero no pudo resistir la tentación y aceptó la invitación de sus compañeros de trabajo.

Javier observaba al Gonzalo como servía los vasos, Javier no tenía nada mejor que hacer que tomar cerveza, a él le importaba poco si era con sus compañeros de trabajo o si estaba solo en casa viendo videos mientras comía galletas y degustaba una copa de vino. Él era un tipo raro, podría pasar meses encerrado en su departamento navegando en Internet.

Casi se tomó el vaso al seco, Jorge siempre hacía lo mismo, acostumbraba a ser el primero en emborracharse. Después que la cerveza llegaba a su cabeza comenzaba a hablar de fútbol y recordaba sus tiempos en que era una estrella del balompies. Jorge había jugado en las divisiones inferiores de la Unión Española, y fue una especie de héroe de su población, ahora jugaba en la tercera serie de un club de barrio de la Florida y no podía ocultar su prominente barriga.

Gonzalo le dijo a Jorge que podrían organizar un asado con la gente de la oficina, Esteban les preguntó sin iban a invitar a las minas del departamento de finanzas o serian sólo los cuatro con sus respectivas parejas, Gonzalo le contestó que sólo los amigos de la oficina, ósea ellos cuatro, talvez el negro Julio y el chico Sarmiento, y todos con pareja. Alusión afectaba directamente a Javier. Nadie dudaba de su sexualidad, (tampoco nadie dudaba que tenia un carácter de mierda, difícil de comprender) de hecho Javier era famoso por una anécdota que se desarrolló en un complejo recreativo cuando se efectuaron actividades deportivas del aniversario de la empresa, en esa ocasión se folló a la Karina unas de las minas más rica de la firma, Javier sin decir palabra sólo con su atractiva y picara sonrisa, tomó de la mano a Karina y la llevó a un camarín, cerró la puerta y tuvieron sexo, la gente que pasaba por el lugar se alejaba ruborizada por los gemidos de la mujer, después vieron salir a Javier del camarín sin inmutarse, en cambió Karina casi se murió de la vergüenza. Al recordar ese episodio de la vida de Javier, todos se rieron, menos él. Jorge le golpeó la espalda y le dijo buena campeón, mientras bebía los últimos sorbos de su vaso. Javier los sorprendió a todos, se levantó de su asiento y con voz firme dijo: señorita me trae otro pitcher.

Él pensaba que Ximena pronto se iría de casa si no hacía algo para detenerla. Esteban tenía claro que debía cambiar pero no sabía como,era cierto, ya no era un jovenzuelo que tiene toda la vida por delante, acababa de cumplir treinta uno y la gente de su entorno siempre le preguntaba cuando se iba a casar con esa adorable mujer que siempre lo acompaña. Hay algo que Esteban sabe con certeza y es que no quiere casarse, pero también esta seguro que no quiere dejar a Ximena. Él bebía su cerveza y buscaba al joven de la libreta negra, este no es encontraba por ningún lado, parece que se había ido.

Jorge ya borracho contó como una vez le hizo tres goles a Colo-Colo, levantaba las manos, gesticulaba, y volvía a repetir, “yo le hice tres goles al Colo, al mismísimo Ariel Salas, ese que jugaba en esa famosa sub. 17 de Chile que fue tercera en el mundial infantil de Japón, la de Neira y Rozental”. Gonzalo lo miró resignado y se preguntaba quién chucha era Ariel Salas. Javier escuchó el futbolístico monólogo de Jorge y al mismo tiempo coqueteó con una señorita que estaba sentada en la mesa del frente. Javier vuelve a sorprenderlo a todos por segunda vez en la noche, se levantó decidido de su asiento, alzó la mano y dijo: ¡señorita mesera me trae otro pitcher por favor! .

Para cambiar el tema del fútbol y de las hazañas deportivas del Jorge, Gonzalo comenzó a hablar de la Susanita y de lo rica que era. Susana Mardones era la mujer más linda de la oficina, tenía un cuerpo descomunal, un largo pelo castaño que siempre llevaba tomado y acostumbraba usar vestido de colores, que dejaban al descubierto su graciosa figura. Esteban movió las manos dibujando en el aire un trasero hermoso y comentó las cualidades anatómicas del culo de la Susana, según él ese trasero era para quererlo toda una noche. Con un vaso en una mano y con un cigarro balanceándose entre sus dedos Jorge vociferaba que él le haría cinco goles en una noche a la Susanita, y no serian goles feos como los de un principiante sino que serían golazos dignos del Matador Salas. Gonzalo se cagó de la risa del comentario. El Javier con indiferencia dice que la Susana no es solo un poto, que también tiene un cuerpo hermoso, además era inteligente, que una mina como esa ofrecía una serie de posibilidades de diversión y placer. El Jorge se rió de él y le dijo, “buena, vos él más hablador y sociable”. Javier le respondió diciendo que él era el único que tenía ciertas posibilidades de tener un romance con la Susana, Esteban se defendió diciendo que también él era el único soltero. Javier argumentó: “no se trata de eso, cuando estar casado ha sido un impedimento para meterse con una mujer exquisita como esa”. Todos quedaron en silencio por unos largos segundos. Tomó un sorbo largo y volvió a prender otro cigarrillo, Jorge se reclinó en su asiento y le dijo directamente a la cara de Javier, “mira en esto de minas tú eres como Marcelo Corrales, un goleador de equipo chico (Coquimbo Unido) y yo soy como Ronaldo, gordito pero un fenómeno, un galáctico”, y comenzó a reírse como un condenado, los demás también se rieron, hasta Javier.

jueves, agosto 25, 2005

Un Poema De Amor

Ayer recostado en mi recamara pensé en ti y fue tanta la pasión que sentí, que decidí dedicarte un poema.

Cabizbajo escribía en mi cuaderno, borraba y corregía el batallón de sentimientos que se agolpaban en mi mente.

En la oscuridad de mis cavilaciones, la noche se transformó en un río interminable. No podía pegar una pestaña por la ansiedad, mientras miraba el techo me imaginé mil veces el momento que te declamaba mis versos y a la vez te miraba a los ojos esperando una compensación de tu boca. A través de este gesto quería solucionar nuestras contrariedades, después todo sería mejor.

Y te encontré en el patio de Historia del viejo Pedagógico, justo como lo había pensado, y te miré a los ojos, pronuncié tu nombre justo en el momento que sacaba una arrugada hoja de cuaderno con mi sudado poema... y te leí mis versos.

Susana sólo atinó a abofetearme la cara. Se alejaba cuando gritó esas malditas palabras:

-¿Qué creís que soy... una Maraca? ...Hueón Maricón ...ándate a la mierda.

Y la Gente que paseaba por los jardines de esa antigua casa de estudio sólo me miraba.

lunes, agosto 22, 2005

Tardes de Cine

Irresistiblemente
la oscuridad cae,
la expectación brota,
el silencio se expande,
las imágenes
comienzan a rodar,
la soledad se desvanece,
el amor se pierde,
las heridas se evaporan
junto con las burlas,
el odio y la vergüenza.
Del piso azul alfombrado
se alzan los sueños,
las esperanzas,
las promesas vanas,
que se arrastran
hacia la luz de la calle.
En ella camino ufano
por la fragilidad del deseo,
irremediablemente satisfecho
por la sonrisa
de los risueños hombres ociosos.

lunes, agosto 15, 2005

Trasnoche

Su pieza estaba completamente desordenada, libros en el velador, arriba del televisor, a los costados de los parlantes del equipo de música y los infaltables suplementos del Mercurio del domingo desparramados en el suelo, junto a los calcetines sucios.

Alejandro descansaba sobre la cama sin hacer, observaba las noticias del canal público sin ponerle demasiada atención. A pesar que su situación se estaba volviendo insostenible, el no se consideraba un patán, sabía con certeza que esto era parte de la vida y que en estos momentos él no era un producto apetecido por el mercado laboral. Estaba preso y como buen reo debía cumplir su sentencia, para tales efectos, había desarrollado una rutina que cumplía fielmente durante toda la semana, en ella se contemplaban las siguientes actividades: salir a trotar después de cagarse de risa con los Simpsons, visitar el supermercado todas las veces posibles, leer especialmente textos de historia, pensar en su articulo sobre el movimiento obrero anarquista en Chile, ver películas, y sagradamente masturbarse al menos una vez por día.

A pesar que eran las nueve de la noche del domingo, él estaba resignado a la rutina que el día lunes le deparaba. Para cumplir los desafíos de la exigente jornada debía acostarse relativamente temprano. Una vez que sonara el reloj despertador, saltaría de la cama directo a la ducha, se asearía minuciosamente y se ensamblaría en su mejor traje, terminada esa ceremonia se sentiría seguros para salir a recorrer las calles en busca de empleo. Terminado el periplo de captación laboral, a eso del medio día y con los pies hechos polvos regresaría a casa para almorzar con su madre, leer el suplemento deportivo, ver alguna teleserie brasileña, mexicana, colombiana o venezolana, bueno, en realidad eso no le importaba demasiado porque las veía todas un poco, esos dramones solo eran la excusa para dejar transcurrir los minutos hasta que el reloj marcara las cuatro y media, pues a esa hora salía el pan caliente del supermercado. Cuando cogía el dinero de la cocina en dirección al “San Francisco”su rostro cambiaba, eran los momentos que más disfrutaba del día, y jornadas tras otra se preparaba para esa compra, en realidad le encantaba recorrer los pasillos pulcros y abarrotados de productos en busca de imágenes de guapas compradoras ocasionales, mujeres comunes y corrientes, de belleza cotidiana y alcanzable arrastrando sus vidas en un carro metálico. Él atesoraba esos paseos, pero el clímax lo alcanzaba cuando le correspondía cancelar su compra en la caja, Alejandro sacaba el billete de su bolsillo de manera descuidada como si en sus pantalones tuviera muchos de aquellos, al momento de entregarle el dinero le acariciaba suavemente su mano, esta triquiñuela no la realizaba con todas las cajeras sólo con sus favoritas.

Él tenía planificada la ruta para visitar los posibles puestos de trabajo reduciendo al mínimo la perdida de tiempo y optimizando al máximo los recursos para pasajes. Fue a buscar unas tostadas con té y se sentó a la orilla de la cama, mientras veía el FutGol, en esos momentos suena el teléfono, él sintió un suave temor, tomó el auricular y contestó:

- ¿Aló quién es?

- Hola hueón soy el Santiago.

- ¿Que huea pasó?, Me mandé alguna cagada ayer cuando fuimos a la casa de tu novia - preguntó Alejandro- asustado por alguna culpa que desconocía.

- no hueón, vos las cagadas te las mandáis siempre, pero ayer no fue así.

- ¿y que hueá pasó?

- Es que ahora van a dar una película increíble en el 13, “el hombre que amaba a las Mujeres”, esa que te había contado hace un tiempo cuando estábamos tomando en la Casa Rodante con El Negro.

Él tenia comentarios superiores de esa película, sabía que si la dejaba pasar tal vez nunca más la vería. Además no sería la primera vez que asistiría trasnochado a buscar pega.

Cuando comenzaron los créditos, Alejandro se percató que la película estaba dirigida por Francois Truffaut. Solamente había leído comentarios de ese cineasta y de los maravillosos filmes que había rodado en su carrera, como “Los cuatrocientos golpes”. Eran pasado las dos de la madrugada, el televisor prendido y ahí estaba él observando como un hombre amaba a las mujeres y las dejaba compulsivamente hasta el momento de su muerte. Pero el hombre a pesar de sus tintes machistas no fue tan malo, en el fondo ese cara dura veía la vida como un gran poema, y todas las mujeres querían ser un verso de algo bello, eso queda demostrado por el sequito de amantes agradecidas, dolidas, afligidas, apesadumbradas, y entristecidas que asistieron al cementerio a depositar su cuerpo en la tierra viva.

A pesar que él protagonista de la película estaba obsesionado con las mujeres y justificaba sus momentáneas posesiones carnales con argumentos inverosímiles pero llenos de candor y encanto, pues dentro de sus excusas el sólo complacía esa necesidad femenina del goce y el dolor. Alejandro pensaba distinto, él creía que las mujeres eran como un océano, incomprensible, a veces benévolas y otras furiosas como una tempestad y dentro de ese orden los hombres éramos embarcaciones que flotábamos en ese gran devenir de sentimientos.

En esos momentos Alejandro quiso ser como ese excéntrico casanova de cara tosca. Soñó en la posibilidad de amar a todas sus cajeras y no conformarse con tocarle delicadamente la mano cuando estas le entregaban el vuelto. Y pensó que en la mujer estaba su salvación, que sólo ellas lo podían redimir. Pero la ilusión le duró poco, pues inevitablemente la historia de su última ruptura lo golpeaba con el cemento de la realidad. Él estaba dispuesto a tener encuentros ocasionales, pero una relación en estas condiciones no, sin dinero otra vez no.

El filme había cumplido tal como se lo había comentado su amigo. Alejandro había logrado escapar de su rutina, pensó en su pasado, se cuestionó su futuro, en él nacieron nuevas dudas que lo revitalizaron, se sintió con energía, pensó en fumarse un cigarrillo, pero eso lo desvelaría, así que se recluyó en el baño y reflexionó en como transformarse en “un hombre que amaba a las mujeres”.

lunes, agosto 08, 2005

Las Fotografías.


Como decían su compañeros Rubén era un Joven píola, como cualquiera de su edad. Realizaba a tiempo sus actividades escolares, no molestaba a las personas de su entorno, evitaba compartir demasiado con los alumnos del colegio y lo que es más desconcertante, parecía no tener actividades extravagantes. Rubén vestía como un joven normal y circunspecto, distante de los habituales ropajes negros y desaliñados, alejado de toda la estética juvenil de moda, sin aros en los labios, narices y cejas, tampoco lucia tatuajes.

En los pasillos comentaban que la razón de su irremediable acto era una locura de amor, motivado por la urgente necesidad de perder la castidad. Pero su madre negaba esa hipótesis, pues nunca lo vio distraído mientras intentaba escribir alguna supuesta carta de amor, tampoco encontró fotografías de alguna compañera en sus revistas. Ni mucho menos algún nombre inmortalmente tatuado en la cara trasera de sus cuadernos.

Por eso cuando su madre lo descubrió ahorcado en la bodega de su casa, la noticia impactó a todo el pueblo de Talagante. Su cuerpo permaneció 24 horas colgado en el lugar que Rubén había elegido para su muerte, porque un domingo por la mañana es casi imposible encontrar jueces disponibles para constituirse en el lugar del suceso.

Su Madre estuvo meses tratando de comprender la drástica decisión de su primogénito. Visitó a varios doctores, comenzó a ingerir una cantidad apreciable de antidepresivos de última generación, a pesar que los medicamentos funcionaban, no podía evitar sentir su ausencia.

Después de su muerte uno de los principales pasatiempos de la Señora Helena era escudriñar en los rincones de la habitación de Rubén, a pesar que esa caja siempre estuvo anclada sobre una repisa, se demoró semanas en abrirla, pues intuía que ahí podía encontrar una verdad que a lo mejor ella no estaba preparada para aceptar. Su corazón latía lenta y profundamente, como los metódicos golpes de un Gong, sus ojos adquirieron una textura que se asemejaba a un cristal húmedo, ella posó una de sus manos en la tapa de la caja de cartón y la destapó decididamente.

La pequeña caja de cartón que antiguamente era el recipiente comercial de 10 CDS. No contenía ningún elemento revelador, solo se encontraban depositadas ahí unas dos centenas de fotos en blanco y negro recortadas de los diarios. Helena pausadamente se dispuso a observarlas una por una. Después las apiló en grupos:

1) En el primero estaban las fotografías relacionadas con las actrices de cine, entre ellas se encontraban: Drew Barrymore, Julie Delpy, Alicia Silvertones, Asia Argento, Audrey Tautou, Bridget Fonda, Irene Jacob, Juliette Binoche, Kate Winslet, Angelina Jolie, Winona Ryder, y Kathie Holmes entre otras.

2) Grupo dos, artistas: Stanley Kubrick, Bob Dylan, Jack Kerouc, Jorge Luis Borges, Robert De Niro, Jack Nicholson, Marlon Brando, Nick Drake, Lou Reed, entre otros.

3) Afiches de Películas: Toro Salvaje, Belleza Americana, El Resplandor, Perros de la Calle, Sonatime, Bleu, Blanc, Rouge, Amelie, La Naranja Mecánica, La Vida es Bella, la Otra Cara del Amor, El Padrino, y Las Vírgenes Suicidas.

4) grupos de Rock: The Clash, Ramones, Ac-Dc, Iron Maiden, Pixies, Nirvana, Mazzy Star, Radiohead y David Bowie.

5) Grandes catástrofes: un montón de imágenes sobre la Segunda guerra Mundial; La captura de Berlín, los campos de concentración, fosas comunes con miles de cadáveres de persona de Religión judía, escenas de las Batallas de Stalingrado y Normandía, y los últimos bombardeos de la guerra de los Balcanes.

Cuando la señora Helena se concentró en una fotografía de la entrada del ejército Rojo a Berlín su mente viajó hacia la figura de su marido, a Ella le molestaba sobre manera la actitud que había mostrado el Profesor Fuentes frente a la muerte de su hijo, distante, como si comprendiese las razones que motivaron a Rubén a adoptar tan lamentable decisión. El chacal Fuentes “apodo que lo distinguía en el colegio” siempre había incentivado la veta artística de su hijo, veían películas tardes enteras y no eran precisamente las de Disney. Ella por una minúscula fracción de segundo pensó que el culpable del insoportable martirio que padecía era su marido, por introducirle en la cabeza esas ideas raras, por mostrarle esas películas que no eran para jóvenes de su edad.


6) Fotos de Catástrofes Naturales: la erupción del Volcán Lonquimay, El tsumani del sudeste asiático, los huracanes de centro América etc.

7)Fotos de Crímenes ecológico: las muertes de los cisnes de cuello negro en el río Cruces en Valdivia, la tala de árboles en el sur de Chile, el incendio de las torres del Paine, los ensayos nucleares del atolón de Muroroa, la quema de los yacimientos petroleros de Kuwait y el lamentable accidente atómico de Chernobyl.


9) fotos pueblos abandonados: los indígenas aymaras después del terremoto. Los kurdos, los afganos, pakistaníes, iraquíes, y los niños hambrientos del centro de África.

10) fotos de criminales: Charles Manson, el Tila, Pinochet, Adolfo Hitler, Cupertino Andaur, el Mamo Contreras, Noriega, y G. Bush.

11) Fotos de personas desposeídas y abandonadas: una infinidad de vagabundos hambrientos de todas partes del mundo, los cuales parecían integrar la población de un país distinto y único en el planeta, donde no existía idioma, nacionalidad, bondad, solidaridad, ni las esperanzas, donde el sentimiento que los enlazaba era la penuria, el dolor y la necesidad amparada en el egoísmo.

La señora Helena al observar las fotos sintió una profunda tristeza, y más que descubrir respuestas que aliviaran su dolor, dentro de la caja encontró cientos de dudas. Pero al observar con cuidado el fondo del recipiente, -justo antes de Guardar las imágenes de papel de diario-, tropezó con un pequeño dibujo elaborado en lápiz de carbón con los suaves trazos de un bosquejo, en esa desamparada hoja de maquina estaban plasmados las últimas líneas de una vida, en ella se representaba a un joven muy parecido a Rubén, observando unas simples montañas, a los pies de un árbol que se ubicaba al costado de un solitario río que bajaba de una cumbre, y en su blanco cielo ausente de soles estaba marcada la siguiente frase: “Es Aquí donde se Encuentra mi Vida”. la Señora Helena no pudo hacer más que llorar desconsoladamente.

martes, agosto 02, 2005

Los Helados de Socrates.

Fue una sorpresa para todos cuando en el auditorio del colegio apareció un hombre de larga barba encanecida, pelo alborotado, vistiendo una túnica alba con una tela celeste cruzada en el pecho. El hombre se paró en una esquina y esperó sin decir nada, su aspecto era conmovedor, irradiaba una calma que llegaba a intimidar.

Había algo en ese caballero vestido a la usanza de los griegos antiguos que me era familiar, yo lo conocía de alguna parte, compartí esta sensación con David Soto que era vecino mío, a él también le parecía cara conocida, pero por más que pensamos no pudimos dilucidar el misterio.

El profesor Baeza, nos saludó, le ordenó a la Maria José que pasara por los puestos recaudando los 150 pesos que se habían pedido la semana anterior.

-Jóvenes tengo el agrado de presentar, a un querido amigo, él es Don Eugenio Barrientos. Quién hoy tendrá el gusto de representar para ustedes la “Apología de Sócrates”. - dijo el Profesor Baeza.

Nadie comprendía la emoción que invadía al profesor, él cual nos tenía acostumbrado a un trato distante, pero nadie le dio demasiada importancia a este hecho, al contrario nos venía como anillo al dedo, pues en tres días más debíamos rendir un control sobre la lectura de este libro.

Inmediatamente después de pasar la lista de asistencia comenzaron a suceder cosas que se mantendría en mi recuerdo por mucho tiempo.

-¿Profesor, Don Eugenio, va hacer una adaptación del libro?- dijo Cristián Romero.

-No Cristián; Don Eugenio tendrá el agrado de declamar de memoria todo el texto- dijo el profesor Baeza.

-¿Cómo se sabe el libro de memoria?- cuestionó Osvaldo Sepúlveda que era el más pelusón del curso.

- Así es Osvaldo.

La incredulidad se plasmó en todos los rostros de los alumnos del curso. Nadie podía creer que una persona se aprendiera de memoria un libro tan fome como ese. Todos necesitábamos una prueba que nos sacara de la duda. Don Eugenio que hasta ese momento había sostenido un silencio sepulcral, abrió la boca por primera vez.

-Si me permite el profesor Carlos podemos hacer una prueba, antes de comenzar la declamación.

-Sí – contestamos todos con un potente grito.

-adelante don Eugenio, la Clase es toda suya- dijo el Profesor Baeza

Don Eugenio, nos propuso un juego. Él elegiría una persona al azar, esta tendría la oportunidad de elegir una página cualquiera de la “apología” y él recitaría de memoria el párrafo que le indicaran. Todos estuvimos de acuerdo. Don Eugenio sin hacer demasiado aspaviento señaló a Gonzalo Conejeros, (que dentro el curso era el niño símbolo del onanismo) pidiéndole con amabilidad si podía decir un numero, este eligió la pagina 10, el párrafo cinco, a partir del primer punto seguido. Todos abrimos nuestros libros, pero antes que alcanzáramos a ubicar el párrafo don Eugenio había comenzado.

“A pesar de ello, explícanos, Meleto, de qué manera, según lo sostienes tú, corrompo yo a los jóvenes. ¿O es evidente que, de acuerdo con la querella que tú presentaste, al enseñarles que no creyeran en los dioses en que cree la cuidad, sino en otras divinidades nuevas, no afirmas que enseñando tales cosas yo corrompo? Lo afirmo, por cierto".

Todos quedamos asombrados, no existía duda que ese caballero era una maquina. Después de eso nadie se atrevía a cuestionar nada, en el auditorio no volaba ninguna mosca, estábamos todos hipnotizado por la presencia de ese extraño caballero. Con todo sosiego don Eugenio se posesiona en el Papel de Sócrates comenzando a declamar su apología frente a una masa de jóvenes atentos, que poco y nada conocía pensador griego.

“la impresión, varones atenienses, que os hayan causado mis acusadores, la desconozco. Yo, bajo su influencia, estuve a punto de olvidarme de mí mismo. Tal es la persecución con que hablaron. Sin embargo, para decirlo de una palabra, nada verdadero han dicho.”

Pero a pesar del magnetismo del orador, yo no podía dejar de pensar de donde conocía a este caballero. En mi memoria los rostros se trasladaban como rápidos aviones que surcaban los rincones de mi pensamiento, pinchando con prendedores el itinerario de mis recuerdos, cuando las rutas del mapa parecían acabadas, encontré la estación, su rostro, sus ropas, sus gritos y sus helados.

-David, ya sé donde conocemos a este viejo.

-¿Dónde Roberto?

-En el barrio, es el viejo Queno, el que vende los Helados San Lucia en su bicicleta con carrito.

-si me acuerdo de él, especialmente de sus largos y pronunciados gritos: heladitos a $100, tengo de Leche, chocolate, frutilla, lúcuma y de agua, tengo de piña, frambuesa, limón.

El 4º C matemático, escuchaba con atención el relato apasionado de don Eugenio, su representación llena de vida le otorgaba una claridad a la defensa de Sócrates que nuestras mentes inmaduras no podíamos rescatar en las paginas del libro.

“Pero ya es hora de partir; yo hacia la muerte, pero vosotros para seguir viviendo. Cuál de nosotros se dirige hacia un destino mejor es algo que está oculto, menos a Dios.”

Todo terminó con un gran aplauso, el Renato y el Hernán se pararon de sus butacas y le estrecharon la mano, el resto salió disparado al patio a disfrutar del recreo. Ordené mis cosas y lo observé como don Eugenio se retiraba del auditorio, grande, orgulloso, por la labor cumplida.

No fue el último encuentro que tuve con don Eugenio y tampoco con Sócrates. Al primero le compré Helados San Lucia, en el barrio y en la cancha del Torino, al segundo lo encontré en “La Republica” y en “El Banquete”.

Pero si recuerdo la última vez que vi a don Eugenio, fue en televisión, en el Programa “Éxito” de canal 13, poniendo a prueba su memoria con su luminosa apología, declamando como un poeta verso que nadie quería escuchar, excepto uno que otro loco, como yo.